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martes, 11 de agosto de 2020

ATAQUES DE OSOS GRIZZLY. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

Grizzly Country - Film by Ben Moon — Grizzly Country
Grizzly Man's Last Stand - Doug Peacock and Rick Bass Hunting ...
ATAQUES DE OSOS GRIZZLY. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

    A menos de quince millas del lugar donde me encontraba, los grizzlies habían matado a cinco personas en las últimas dos décadas. El número, elevado, refleja la cantidad de personas que abarrotan estas magníficas montañas alpinas cada verano. Mientras sigamos insistiendo en embutir a hordas de personas en cada cuenca de montaña, habrá conflictos y muertes ocasionales. Aquí arriba hay senderos trillados y sencillos que llevan hasta el último rincón de la naturaleza: los grizzlies no tienen ningún sitio adonde ir.
    La primera de estas muertes ocurrió en agosto de 1967, cuando una joven y su pareja acamparon cerca de un chalet en medio de la naturaleza. Estos chalets se construyeron durante las primeras décadas del siglo XX , cuando el Servicio de Parques Nacionales intentaba vender la idea de la conservación del territorio atrayendo a un gran número de turistas, y el ferrocarril intentaba capitalizarla. El Parque de los Glaciares acabó contando con dos de dichos chalets históricos, que ofrecen una buena cama y sirven hasta tres copiosas comidas al día en el corazón de la naturaleza.

    Uno de esos chalets arrojaba su basura a una hondonada, atrayendo deliberadamente a los grizzlies para que se alimentasen. A trescientas yardas de distancia había una zona de acampada, donde la joven pareja estaba pasando la noche, hasta que en mitad de la madrugada un grizzly los despertó. El oso atacó al hombre y arrastró a la mujer, que no dejaba de gritar, hacia las tinieblas. Fue abandonada viva, pero con heridas mortales, a cien yardas de distancia. La operación de búsqueda y rescate que podría haberle salvado la vida se aplazó hasta el amanecer, y la joven murió poco después de que la encontrasen. 

    La segunda muerte se produjo el 23 de septiembre de 1976, cinco millas al este de ese mismo chalet, en el campamento del glaciar Many. Un grupo de cinco estudiantes de la Universidad de Montana había montado sus tiendas en el comienzo de la ruta que pretendían recorrer, pero que encontraron «cerrada» a causa de los osos. Mary Pat, una de las jóvenes y víctima del ataque, era amiga de un escritor de Missoula, Bill Kittredge, que luego se convertiría en un buen amigo mío. Yo también había salido ese mismo día y por esa misma zona.

    A las siete de la mañana, un grizzly desgarró la tela de una de las tiendas y entró en ella; luego se retiró unos segundos, antes de volver y arrastrar afuera a la campista más cercana, Mary Pat, que estaba en su saco de dormir cuando el oso la mató. Aunque esa misma mañana el Servicio del Parque ejecutó a dos grizzlies adolescentes, el Dr. Charles Jonkel, uno de los miembros del comité de investigación que se ocupó del accidente, cree que el verdadero culpable fue un macho más viejo, al que capturaron un tiempo después. No se podía culpar a nadie: las jóvenes estaban bien informadas y mantuvieron el campamento limpio. «Lo hicieron todo bien», dijo el Dr. Richard Knight, líder del Grupo de Estudio Grizzly de la Interagencia de Yellowstone.

    Quince millas más al este, en la frontera entre el Parque de los Glaciares y la Reserva de los Pies Negros, dos jóvenes murieron tras el ataque de un macho grizzly de cinco años, el 24 de julio de 1980. La agresión se produjo en el límite del término municipal de St. Mary, mientras el oso responsable regresaba del vertedero de la ciudad, donde había estado alimentándose de un caballo muerto. Inspeccioné el lugar una semana después del ataque mortal, acompañado por Ed Abbey, que había llegado de Tucson y estaba de visita. La pareja estaba durmiendo fuera de la tienda —hacía calor—, junto a un diminuto arroyo que atravesaba una arboleda de sauces. El estrecho desfiladero era un sendero natural transitado por los animales. Cuando el grizzly se percató de la presencia de la pareja, a primera hora de la mañana, junto al arroyo ruidoso, tenían que separarlos unos pocos pies. Fuimos a ver el sitio: un pequeño álamo crecía justo al otro lado del riachuelo, y la muralla de matorrales que rodeaba el lugar parecía claustrofóbica. La idea de encontrarnos allí en plena noche con un oso nos provocó tal escalofrío que nos retiramos ipso facto . Las señales en el terreno y la naturaleza de las heridas del hombre joven dejaban claro que había luchado valiente y desesperadamente por la vida de ambos. Como le conté a Ed, el tipo era hermano de un amigo mío, que a su vez había sido atacado por un grizzly en el Parque de los Glaciares. Mi cabeza nunca aceptará ese desarrollo tan sumamente inverosímil de los acontecimientos.

