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jueves, 31 de enero de 2019

VIAJE A PIE IV, de Julio Villar

VIAJE A PIE  IV, de Julio Villar

"De lo que tu conoces, solo es mio mi silencio"

Dolomitas


miércoles, 30 de enero de 2019

LOS HERMANOS SACCO CONTRA LA MAFIA Y EL ESTADO MAFIOSO. LA BANDA DE LOS SACCO, de Andrea Camilleri

LOS HERMANOS SACCO CONTRA LA MAFIA Y EL ESTADO MAFIOSO. LA BANDA DE LOS SACCO, de Andrea Camilleri 

    "...¿qué tipo de banda es una banda que no mata a personas intachables, que no extorsiona, que no comete hurtos o atracos, que no secuestra a nadie? Es una banda tan extraña que sólo podían acusarla, por otra parte sin pruebas, de haber eliminado a unos feroces capos de la mafia y de haber obligado a otros a fugarse. Es una banda que liberó a Raffadali de la opresión mafiosa. Es una banda de hombres decentes, obligados por los acontecimientos y por el Estado, que no sabe defenderlos, a empuñar las armas, a pesar de que eso está en contra de su propia naturaleza."


martes, 29 de enero de 2019

LOS INMIGRANTES. UN ESPÍRITU PRISIONERO, de Marina Tsvietáieva

LOS INMIGRANTES. UN ESPÍRITU PRISIONERO, de Marina Tsvietáieva 

    "Lo que pasa es que cada uno de nosotros está expuesto a que alguien, cualquiera, un borracho o un niño de cinco años, en cualquier momento le grite métèque, y nosotros no podemos gritarle nada. Porque salvo en nuestra patria —cualquiera que ésta sea—, no importa en qué punto del mapa nos encontremos, no tenemos estabilidad aunque no haya sino praderas alrededor: el pie no tiene estabilidad, la tierra no tiene estabilidad… Porque a la menor chispa cae sobre nosotros la ira, esa ira que el pueblo tiene siempre de reserva, una ira legítima de dignidad ofendida, con sus invariables e inadmisibles categorías injustas. Porque aquí cada uno de nosotros, así sea un intrigante, así sea un lobo, es, invariablemente, el corderito de la fábula de Krylov, de antemano culpable de la turbiedad del arroyo. Porque de la lancha de la cual, en medio de la tormenta, habrá que arrojar a alguien, irremediablemente, inocentemente, inevitablemente y, al fin y al cabo, legalmente, seremos lanzados nosotros. Porque todos nosotros, desde el africano hasta el hiperbóreo, somos camarades no de malheur, sino de danger. Porque si todos caminamos bajo la mirada de Dios, estando en una tierra extraña también caminamos bajo la cólera humana.
(...)
    No es que «se viva mal», sino que se puede acabar mal."


lunes, 28 de enero de 2019

LA PUTA, EL ENANO Y JOAQUÍN SABINA. SABINA EN CARNE VIVA, de J. Sabina y J. M. Flores

LA PUTA, EL ENANO Y JOAQUÍN SABINA. SABINA EN CARNE VIVA, de J. Sabina y J. M. Flores 

    "...¿Te he contado lo del bombero torero? Lo he contado alguna vez, pero ahí va para los que no conozcan la historia. Me cuentan los jovenzuelos que la noche en Madrid sigue siendo interminable, que hay after hours y esos sitios de fin de semana de pastilleo en los que la fiesta dura tres días. También me cuentan que hay jovenzuelos sin la mayoría de edad que salen de su casa diciendo que van al colegio y no se meten en afters sino en pre hours. Es decir, que van a las diez o a las doce de la mañana a un sitio que viene de la noche anterior. Eso también pasaba antes en un local que no era de jovenzuelos, sino que allí se reunía una mezcla de gánsteres, bohemiazos, artistas sin galería y sin editorial, vagos y maleantes, putas en toda regla y putas amateurs, chorizos, camellos y lumpen en general. Una mezcla muy interesante que hacía que allí me sintiera como en mi propia casa. Por aquella época yo tenía el siguiente circuito: escribía en casa hasta las tres o tres y media de la mañana, desde después de cenar. A las tres y media me iba a Joy caminando, porque está al lado de mi casa, y cerraban sobre las cinco. De ahí me iba, ya con una basca que iba uno recogiendo, a Pachá. Dos horas después nos echaban de Pachá y, entonces, dependiendo de las épocas, había diferentes tugurios, ya de muy dudosa reputación, y para allá que íbamos. Un día, en uno de ellos, el sitio que te decía antes, que ha cambiado de nombre muchas veces y que está justo enfrente de la estación de Chamartín… No me acuerdo ahora de cómo se llamaba… Presto, sí. Se llamaba Presto.
    J. M. F.: Tengo entendido que allí, al menos eso me contó alguien, una noche en que estabas acompañado de unas cuantas putas junto a la pista de baile, sacaste de pronto un fajo de billetes, lo arrojaste a la pista y gritaste, encolerizado: «¿Queréis dinero? ¡Pues tomad el puto dinero!». ¿Es eso cierto? Si lo es, me gustaría que me lo contaras antes o después de la historia que me estabas relatando.
    J. S.: Eso es cierto y te lo ha debido de contar mi socio Julio, que se quedó muy escandalizado con aquello. Como estaban jugando con nosotros y yo nunca creí que fuera por mi careto, y sabía el juego que estaban llevando a cabo, les dije: «No os preocupéis, que no queremos follar. ¿Vosotras queréis dinero…?». Eso te lo ha debido de contar mi socio Julio, porque nadie más estaba allí. En fin. Te decía que una noche, en esa misma discoteca, ocurrió eso que pasa a veces, que te vas quedando y quedando y quedando sin decidirte a marcharte a casa. El caso es que ya eran las doce de la mañana y quedaba sólo una puta de unos cincuenta años, bastante ajada. Bien es verdad que la iluminación del Presto maquillaba ese tipo de cosas, y el alcohol también. Entonces nos miramos y nos dijimos: «¿Qué hacemos?», y ella me propuso que la acompañara a tomar una copa y yo le dije que sí, que encantado. «¿Me puedo llevar a un amigo?», me preguntó de pronto, y yo: «Naturalmente». El caso es que el amigo era el enano del bombero torero. Así que, en alegre procesión y silbando una alegre cancioncilla, la chica, el amigo y yo nos montamos en un taxi y nos dirigimos, con una alegría digna de mejor causa, a unos apartamentos por horas de Capitán Haya. Quisiera tener un vídeo de lo que vio el portero cuando entramos: la puta crepuscular, el enano del bombero torero y yo con esa cara de «no estamos borrachos y esto no es lo que parece». Pedimos champán y nos tumbamos en la cama a bebérnoslo y a discutir sobre cosas que ahora no te sabría decir. Sí recuerdo que la puta me atacaba y yo no me defendía [risas]. Y hubo un momento en el que me di cuenta de que habíamos alcanzado tal grado de descontrol y de desastre, que me dije: «Como te descuides, Joaquín, el enano te echa un polvo» y, en una brizna de la poca sensatez que me quedaba, me levanté con la excusa de ir a mear y me largué de allí a la francesa. Ya en el taxi, camino de casa, pensé: «¡Dios mío de mi vida!». Debían de ser ya las tres de la tarde. Imagínate la cara que ponían los taxistas cuando me veían en semejante estado. De hecho, Gurruchaga me contó un día, porque él también era de taxistas pues tampoco ha tenido nunca coche y también era noctámbulo, que había cogido un taxi y le había dicho el taxista (serían las doce del mediodía): «¡Joder! Acabo de llevar a su amigo Sabina. ¡Iba con una chica que le estaba echando una bronca…!». Bueno. El caso es que la mañana del enano del bombero torero, cuando por fin llegué a casa, pensé: «Hogar, dulce hogar». Sentí el calorcito de la calefacción, me di una ducha y, al meterme en la cama, noté en mi piel el roce de las sábanas limpias.
Y eso fue, te lo juro, como una vuelta a la civilización."