    La muerte por ataque de grizzly más reciente en esa zona se produjo la última semana de septiembre de 1980, aunque nadie sabe la fecha exacta porque sólo se encontraron un fragmento de cráneo y varios trozos de fémur mordisqueados: el oso se había comido todo lo demás. El reloj automático Seiko de la víctima se había detenido a la una y media del mediodía del 28 de septiembre. Un amigo mío dio con sus restos en un bosque de sauces, en el margen inferior del lago Elizabeth, el 3 de octubre, después de divisar su campamento destrozado desde un helicóptero. Se encontró una prenda de vestir en la zona, y también otra camiseta manchada de sangre entre los sauces, cerca de los huesos.
Doug Peacock busca la naturaleza salvaje en "Mis Años Grizzly ...
    La víctima era un treintañero, un expiloto de Texas que viajaba solo. Decían que le había enviado una postal por correo a su madre justo antes de su última excursión. La postal tenía impresas unas huellas de oso, y había una flecha apuntando a ellas con la inscripción: «Éste es el oso que va a comerme». El texano era algo más que un hombre al que le gustaba viajar solo —actividad desaconsejada por las autoridades del parque—. Era un hombre espiritual, y siempre me refiero a él como «el Cristiano», por su costumbre de llevar varias Biblias y otras obras de literatura religiosa en su mochila. Se encontró una pequeña cámara cerca de los restos de su tienda y las autoridades revelaron el carrete. En las últimas cuatro fotos —de las que me hablaron, pero que nunca vi con mis propios ojos— había una imagen de su campamento por la tarde. Otra foto, tomada unas horas después ese mismo día, mostraba el campamento destruido. La penúltima imagen era la de su tienda resucitada de la carnicería, y la última mostraba parte de su campamento destrozado y una mancha marrón borrosa en la ladera que había detrás.

    Había que tener un valor o una estupidez inauditos para instalar una tienda donde apenas horas o minutos antes un oso había destrozado el campamento. Me lo imagino apelando a su fe, a la espera del grizzly en la tienda; acaso intentando huir hacia el agua por los troncos, sólo para ser cazado y arrastrado de nuevo entre los sauces. Nunca lo sabremos. Pero parece que ese oso tenía intención de matar y devorar a un ser humano. Nunca nadie había visto algo así. Mataron a un oso, claro. Probablemente era el grizzly que se comió al Cristiano, pues tenía una etiqueta en la oreja y un breve historial de problemas con humanos.

    Pero ¿qué pasaría si el verdadero asesino hubiese escapado? Me imagino a punto de entrar en un valle de montaña sobre el que pende la leyenda de un grizzly asesino: sería imposible tener las mismas sensaciones sabiendo que un devorador de hombres comparte la cuenca contigo. El valle no tendría tantos visitantes y yo no dormiría bien por las noches. Además, puede que no quedase otro lugar que pareciese tan salvaje o formidable en todo el país.

    Yo estaba allí en 1976 y 1980, en esos fatales días de septiembre, y puedo dar fe de la irritabilidad generalizada y la actitud agresiva de los osos. Pero el 23 de septiembre de 1976 noté algo más: percibí un olor a orina en el viento, y luego el hedor inconfundible de algo muerto y en descomposición. Nunca localicé la fuente de esos olores, ni encontré oso alguno, salvo por el instante en que distinguí a un llamativo grizzly rubio que, misteriosamente, se desvaneció de inmediato.

    Tenía la sensación de que algo iba mal —no era nada lógico, pero la sensación era tan convincente que confié en ella—. Lucas y Lisa estaban conmigo. Al principio sólo estaba un tanto alarmado, pero cuando volví a percibir ese olor particular rocé el pánico.

    Corrí hasta ellos, los aparté del sendero y les grité: «Fuera de aquí cagando leches». Me miraron fijamente, inmóviles.