LA LIBERACIÓN DE WIESENTHAL DE MAUTHAUSEN. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

LA LIBERACIÓN DE WIESENTHAL DE MAUTHAUSEN. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

    "El tanque de la estrella estaba a unos cien metros delante de mí. Quise tocar la estrella, pero estaba demasiado débil: Había logrado sobrevivir hasta aquel día, pero no para poder andar los últimos cien metros. Recuerdo que di unos pasos, que luego mis rodillas cedieron y caí de bruces.
Alguien me levantó. Noté que un basto uniforme americano, color aceituna, me rozaba los brazos desnudos. Yo no podía hablar, ni siquiera abrir la boca. Indiqué con mi mano la estrella blanca, toqué el frío y polvoriento carro blindado y luego perdí el conocimiento.

    Cuando volví a abrir los ojos, tras lo que me pareció mucho rato, estaba otra vez en mi litera, pero la habitación parecía otra. En cada catre había sólo un hombre y no tres o cuatro como de costumbre. Se habían llevado a los cadáveres. En el aire, un olor no familiar: DDT. Nos trajeron grandes calderos de sopa, sopa auténtica y tenía un sabor exquisito. Tomé gran cantidad. Mi estómago no estaba acostumbrado a tan sustancioso alimento y me vi presa de violentas náuseas.

  Los días siguientes transcurrieron en agradable apatía. Casi todo el tiempo me lo pasaba amodorrado en mi catre. Doctores americanos de uniforme blanco cuidaban de nosotros. Nos dieron pastillas y más comida: Sopa, verduras, carne. Yo seguía tan débil que para salir afuera necesitaba ayuda, habiendo logrado sobrevivir, nada me obligaba ya a esforzarme en ser fuerte. Había visto el día por el que tanto había rezado durante todos aquellos años, pero sin embargo, me hallaba más débil que nunca. «Reacción natural», decían los doctores.

    Hice un esfuerzo por levantarme y andar solo. Arrastraba penosamente los pies por un corredor oscuro, cuando un hombre me salió al paso y me derribó de un golpe; me desplomé y perdí el conocimiento. Cuando recobré el sentido estaba en mi catre y un doctor americano me hizo tomar algo. Tenía a mi cabecera dos amigos que me habían recogido del corredor y llevado hasta mi catre. Dijeron que un confidente polaco me había pegado. Quizá le molestara que yo estuviera aún con vida.

    Los de la habitación A me decían que yo tenía que denunciar aquel confidente a las autoridades americanas. Ahora éramos hombres libres: Habíamos dejado de ser Untermenschen (infrahombres). Al día siguiente mis amigos me acompañaron hasta una oficina del edificio que había venido siendo anteriormente cuartel general del campo. En la puerta se leía un cartel: CRÍMENES DE GUERRA. Nos dijeron que aguardáramos en una pequeña antesala. Alguien me trajo una silla y me senté.

    A través de la puerta abierta vi cómo oficiales americanos interrogaban, tras sus respectivas mesas, a los SS que se mantenían ante ellos en posición de firmes. Varios de los que antes eran prisioneros trabajaban como mecanógrafos. Un SS fue traído a la habitación entonces e instintivamente volví la cabeza para que no me viera. Había sido un guarda brutal, hasta el punto de que cuando pasaba por un corredor, si algún prisionero no se hacía rápidamente a un lado y se ponía instantáneamente en posición de firmes, le daba un latigazo en la cara con la fusta de montar que siempre llevaba consigo. La visión de aquel hombre me había producido siempre un sudor frío en la nuca.

   Después me puse a mirarlo y no podía creer lo que estaba viendo. El SS temblaba, igual que nosotros habíamos temblado ante él. Tenía los hombros hundidos y noté que se restregaba las palmas de las manos. Había dejado de ser un superhombre: Me recordaba a un animal preso en la trampa. Un prisionero judío le escoltaba, un antiguo prisionero.

    Yo seguía sin poder apartar la vista, fascinado. No podía oír lo que le decían al SS, que permanecía frente al americano que le interrogaba sin poderse apenas mantener firme y en su frente había sudor. El oficial hizo un gesto con la mano y un soldado americano se llevó al SS. Mis amigos dijeron que todos los SS eran conducidos a una casamata de hormigón armado donde estaban bajo vigilancia en espera de juicio. Denuncié al confidente polaco y mis amigos testificaron que me habían encontrado sin conocimiento en el corredor. Uno de los doctores americanos declaró también. Luego nos volvimos a nuestra habitación. Por la noche, el confidente me pidió excusas en presencia de nuestros camaradas y me tendió su mano. Acepté sus disculpas, pero la mano no se la di.