    «¡Que os vayáis, hostias!», grité, para evitar confusiones.

    Nos marchamos de allí. Nunca antes, ni desde entonces, he tenido una sensación tan intensa de peligro inminente en territorio grizzly. Fue el día de la muerte de Mary Pat.
Grizzly defender Doug Peacock's last stand | by Mountain West News ...
    La depredación de humanos por parte de los osos es extremadamente insólita. La depredación de cualquier cosa por parte de los grizzlies es, en la mayor parte de los casos, oportunista, ya que suelen alimentarse de animales muertos. La mayoría de historias sobre osos que matan y devoran a personas se basa en hechos nebulosos, aunque ha habido insólitas excepciones. La mayor parte de casos documentados sucedieron por la noche, cuando la gente estaba en su saco de dormir, a veces dentro de la tienda. Estos acontecimientos son poco comunes y los grizzlies implicados suelen tener experiencia previa con alimentos o basura humana. Sólo conozco dos ejemplos de humanos devorados por grizzlies a plena luz del día, y uno de ellos era el del Cristiano. Pero, aparte de este puñado de hechos y este temor primitivo, poco más se puede decir. Este comportamiento de los grizzlies no puede rechazarse y ser tildado, simplemente, de «antinatural». Es la materia de la que están hechas las pesadillas.

miércoles, 1 de julio de 2020

TEISTAS Y ATEOS. LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Ian McEwan: Hoben-ordaina | Katakrak
TEISTAS Y ATEOS. LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan


—¡Estos píos monoteístas! La mezquindad, la intolerancia, la ignorancia, la crueldad que han desatado con sus certezas…

—Es un Dios que ama y perdonará a Bernard.

—Podemos amar sin un dios, muchas gracias. Detesto la forma en que los cristianos han secuestrado esa palabra.

Estas voces se instalaron en mí, me perseguían y empezaban a afligirme...

miércoles, 24 de junio de 2020

LO HUMANO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

El director navarro Raúl de la Fuente estrenará en Cannes la ...
LO HUMANO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski


Oh sí 
pasó mucho tiempo 
hasta que aprendí a pensar en el hombre 
como en el hombre 
hasta que descubrí esta forma de pensar 
hasta que cogí este camino 
en esta redentora dirección 
y al hablar del hombre o pensando en él 
dejé de hacer preguntas 
de si es blanco o es negro 
anarquista o monárquico 
seguidor de la moda o de lo rancio 
si es de los nuestros o de los otros 
y empecé a preguntar 
qué hay en él de humano

lunes, 22 de junio de 2020

LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Los perros negros - McEwan, Ian - 978-84-339-1189-6 - Editorial ...
LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Cuidar de ella era bueno para mí. Me mantenía civilizado y alejado de mis propios problemas. Habrían de pasar dos décadas hasta que me sintiese tan arraigado como entonces. Disfrutaba sobre todo las tardes en que Jean y Harper salían, especialmente en verano, cuando le leía a Sally hasta que se dormía y luego hacía mis deberes en la mesa grande junto al balcón abierto al dulce olor de los alhelíes perfumados y el polvo del tráfico. Yo estaba estudiando para mis exámenes de bachillerato en The Beamish, en Elgin Crescent, una escuela preparatoria que gustaba de llamarse academia. Cuando levantaba la vista de mi trabajo y veía a Sally detrás de mí en la habitación medio a oscuras, tumbada de espaldas, las sábanas y los ositos de peluche empujados más abajo de sus rodillas, los brazos y las piernas muy abiertos, en lo que yo interpretaba como una actitud de confianza en la benevolencia de su mundo completamente equivocada, me sentía exaltado por un intenso y doloroso instinto de protección, una punzada en el corazón, y estoy seguro de que ese es el motivo de que luego haya tenido cuatro hijos. Nunca tuve dudas al respecto; en alguna medida uno es huérfano para toda la vida; cuidar niños es una forma de cuidar de uno mismo.