    Lo del confidente no tenía importancia. Pertenecía ya al pasado. Seguí pensando en la escena de la oficina. Echado en mi catre veía con los ojos cerrados al SS temblando, un cobarde de uniforme negro, despreciable y aterrado. Durante años aquel uniforme había sido el símbolo del terror. Durante la guerra yo había visto soldados alemanes asustarse también de los SS; pero jamás vi a un hombre de la SS asustado. Siempre los había considerado como fuertes, como élite de un régimen pervertido. Me llevó tiempo comprender lo que había visto: Los superhombres se convertían en cobardes en el momento mismo en que sus fusiles dejaban de protegerles. Estaban acabados, anulados.

    Me levanté de mi catre y salí de la habitación. Detrás del crematorio, hombres de la SS cavaban fosas para nuestros tres mil camaradas que habían muerto de inanición y agotamiento después de la llegada de los americanos. Me senté a contemplar a los SS. Dos semanas atrás me hubieran matado a golpes sí me hubiera atrevido a mirarles, pero ahora parecían asustados de pasar por mi lado. Un SS pidió un cigarrillo a un soldado americano. El soldado arrojó al suelo el cigarrillo que se estaba fumando. El SS se agachó, pero otro SS fue más rápido que él y cogió la colilla. Los dos SS entablaron pelea hasta que el soldado les ordenó que se marcharan.

    Sólo habían pasado dos semanas y la élite del Reich de los Mil Años se peleaban por una colilla. ¿Cuántos años hacía que a nosotros no nos habían dado ningún cigarrillo? Me volví a la habitación y miré a mi alrededor. La mayoría de mis camaradas yacían apáticamente en sus catres. Tras el primer momento de alegría, muchos de ellos sufrían un ataque de depresión. Ahora que sabían que iban a vivir, se daban cuenta de la falta de sentido de sus vidas. Se habían salvado, pero no tenían a nadie para quien vivir, ningún lugar a donde volver, nada que reconstruir."

Mauthausen

jueves, 24 de enero de 2019

CÓMO EMPEZÓ A CANTAR. RUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie

CÓMO EMPEZÓ A CANTAR. RUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie

    "Un tío mío me enseñó a tocar la guitarra, y acabé yendo un par de noches por semana a los establos de los alrededores para tocar en los bailes. Me inventaba nuevas letras para viejas melodías y las cantaba allí donde iba. Tenía que regalar los cuadros para que alguien los colgará en sus paredes, pero por cantar una canción o unas cuantas canciones en una verbena me pagaban hasta 3 $ por noche. Un cuadro lo compras una vez y luego supone un incordio durante 40 años; pero una canción la cantas una vez e impregna los oídos de la gente; ellos dan botes y la cantan contigo, y, cuando paras de cantarla, ya no existe, así que tienes trabajo para cantarla de nuevo. Por encima de todo eso, les pones música a tus pensamientos. Puedes tocar todo tipo de historias para transmitir tus ideas al prójimo

    Y allí en las llanuras de Texas, justo en el centro de la cuenca del polvo, con el negocio del petróleo en picado, el trigo llevado por el viento y la gente trabajadora dando tumbos asediada por hipotecas, deudas, facturas, enfermedades y preocupaciones de toda condición ruinosa, vi que tenía material en abundancia con el que crear canciones

    A algunas personas les gustaba, otras me odiaban, andaban conmigo o sobre mí, me abucheaban o me jaleaban, me aplaudían o me chiflaban, y en poco tiempo ya me habían invitado y echado de todos locales públicos de entretenimiento de la zona. Pero yo decidí que las canciones eran una música y un lenguaje universales.

    No compuse muchas canciones sobre las rutas de los vaqueros o sobre la luna rielando en el cielo, aunque al principio básicamente hacía temas graciosos sobre todo lo que no funcionaba, y sobre como las cosas salían bien o salían mal. Luego gane un poco de atrevimiento e hice canciones en las que decía lo que yo pensaba que no funcionaba y hablaba acerca de los medios para arreglarlo, canciones que decían lo que todo el mundo de por allí pensaba.

    Y eso es lo que me ha mantenido desde entonces"

martes, 22 de enero de 2019

VIAJE A PIE III, de Julio Villar

VIAJE A PIE  III, de Julio Villar

Hay en mi alma
un bosque
donde el viento está en calma.

Cuantas veces me he perdido...
buscándolo.

LA CONTINUIDAD DEL NAZISMO EN ALEMANIA. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf

LA CONTINUIDAD DEL NAZISMO EN ALEMANIA. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf 

    "...Klavier era un alemán formado en el campo del derecho, que emigró a Estados Unidos, donde trabajó como abogado y más tarde se unió a la OSS. Insatisfecho con el modo de resolver el problema de los criminales de guerra en Alemania Occidental, ofreció su conocimiento íntimo del tema a los historiadores de la República Democrática Alemana. Trabajaba con nosotros con la condición de que su esposa no debía saberlo nunca; era alemana occidental, y como el propio Klavier dijo con gesto sombrío, enemiga mortal del Este. Pero Klavier aceptó nuestro dinero y lo usó para construir una casa de retiro en Suiza. Klavier había sido miembro del equipo de fiscales en los juicios de Nuremberg, y allí se especializó en la preparación de la acusación contra el magnate alemán del acero Friedrich Krupp, cuyo apoyo económico fue fundamental para el ascenso político de Hitler y cuyo aporte industrial representó un papel esencial en la máquina industrial nazi. El motivo que inducía a Klavier a trabajar con nosotros era el temor a la renazificación en las sombras de Alemania Occidental. No podía aceptar la desaprensiva rehabilitación de los antiguos nazis, a quienes se devolvían los cargos anteriores en el aparato judicial, la industria y las finanzas."
Krupp en Nuremberg, 1947

lunes, 21 de enero de 2019

ESPÍAS EXNAZIS. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf

ESPÍAS EXNAZIS. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf 

"El chantaje que se practicaba era un juego sucio y peligroso, y ambas partes lo jugaban. Algunos ex nazis residentes en el Oeste nos ofrecían sus servicios impulsados por una suerte de arrepentimiento; otros lo hacían por dinero, o para impedir que se los desenmascarase como ex colaboradores con el régimen nazi. Los soviéticos tenían más oportunidades de practicar la extorsión porque retenían los archivos nazis capturados, y habían incorporado a gente como un ex miembro de las SS que tenía el rango de Obersturmführer en la organización de inteligencia nazi, la Oficina de Seguridad del Reich (R SHA - Reichssicherheitshauptamt), y que había podido emplearse después de la guerra al servicio de Gehlen. Este hombre se convirtió en un agente doble soviético, y traicionó en beneficio de Moscú la totalidad de los principales logros del servicio alemán occidental, de modo que provocó perjuicios en una escala comparable sólo con el trabajo de agentes dobles como Kim Philby, George Blake y Aldrich Ames."


LOS VIEJOS DOMINGOS. MADRID, OTOÑO, SÁBADO, de Josefina Aldecoa

LOS VIEJOS DOMINGOS. MADRID, OTOÑO, SÁBADO, de Josefina Aldecoa 

    "Oscurecía rápidamente, pero Sara no quiso encender la luz. En el hierro de la cerradura encendió el fósforo. El cigarrillo, entre los labios, sabía bien; sabía a muchas horas con Pablo. Al empezar a arder, el humo olía a Pablo, a las manos y la boca de Pablo, a su ropa y sus libros. El cigarrillo chisporroteó a medio camino entre la cama y la ventana. La luz del cigarrillo traía a la habitación muchas cosas alegres."

sábado, 19 de enero de 2019

CONTRABANDO DE TABACO. JUAN MARCH, de Mercedes Cabrera

CONTRABANDO DE TABACO. JUAN MARCH, de Mercedes Cabrera

    "Entre los casi doscientos mil españoles que residían en la colonia francesa había muchos mallorquines y a comienzos de siglo había importantes fábricas de elaboración de tabaco propiedad de españoles. La ciudad de Orán, menos vigilada, y también Argel eran centros neurálgicos de estas actividades. Juan March dio un paso más allá al fabricar tabaco. En 1904 compró en Orán una fábrica que pertenecía a una familia alicantina, los Jorro. Unos años más tarde, en 1909, se convirtió en copropietario de la que en Argel tenía su convecino de Santa Margarita, José Garau.    Desde ambos puertos, desde Orán y desde Argel, March y Garau, como otros tantos dedicados a lo mismo, embarcaban legalmente su tabaco en barcos, habitualmente de pabellón francés, con despachos en regla hacia Malta, Génova o algún puerto del país vecino. Aprovechando las noches sin luna, el oscuro, una vez en alta mar se trasladaba el tabaco a algún falucho dedicado aparentemente a la pesca. Los barcos volvían a puerto argelino y declaraban que habían tenido que arrojar la carga al mar por el mal tiempo. En la documentación de Aduanas constaban como arrojadas al mar cada año centenares de toneladas de tabaco. Mientras tanto, los faluchos con los alijos se dirigían a la costa andaluza y levantina, y a Baleares, donde descargaban en playas bien conocidas por los contrabandistas y escondían los alijos en cuevas. Había que evitar las noches de lunario, cuando la luz de la luna podía hacer más fácil que se les descubriera. Esos días se aprovechaba para limpiar los barcos y ponerlos a punto.    Eran muchos los que se dedicaban al trasbordo en los primeros años de siglo. La Arrendataria lo sabía. Le resultaba fácil averiguar qué barcos y qué faluchos se dedicaban a ello. Más difícil era demostrar quiénes eran los propietarios de las embarcaciones y más todavía quiénes los contrataban y decidían las operaciones. Con los escasos recursos de que disponían y el frágil apoyo, cuando no el conflicto, con otras autoridades, el Resguardo de la Arrendataria poco podía hacer salvo reunir información, y eso lo hacía con bastante eficacia. "

viernes, 18 de enero de 2019

EN LA NIEBLA, de Herman Hesse

EN LA NIEBLA, de Herman Hesse

¡Qué extraño es vagar en la niebla!
En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.
Lleno estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.
¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.

EL SOLDADO DE PAMPLONA. Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila

EL SOLDADO DE PAMPLONA. Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila 

"Una de las noches que estaba de guardia, escuché a uno que cantaba en la trinchera enemiga. Me sentía tan solo que no pude evitar tomar contacto con él, aunque sólo fuese de palabra. Le di un grito:
—¡Eh, tú, el cantante!
Me respondió:
—¿Qué quieres?
—Nada. Es que te he oído cantar y por tu manera de cantar me parece que eres vasco o asturiano.
—No. Soy de Pamplona. ¿Conoces Pamplona?
—No. No la conozco, pero he oído hablar de los San Fermines. Creo que os lo pasáis bárbaro.
—Muy bien. Cuando termine la guerra te invito a mi casa en Pamplona para que los conozcas. Te vas a divertir.
Le pregunté cómo se llamaba y dijo:
—¿Y cómo quieres que me llame, coño? Fermín.
Y se echó a reír.
—¿Y tú?
—Miguel.
Cada noche, la hora y media que duraba la guardia era un diálogo permanente entre Fermín y yo. Ya se había hecho una costumbre. Yo, desde mi trinchera le preguntaba a qué hora tenía guardia al día siguiente, luego le pedía a mi sargento que me pusiera la guardia a la misma hora que la de Fermín.
Me contó que tenía novia, le dije que yo también, me dijo que le gustaba mucho el fútbol, a mí también. Me contó que trabajaba de camarero en un hotel, yo le conté que trabajaba de mecánico.
Fueron muchas noches de hablar y contarnos cosas. Fue un enemigo amigo, del que sólo llegué a conocer su voz. Ojalá que en el momento en que escribo esto aún viva y que al final de la guerra se haya casado con aquella novia de la que me habló y que junto a ella viva rodeado de sus hijos y sus nietos. Creo que de esa situación me nació el gran rechazo hacia los que, con la disculpa de defender una bandera, mandan a los jóvenes a ese matadero que es una guerra. Ya lo dijo Victor Massuk: “La fauna política ha reducido las masas a un soñoliento rebaño unificado estúpidamente en el aplauso, en el slogan y la hipnosis de la propaganda”. Y yo repito lo que ya he dicho cientos de veces: “Un país es una nación a la que los militares llaman patria”.

jueves, 17 de enero de 2019

LA PRESENCIA NAZI EN LA SOCIEDAD ALEMANA TRAS LA II GUERRA MUNDIAL, LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

LA PRESENCIA NAZI EN LA SOCIEDAD ALEMANA TRAS LA II GUERRA MUNDIAL, LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

    "Hablamos de la situación política, respecto a la que Hans se sentía pesimista y criticaba mucho a los aliados.

    —Veo claramente lo que va a suceder ahora, después de haber sentenciado a ciertos nazis destacados. La mayoría de los que hayan cometido crímenes menores serán puestos en libertad por los aliados tras una sentencia de pura fórmula. Nadie quiere tomarse molestias por los desperdicios nazis. Muy pronto ocuparán posiciones destacadas otra vez y nadie podrá tocarlos, ya que no se puede castigar dos veces a un hombre por el mismo crimen.