Imprevisiblemente, Jean irrumpía en nuestra habitación, impulsada por la culpa o por un excedente de amor después de hacer las paces con Harper, y se llevaba a Sally a su parte del piso con arrullos y abrazos y promesas sin valor. Era entonces cuando la negrura, el sentimiento de vacío y desarraigo caían sobre mí. En lugar de holgazanear por ahí o ver la tele como otros chicos, yo salía a la noche, bajaba por Ladbroke Grove y me encaminaba a la casa que en aquella temporada me resultase más acogedora...

viernes, 19 de junio de 2020

VIVIR EN LA MONTAÑA. LAS OCHO MONTAÑAS, de Paolo Cognetti

VIVIR EN LA MONTAÑA. LAS OCHO MONTAÑAS, de Paolo Cognetti

—Uno debe hacer lo que la vida le ha enseñado a hacer. Quién sabe, a lo mejor cuando eres muy joven aún puedes elegir otro camino. Pero en un momento dado tienes que parar y decir: vale, esto lo puedo hacer, esto no. Así que me he preguntado: ¿y yo? Yo puedo vivir en la montaña. Me vine aquí solo, y me las arreglo. No es poco, ¿no te parece? Pero se ve que tenía que llegar a los cuarenta años para descubrir que valía para algo.

Estaba agotado y el calor del vino me estaba sentando muy bien, y, aunque no lo habría reconocido, me gustaba oírlo hablar así. Había algo terminante, en Bruno, que siempre me había fascinado. Algo íntegro y puro que admiraba en él desde que éramos niños. Y ahora, en la casita que habíamos construido, estaba casi dispuesto a creer que tenía razón: que la manera adecuada de vivir para él era esa, solo, en pleno invierno, sin nada aparte de un poco de comida, sus manos y sus pensamientos, algo que habría sido inhumano para cualquier otro.


jueves, 18 de junio de 2020

TRABAJAR AL SERVICIO DEL SILENCIO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

Tras 50 años, hoy era el momento de la verdadera "Guerra del ...
TRABAJAR AL SERVICIO DEL SILENCIO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski


Las personas que escriben libros de historia dedican demasiada atención a los llamados momentos sonados y no prestan la suficiente a los períodos de silencio. [...] El silencio es señal de una desgracia y, a menudo, de un crimen. [...] Necesitan del silencio los tiranos y los ocupantes que velan por que su actuación pase inadvertida. [...] ¡Cuánto silencio emana de los países poblados de cárceles llenas a rebosar! [...] El silencio precisa de un aparato policial gigantesco. Necesita de todo un ejército de delatores. El silencio exige que sus enemigos desaparezcan de repente y sin dejar rastro. No permite que ninguna voz, ya sea de queja, ya de protesta, ya de indignación, turbe su paz y tranquilidad. [...] La palabra «silencio» casi siempre aparece asociada con palabras como «sepulcro» (silencio sepulcral), «campo después de una batalla» (reducir al silencio al enemigo), «mazmorras» (el silencio de las mazmorras). [...] Sería muy interesante que alguien investigara en qué medida los sistemas de comunicación de masas trabajan al servicio de la información y hasta qué punto al servicio del silencio. ¿Qué abunda más, lo que se dice o lo que se calla? Se puede calcular el número de personas que trabajan en publicidad. ¿Y si se calculase el número de personas que trabajan para que las cosas se mantengan en silencio? ¿Cuál de los dos sería mayor? [...] En Guatemala, cuando sintonizo una emisora local de radio y sólo oigo canciones, anuncios de cerveza y una única noticia del mundo, que en la India han nacido hermanos siameses, sé que esa emisora trabaja al servicio del silencio.
                                          LA GUERRA DEL FUTBOL

lunes, 15 de junio de 2020

EL LEGADO DE BISMARCK. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor

Otto von Bismarck - Wikipedia
EL LEGADO DE BISMARCK. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor 

"...La unificación formal de Alemania se produjo 1870, después de la última de las guerras victoriosas de Bismarck, en este caso contra Francia. Guillermo I de Prusia se convirtió en el emperador Guillermo I de Alemania, y Bismarck en su canciller imperial.