    Con el tiempo aquello se convirtió en profecía.

    —Los aliados incurrieron en grave error cuando decidieron limpiar Alemania —decía Hans—. Loable actitud pero inútil ya que no comprenderán nunca la mentalidad nazi. Debieron encomendar la tarea a los alemanes decentes, pues tales alemanes existen, a pesar de que después de la guerra todos los alemanes fueran considerados malvados. Debieran ser tribunales alemanes los que juzgaran a los criminales de la SS, y jueces alemanes, capaces de penetrar en las retorcidas mentes de los acusados que hubieran condenado a los culpables. Ahora es demasiado tarde, los nazis han aprendido a manejar a esos «inocentes extranjeros», mediante su arma secreta: Las bonitas chicas de Austria y Alemania. Ahora la crisis acabó y los nazis vuelven a tener agallas. Le sorprendería oír cuánto se habla en los círculos nazis del futuro Cuarto Reich. Los peces gordos se hallan en el extranjero, conspirando otra vez a salvo en ciertos países que no tienen tratados de extradición con Alemania.

No cabía duda de que Hans sabía más de lo que me contaba; así, que intenté tirarle la lengua. Quizá pudiera él darme ciertas respuestas que yo necesitaba.

    —¿Cómo consiguieron escapar los cabecillas nazis?

    —¿No ha oído nunca hablar de Odessa? —me preguntó Hans."

LAS MENTIRAS DE SABINA. SABINA EN CARNE VIVA, de J. Sabina y J. M. Flores

LAS MENTIRAS DE SABINA. SABINA EN CARNE VIVA, de J. Sabina y J. M. Flores

    "En la vida de un artista lo único en verdad esencial, señores, es la poesía. Y la mentira puede llegar a ser tan lírica como un arpa. Más, incluso. Y no estoy hablando de esas mentiras toscas, burdas, gratuitas e inverosímiles que están al alcance de cualquier aficionado, por supuesto que no. Hablo de ese sutil ejercicio de simulación que puede dar los más codiciados frutos si quien lo pone en práctica domina el difícil arte de la seducción. Hablo, en fin, de la impostura, de la que Joaquín es todo un maestro.

    J. M. F.: La mentira, Joaquín, nos conduce de forma ineludible a una de sus parientes más cercanas: la impostura.

    J. S.: Sí. Además me gusta mucho el pie que me pones porque yo no soporto la mentira en el comportamiento de la gente, pero en la literatura es lo único que quiero.


    Y en los sueños también. Si hay una mentira que soporto e incluso predico es la piadosa. Quiero decir: ahora mismo viene tu novia, ¿no?, y resulta que yo le caigo muy mal desde hace años. Entra y le digo: «Bienvenida», y ella me suelta: «Mira, yo soy una chica muy franca y siempre digo la verdad. Tengo que decirte que me pareces un tipo repugnante e insoportable». Mire usted, no. Creo que la civilización y la educación sirven para algo. 


    Quitando ese ejemplo, y no conozco otro —vuelvo a decir que la mentira de los políticos me parece repugnante—, la mentira en el comportamiento cotidiano no la soporto. En la literatura, que me den más. En la canción, que me den más. Porque en las canciones y en los poemas las mentiras son más verdad que las verdades agropecuarias y peatonales. Umbral diría, y me encanta, «municipales»."

miércoles, 16 de enero de 2019

VIAJE A PIE II, de Julio Villar

VIAJE A PIE  II, de Julio Villar

Siento un cariño incontrolado
por todo lo que va de paso,
sin cobijo y sin mañana

Me gusta pararme y prestar atención.

Me gusta lo desconocido,
lo esbozado,
lo por hacer.
Me gusta todo lo que esta detrás de las cosas,
detrás del paisaje,
detrás del horizonte,
la insinuación.
Me gusta estrenar el tiempo.

RESISTENCIA EN FRANCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

LA RESISTENCIA FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "La Resistencia francesa movilizó solo a una minoría de franceses. La inmensa mayoría aprendió a ir tirando bajo la ocupación alemana y admiró durante largo tiempo al mariscal Pétain, incluso cuando rompieron en cierto modo con el Gobierno de Vichy encabezado por Pierre Laval. Los comunistas, los judíos y los extranjeros fueron perseguidos por los alemanes, por Vichy y hasta por la República francesa en 1939. Los republicanos españoles y los veteranos de las Brigadas Internacionales que huían de la derrota en España fueron internados por los franceses en campos situados junto a la frontera española y pronto, tras el pacto nazi-soviético, se unieron a ellos los comunistas y los alemanes antinazis al declararse la guerra. La persecución de lo que fue calificado como la «anti-Francia» fue intensificada por el régimen de Vichy. Alemania desencadenó una ira letal contra los comunistas cuando invadió la Unión Soviética e intensificó sus redadas de judíos extranjeros. La mayor parte de la población judía en Francia, progresivamente excluida de la sociedad y abocada a la destrucción, prefirió huir u ocultarse antes que resistir. Ahora bien, al tener menos que perder y menos sitios donde esconderse, los comunistas, los judíos y los extranjeros tenían mayores incentivos para resistir que el francés medio."

martes, 15 de enero de 2019

VIAJE A PIE, de Julio Villar

VIAJE A PIE  I, de Julio Villar

"Sólo tengo el oficio de quien está siempre de paso, la cadencia de aquel a quien no le gustan las prisas"

MADRID, OTOÑO, SÁBADO, de Josefina Aldecoa

MADRID, OTOÑO, SÁBADO, de Josefina Aldecoa 

    "El cuarto era pequeño y las paredes estaban cubiertas de libros, de fotografías clavadas con chinchetas. La cama era un diván forrado con una tela de flores rojas.   

—Si yo tuviera un cuarto así… —dijo Sara.    

—Tú tienes un cuarto bonito —replicó Isabel.   

Pero Sara sabía bien lo que quería decir.

—Algún día tendrás un cuarto a tu manera. Cuando ya no vivas en tu casa —dijo tranquilamente Isabel.    

—¿Quieres decir cuando me case? —preguntó Sara.    

Isabel se quedó mirándola.    

—No. Quiero decir cuando seas mayor y trabajes y te vayas a vivir a otro sitio.    

Sara no contestó. Con frecuencia, en sus conversaciones con Isabel, llegaba a un punto en el que prefería detenerse. Avanzar más, sospechaba Sara, era arriesgarse a tropezar de pronto con una verdad escondida, que era la clave y la fuerza de Isabel. Seguir preguntando y obtener respuestas era a la vez una amenaza y una tentación. «Algún día sabré —se decía Sara—, pero todavía es pronto». Se angustiaba adivinando que el día en que Isabel le descubriera lo que verdaderamente importa en el mundo, lo que únicamente merece la pena, ella, Sara, estaría perdida para siempre; perdida para todo lo que hasta entonces había sido suyo y le había parecido indiscutible y firme. Por eso no dijo: «¿Y qué harás tú cuando seas mayor?», sino que buscó una senda para huir.   

—No sabía que tu hermano y su mujer fueran tan jóvenes —dijo—. Tampoco sabía que estuvieran aquí."

lunes, 14 de enero de 2019

LA GUERRA EN LAOS. EL CAMINO MÁS CORTO, de Manuel Leguineche

LA GUERRA EN LAOS. EL CAMINO MÁS CORTO, de Manuel Leguineche 

"—Cuidado ahora —señala el teniente—, hemos dejado la segunda línea y nos acercamos al frente.
Nadie lo diría. Una paz bucólica se extiende sobre estos campos. Dejamos el jeep, vadeamos un río en el que se bañan varios búfalos. Después de dos horas de camino, llegamos a un calvero en la jungla.
—Estamos en el frente —dice Bun May.
Descubro la extravagante realidad de la guerra secreta de Laos. Chozas de bambú donde los soldados, desnudos, duermen la interminable siesta, mujeres que cuidan de sus gallinas o sus rebaños de cerdos, decortican el arroz o lavan a sus niños, los hijos de los soldados. Los milicianos del Ejército Real laosiano hacen la guerra acompañados de sus mujeres, lo que les permite hacer simultáneamente el amor y la guerra. Los hijos se engendran y nacen en el frente. En el esquema social de Laos, mandan la madre y la esposa.
—¿Qué sucedería —pregunto al teniente—, si atacara ahora mismo el Patet Lao, la guerrilla comunista?
—Nada, no pasaría nada —responde—. Nuestros hermanos del Patet avisan siempre antes de atacar.
En Laos, un soldado es un seguro de vida para toda la familia. A uno de los hijos su padre lo destina a las fuerzas comunistas; al otro, a las neutralistas y si hay alguno más en edad militar, al ejército derechista. De esta forma, gane quien gane, la familia estará protegida."


LA RECONSTRUCCION DE VARSOVIA. DE VIAJE POR EUROPA DEL ESTE, de Gabriel Garcia Marquez

    "Los que quedaron -ayudados por los que se repatriaron más tarde- se empeñaron en reconstruir piedra por piedra una ciudad de la cual no había quedado piedra sobre piedra y lo hicieron con una especie de ferocidad vengativa, con la misma temeridad simbólica con que la caballería polaca se enfrentó a lanza con los tanques de Hitler. Primero se reconstruyó la ciudad sobre el papel: planos, fotografías, documentos históricos. Una comisión de académicos vigiló la autenticidad de la reconstrucción de manera que la nueva ciudad fuera exacta a la antigua. Para rehacer la muralla medieval fue preciso fabricar un tipo especial de ladrillo cuya fórmula había desaparecido hace siglos.

    Es curioso el efecto de esa ciudad hecha sobre fotografías. Las callecitas medievales huelen a pintura fresca. Las fachadas de 400 años no han sido todavía terminadas. En los andamios hay pintores nacidos en 1925 que han tenido que inventar de nuevo técnicas y fórmulas olvidadas para repintar murales que mañana por la mañana tendrán 300 años. Esa empresa titánica ha sido hecha a costa de pan y zapatos."


domingo, 13 de enero de 2019

LA MORAL EN LA SOCIEDAD, de Jan Patocka

LA MORAL EN LA SOCIEDAD, de Jan Patocka

  "Ninguna sociedad, por muy tecnológicamente avanzada que sea, puede funcionar sin una base moral, sin una convicción, que no es cuestión de oportunidad, ni de circunstancias ni de beneficios anticipados. No obstante, la moral no esta ahí para que la sociedad funciones, sino simplemente porque hace humano al ser humano"

Jan Patocka (Turnov, 1907-Praga, 1977), renombrado filosofo checo, fenomenólogo, seguidor de Husserl y defensor de Heidegger, fue uno de los pensadores más lúcidos e influyentes del movimiento cívico de resistencia al comunismo y dirigente del movimiento opositor Carta 77.
Tras años de magisterio clandestino, murió después de un interrogatorio policíaco de más de diez horas. Poco tiempo antes había dicho: "hoy la gente vuelve a saber que existen cosas por las que vale la pena sufrir, y que las cosas por las que eventualmente se sufre son aquéllas por las que vale la pena vivir"

sábado, 12 de enero de 2019

LOS PERSONAJES DE PIRANDELLO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO, de Andrea Camilleri

LOS PERSONAJES DE PIRANDELLO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO, de Andrea Camilleri 

    "En la aguda evocación que de Pirandello hizo Massimo Bontempelli en la Academia de Italia el 17 de enero de 1937, se dice que «todo el teatro de Pirandello es una denuncia de consecuencias». Y añade: «Observad que muchos años antes de los Seis personajes en busca de autor, ya había escrito estas nítidas palabras: La naturaleza se sirve del instrumento de la fantasía humana para proseguir su obra de creación. Y quien nace a merced de esta actividad creadora cuya sede se encuentra en el espíritu del hombre es ordenado por naturaleza a una vida de superior amplitud a la de aquel que nace del vientre mortal de una mujer. Quien nace personaje, quien tiene la ventura de nacer personaje vivo… En definitiva, los personajes son la única verdad. Con el personaje la humanidad ha encontrado lo inconfundible, lo inmodificable, lo indestructible, lo eterno. Es decir, la certeza. El Padre de los Seis personajes, que como persona es el más abatido de los hombres, es el que puede levantar la cabeza con superioridad cuando le dice al Director: Yo soy verdadero, vosotros no». En efecto, el Padre es verdadero, una certeza por lo tanto, ya que se ha convertido en personaje, mientras que el Director vive únicamente sobre las tablas del escenario. Este personaje del Padre en el que «se expresa la verdad más íntima de Pirandello» (Szondi), una verdad que se vuelve más fuerte por una especie de conmixtión, de osmosis entre el autor y el personaje del Padre."