En 1862, Bismarck había declarado con tono grave ante el Parlamento: «Las grandes cuestiones del momento no se solucionarán con discursos ni con decisiones adoptadas por mayoría…, sino con sangre y acero». Por desgracia, tenía razón. Y no sólo en cuanto al siglo  XIX, sino también al siglo  XX.
El escenario estaba preparado por lo que alguien definiría como una «revolución desde arriba». Bismarck sería el arquitecto de este desarrollo nuevo, fascinante y aciago...
(...)
El oficial uniformado se convirtió en una figura de gran prestigio y con grandes privilegios, no sólo en las pequeñas ciudades con guarnición militar, sino incluso en la enorme y cosmopolita ciudad de Berlín. Los oficiales ya no podían pegar a los soldados en público, como hacían en el siglo  XVIII, pero tenían asegurado el primer lugar en la cola de una tienda o una mesa en los restaurantes. Esa actitud única de arrogante invulnerabilidad era lo que más sorprendía a los extranjeros que visitaban el país.
(...)
En 1881, el canciller Von Bismarck creó el primer sistema de asistencia social del mundo controlado por el Estado, en gran medida como una manera de frenar la expansión del socialismo entre la clase trabajadora de Alemania. Convenció al emperador para que aprobase un plan de seguridad social contribuyente, a fin de proteger a los trabajadores contra las consecuencias de la pobreza derivada de la enfermedad o la vejez. De esta manera confiaba en mantener a las masas bajo el statu quo autoritario.

Sin embargo, al mismo tiempo que introducía este sistema de seguridad social, que situó Alemania con varias décadas de adelanto sobre el resto del mundo, Bismarck cometió una seria equivocación por la que el país estaría pagando no sólo durante los años en que él ocupó la cancillería, sino durante las décadas futuras. El canciller intentó no sólo ocultar la expansión del movimiento socialista, sino suprimirlo: calificaba a sus integrantes de «ratas… a las que debemos exterminar».

viernes, 12 de junio de 2020

EL VINCULO AFECTIVO ENTRE PERSONAS Y PERROS. EN LA MENTE DE UN PERRO, de Alexandra Horowitz

EL VINCULO AFECTIVO ENTRE PERSONAS Y PERROS. EN LA MENTE DE UN PERRO, de Alexandra Horowitz 

    "El contacto, la sincronía y el ceremonial de saludo con que marcamos los encuentros refuerzan nuestro vínculo con los perros. Y, a su vez, este vínculo nos fortalece. El simple acto de acariciar al perro puede sosegar en unos minutos nuestro mimético sistema nervioso cuando está demasiado activo: el corazón acelerado, una elevada presión arterial, los sudores. Cuando estamos con los perros, suben los niveles de las endorfinas (las hormonas que nos hacen sentir bien) y de la oxitocina y la prolactina (las hormonas que intervienen en las relaciones sociales). Y bajan los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Hay buenas razones para pensar que convivir con un perro proporciona la base social que guarda relación con la reducción del riesgo de padecer diversas enfermedades, desde las cardiovasculares hasta la diabetes o la neumonía, y unos mejores índices de recuperación de las enfermedades que contraemos. En muchos casos, en el perro se produce casi el mismo efecto. La compañía humana puede bajar su nivel de cortisol y las caricias le pueden frenar su ritmo cardíaco acelerado. Tanto para las personas como para los perros, se trata de una especie de placebo, lo que no significa que no sea real, sino que se propicia en nosotros un cambio cuyo agente no se conoce. El vínculo afectivo con una mascota puede actuar como el uso prolongado de fármacos o la terapia conductual cognitiva. Naturalmente, también puede ser contraproducente: la ansiedad provocada por la separación es la consecuencia que sufre el perro que siente un apego tan fuerte que no puede aguantar un breve tiempo de alejamiento.

    ¿Cuáles son los otros efectos del vínculo afectivo? Ya hemos visto lo mucho que los perros saben de nosotros —nuestro olor, nuestro estado físico, nuestros sentimientos—, debido no sólo a su agudeza sensorial, sino también y sencillamente a su familiaridad con nosotros. Con el paso del tiempo, llegan a saber cómo actuamos y olemos y el aspecto que tenemos habitualmente, de ahí que cuando se produce alguna desviación la noten, con una exactitud de la que nosotros no somos capaces. El efecto del vínculo se produce porque los perros se comportan como mejor saben, como sujetos que interactúan de forma social extremadamente bien. Son receptivos y, lo más importante, nos prestan atención."

lunes, 8 de junio de 2020

EL DESCANSO DE LOS OFICIALES NAZIS EN ESPAÑA: EL CASO DE OTTO ERNST REMER. FRANQUISMO S.A., de Antonio Maestre

Otto Ernst Remer - Wikipedia, la enciclopedia libre
EL DESCANSO DE LOS OFICIALES NAZIS EN ESPAÑA: EL CASO DE OTTO ERNST REMER. FRANQUISMO S.A., de Antonio Maestre 