jueves, 10 de enero de 2019

URBANITAS VIVIENDO EN EL BOSQUE. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

URBANITAS VIVIENDO EN EL BOSQUE. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

    "Mucha gente que pensó que era mejor ser pobre en el campo se mudó aquí durante la década de 1930; otros, más ricos, creyeron que Franklin Delano Roosevelt era el diablo en persona y quisieron convertir su riqueza en tierras antes de que pudiera arrebatársela. Desde entonces, oleadas de personas para quienes la vida urbana era demasiado complicada han venido aquí, con la intención de llevar vidas basadas en la sencillez. Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parece abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida. Cuando una persona tiene una fuente regular de ingresos, sus errores pueden amargarle la vida, pero no amenazan su supervivencia. Aquí, donde el dinero escasea, cada decisión es importante, no hay cabida para los errores.
    Los urbanitas ruralizados idealizan a la gente de aquí mientras aún viven en las ciudades; pero aquí la gente no es gente sencilla, ni por asomo. Los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo. Sin embargo, poseen habilidades y recursos para vivir en estas colinas; aunque se lo tienen callado, de ahí que parezca fácil y… sencillo.
(...)
    Los ozarkers tienen un dicho sobre los urbanitas ruralizados: las zarzas se quedan con su ropa, los paletos se quedan con su dinero y ellos se van con una maleta vacía."

EL GATILLO FÁCIL DE FRANCO. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

EL GATILLO FÁCIL DE FRANCO. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

    "La dureza y falta de piedad de Franco tenía unos antecedentes ya puestos de manifiesto durante su estancia en la Legión, donde hizo fusilar a un hombre porque había arrojado un plato de comida a un oficial. Esta historia real fue adquiriendo caracteres de leyenda y hubo interés en olvidar el hecho. Pero en 1956, el primo-secretario, Franco Salgado-Araujo, escribe lo siguiente:

   He preguntado al Generalísimo si era verdad lo que publicaba un periódico americano de que cuando Franco mandaba la Legión en Uad-lau un legionario le tiró a la cara un plato de lentejas. Me dice: «No cuenta el incidente tal como ocurrió. En las dos banderas que estaban en Uad-lau al organizar la Legión hubo muchos casos de indisciplina y de deserción; la gente se escapaba en botes y desertaba. Había que poner fin a tal estado de cosas y escribí al entonces teniente coronel Millán Astray pidiéndole que autorizase la aplicación de la pena de muerte a los legionarios que frente al enemigo cometieran delitos de gravedad. Millán me contestó que había consultado a las autoridades y que de ninguna manera se podía autorizar la aplicación de dicha pena sin las garantías que marca el código de justicia militar. Le manifesté que salía de Uad-lau para reunirme con él. A los pocos días de esto me dan cuenta de que un legionario se negaba a que le sirviesen el plato con la comida. El oficial, que era el hoy coronel laureado señor Montero, dijo al legionario que la comida había que servírsela, pero que si no quería comérsela que no lo hiciera. Se sirvió la comida al legionario y este arrojó el plato con su contenido a este oficial. Me dio cuenta de esto y ordené tocar a formar, comprobando la veracidad de lo ocurrido por las declaraciones de los testigos. Entonces ordené que un pelotón de legionarios fusilase al compañero rebelde, y desfiló la Legión delante del cadáver. A continuación informé de lo ocurrido al teniente coronel Millán, diciéndole que lo había hecho bajo mi responsabilidad y pensando en la existencia de la Legión, que necesitaba aplicar un castigo ejemplar para restablecer la disciplina»."

miércoles, 9 de enero de 2019

LA BOLCHEVIQUE ENAMORADA, de Alexandra Kollontai

LA BOLCHEVIQUE ENAMORADA, de Alexandra Kollontai

"—Mira el mantel de hilo de Morosov. Las servilletas tienen el mismo dibujo. Pero he dicho que no las pusieran; cuestan demasiado lavarlas. 
—¿De dónde sacaste todas esas cosas? ¿Has comprado de verdad todo esto? 
Vasya miraba escrutadoramente a Vladimir. 
—Vasya, ¿sabes lo que todos estos muebles costarían hoy día? ¡Millones! ¿Cómo puedes pensar seriamente que mi sueldo de director me permita comprar todos estos lujos? Todas esas cosas me han sido proporcionadas. Tuve bastante suerte de llegar cuando era posible, y con la ayuda de unos cuantos amigos conseguí todos estos muebles de las autoridades. Ahora ya no lo permiten. Nadie puede actualmente amueblar una casa como esta. A menos que lo paguen al contado. Además, yo he comprado muchas otras cosas por mi propia cuenta durante el invierno; el armario de luna del dormitorio, la colcha de seda, la lámpara de la sala… 
Vladimir lo enumeraba todo contento, alegremente. 
Los ojos de Vasya, cada vez más fríos, brillaban de cólera. No parecían ya castaños, sino verdes como los ojos de un gato. 
—¿Y cuánto te han costado todas estas cosas tan espléndidas? 
La voz de Vasya temblaba. Vladimir no lo notó y continuó comiendo una chuleta y bebiendo cerveza. 
—Bueno, si se calcula el total de todo lo que he comprado a crédito, según el sistema de plazos, sube a… 
Despacio, como para causar impresión a Vasya, Vladimir dio una suma considerable. Levantando sus ojos, llenos de gozo, hasta su cara parecía querer decirle: «¡Qué hombre más bueno soy!». 
—Vasya, ¿qué te pasa? Se había levantado como si la pinchasen y estaba ante él. 
—¿De dónde has sacado el dinero? ¿De dónde? Dímelo enseguida. 
—¿Qué te pasa, Vasya? Cálmate. ¡No irás a creer que lo he conseguido por malos procedimientos! ¿O es que no sabes nada del valor del dinero? Compáralo con mi salario y verás. 
Le explicó la cantidad de su sueldo mensual y el tanto por ciento que recibía por las ganancias. 
—¿Ese es tu sueldo? ¿Tu sueldo mensual? Pero ¿cómo te atreves tú, un comunista, a gastarlo en tales tonterías? ¡Y cada vez mayor pobreza! ¡A tu derredor miseria y hambre! ¿No habrás hecho algo que no debías para llegar a ser director? 
Los ojos verdes, furiosos, de Vasya se acercaron aún más a Vladimir. 
—Bien, señor director; al menos podrás contestarme, ¿serás bastante amable que me contestes? 
Vladimir no se dio por vencido, queriendo volver a la razón a Vasya, convencerla por las buenas. Se echó a reír. 
—Vives como un gorrión bajo el alero y no sabes el valor del dinero. Hay aún otros que ganan mucho más y viven mucho mejor. Con verdadera elegancia. 
Pero a Vasya no era fácil vencerla con palabras. Estaba decidida a exigirle cuentas. ¿Por qué no vivía como un comunista? ¿Por qué tiraba el dinero en simplezas mientras la pobreza y el hambre crecían a su alrededor?
(...)
Entretanto, la servicial María Cemyoriovna había entrado en el comedor varias veces. Quería servir la comida y vio que aquella pareja reñía en el momento que se reunían. Así pasaba con la «gente distinguida» de verdad, a la que había servido antes de la Revolución. Aquéllos y los comunistas, todos eran iguales. Sólo que aquello era malo para la comida, que se estropearía de tanto esperar."