No es una broma del destino que el general nazi y jefe de seguridad de Adolf Hitler, que marcó el inicio de la lucha del fiscal Fritz Bauer por dotar de una memoria histórica incipiente a la Alemania postnazi, acabara refugiado en España. Es la lógica consecuencia de lo que ocurre cuando un país tiene una calidad democrática sana y otro ha dejado pudrirse la dignidad y hace gala del maltrato sistemático a las víctimas amparándose en el olvido y la impunidad. Otto Ernst Remer creó en los años cincuenta el Partido Socialista del Reich, ilegalizado en 1952 después de haber conseguido 16 representantes en la Baja Sajonia; tras varios años de periplo por diversos países, fue condenado en el año 1992 a 22 meses de prisión por «incitación al odio, la violencia y el racismo» por sus escritos negacionistas del Holocausto en la revista Remer Depeche. En el año 1994, en un programa de RTVE llamado Línea 900, Remer se reafirmó en las declaraciones negacionistas al sentenciar que las cámaras de gas fueron una invención sionista y que el holocausto de los judíos es un mito.
Tras la emisión del programa, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón decretó una orden de prisión atenuad para el antiguo oficial de las SS, que fue detenido en el aeropuerto de Málaga, donde residía, antes de un viaje a Madrid. Sin embargo, el fiscal de la Audiencia Nacional pidió su puesta en libertad amparándose en que no existía el principio de «doble incriminación» ya que el delito por el que se le condenó en Alemania no existía en España. Aquí la negación del Holocausto no está tipificada. Finalmente, la Audiencia Nacional denegó la extradición amparándose en dicho precepto de doble incriminación y el criminal de guerra nazi pudo seguir viviendo en Marbella hasta su muerte, en el año 1997, acaecida en su residencia de la urbanización Elviria.

sábado, 6 de junio de 2020

RECUERDO DE LA MUERTE, de Miguel Bonasso

RECUERDO DE LA MUERTE, de Miguel Bonasso

Lamentó no tener encima la Browning. “Estos hijos de puta han dicho que no van a operar en el exterior. Pero ¿quién sabe? Las palabras se las lleva el viento. Y estos cuentan con apoyo de afuera. Afuera se las dan de democráticos. No dicen que son marxistas. Así van ganando el mundo entero. Con mentiras. Y hay imbéciles que hablan de los derechos humanos. Las guerras se ganan con balas, no con derechos humanos. Luego estos imbéciles muy democráticos, muy limpitos, lloran cuando viene el marxismo y a joderse, a ponerse todos el overol. El mundo entero está en peligro y los imbéciles siguen diciendo bonitas palabras. Y nosotros hacemos la tarea sucia. Para que sigan comiendo a la luz de la vela. Para que puedan hacer lo que se les da la gana. No sé... A veces me gustaría que ganaran los marxistas sólo por un día para que estos imbéciles vieran lo que es bueno. Iban a protestar entonces por los derechos humanos. ¡Já! Otra que derechos humanos les iban a dar. Si la tercera guerra mundial ya estalló. Lo que pasa en que es distinta que las otras...” En ese momento entró Halcón y con una rápida mirada lo ubicó entre los escasos parroquianos. Estaba agitado y tampoco tenía ganas de comer. Para contentar al maître pidió un postre y un café. 

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Se disculpó por la demora: había tenido que ir a la oficina de San Silvestre para hablar a España con el Tigre. Le pasó el parte de las últimas novedades. Del Pelado ni noticias. Se había borrado como si se lo hubiera tragado la tierra. 
Manuel propuso caminar unas cuadras para bajar la comida. 

Mientras recorrían una callejuela sombría experimentó un cambio decisivo. Lentamente comenzó a apoderarse de él un odio feroz por la presa. Por ese escurridizo que ya los había burlado dos veces. Con esa cara de infeliz, de mosquita muerta, era más peligroso que otros que gritaban. "Sabe nuestros nombres”, pensó y le pareció sentir que una gigantesca amenaza se abatía sobre él, sobre sus camaradas y sobre su propia familia. Por un instante, mientras dejaba vagar la vista sobre las baldosas húmedas y Halcón marchaba a su lado silencioso, imaginó al Pelado y a otros sentados en un tribunal, juzgándolo. Concibió que esas locas de pañoleta blanca en la cabeza serían testigos de la acusación. “Acá los únicos criminales de guerra son ellos" se tranquilizó. 

—Es al pedo —murmuró—. Hay que encontrarlo y esta vez va a ser boleta. 

Halcón asintió en silencio.