EL INDIANO, de Josefina Aldecoa

EL INDIANO, de Josefina Aldecoa

"Una vieja preguntó, al fin:    
—¿Y tú? ¿Qué tal estos años? ¿Y aquellas tierras? ¿Son tan buenas como dicen?    
El hombre se quedó pensando un momento. Luego habló.    
—Aquella tierra —dijo— es muy llana y muy grande. Aquella tierra no se parece a la nuestra. Aquello es como cien valles de aquí abajo, uno al lado del otro y más y más. Aquella tierra…    
Le faltaban palabras, términos de comparación, lugares a los que hacer referencia. Pero quería hablar y necesitaba que le entendieran.    
—Aquello es muy rico para el que quiere trabajar. Aquello es muy caliente y da rápido lo que se siembre, y se puede sembrar dos o tres veces al año y luego a recoger sin parar…    
Los hombres escuchaban cabizbajos. Las mujeres miraban a lo lejos con la cabeza alta. Los niños le miraban a la cara. En los ojos de los jóvenes se reflejaban las luces del hogar con un fulgor de esperanzas.    
—Allí se gana y se come, pero se está muy solo, y algunas noches, como a mí me ha sucedido, se piensa en esto y si se pudiera venir acá en un vuelo… Algunas noches cuando se mira al cielo, que es lo único, lo único que es igual en todas partes…    
Un niño se había dormido en los brazos de su madre. Ella le puso un pañuelo en la cara para evitar que le diera la luz.    
—Por eso yo me dije: «Vamos a darnos una vuelta por allá antes de que sea tarde, que alguno quedará para que me cuente y me escuche…»"
Antiguas cabañas de pastores al norte de Leon

martes, 8 de enero de 2019

CARACTER SICILIANO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO, de Andrea Camilleri

CARACTER SICILIANO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO, de Andrea Camilleri

    «Aquí, en Sicilia, pasar del señor Luciano al señor Maddalena (lo que se hace atravesando un rellano con un solo escalón) es como volar de una constelación a otra».

EL FRACASO DEL SOCIALISMO REAL. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf

EL FRACASO DEL SOCIALISMO REAL. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf 

    "Desde los trascendentes acontecimientos de 1989, me he preguntado en repetidas ocasiones por qué la República Democrática Alemana fracasó de manera tan miserable y espectacular. Me he preguntado si esperé demasiado tiempo antes de decir en voz alta lo que realmente pensaba y sentía. Lo que me llevó a callar no fue la falta de coraje, sino la inutilidad de la protesta a lo largo de la historia de la República Democrática Alemana. Con mucha frecuencia yo había visto cómo la protesta vehemente sólo servía para acentuar la opresión y reducir todavía más la libertad de pensamiento. Creía que en definitiva la negociación paciente y serena sería más fecunda en un país en que el debate franco estaba condenado al rechazo de un liderazgo demasiado histérico e inseguro como para actuar de manera razonable. ¿Me equivoqué? Quizá, pero por desgracia no hay modo de retroceder en el tiempo y seguir una línea de conducta diferente. A menudo pienso, sobre todo cuando estoy con alguno de mis diez nietos, en una carta que mi padre escribió a mi hermano en 1944. Le aconsejaba que nunca se abstuviese de formar su propia opinión. A esto, ahora agrego que es importante tener el valor de luchar por la opinión formada si fuera necesario, aunque uno deba enfrentarse con la represión. He aprendido que uno siempre debe respetar el modo de pensar del otro y nunca ha de imponerle una actitud conformista. Pero durante gran parte de mi vida y de mi carrera yo elegí esperar pacientemente el cambio. Puedo recordar con claridad que todos esperábamos nerviosos un cambio de liderazgo en Moscú, sabiendo que de manera inevitable ese hecho determinaría un efecto tremendo en Alemania Oriental. Cuando con la ascensión de Mijail Gorbachov al poder llegaron por fin las reformas largamente esperadas, nadie sintió más entusiasmo que yo en relación con las posibilidades futuras. Pero no vimos que el cambio había llegado demasiado tarde; la glasnost no resolvería ninguno de nuestros problemas. El tiempo para la idea utópica incubada en Rusia allá por 1917 se había agotado. Entonces, ¿qué nos queda? Al evocar el pasado y recordar cuánto confiábamos en nuestra creencia de que podíamos hacer realidad las teorías de Marx y Engels, que sería posible formar una sociedad en la que por fin se vivirían los grandes ideales de libertad, igualdad y fraternidad, a veces me parece difícil comprender por qué fracasamos. Cuando éramos jóvenes, a menudo parecía que la fuerza de nuestra fe bastaría para transformar el mundo. Pero ahora debo reconocer que fracasamos, no porque fuésemos demasiado socialistas en los conceptos, sino porque fuimos poco socialistas en la práctica. Los crímenes de Stalin no fueron la consecuencia lógica de la teoría comunista, sino una violación del comunismo. De todos modos, el sacrificio de la libertad personal a la doctrina del partido, la manipulación de las personas y la falsificación de la historia fueron todos aspectos exportados por la Unión Soviética de Stalin y adoptados pronto por la mayoría de los países que estaban de nuestro lado de la Cortina de Hierro. La República Democrática Alemana se relacionó más con esos abusos de poder que con la democracia y el socialismo, y esa es la razón por la cual Alemania Oriental en definitiva resultó asfixiada. Admito sin cortapisas que nuestro sistema era incomparablemente inferior a la mayoría de las democracias pluralistas del Oeste, incluso teniendo en cuenta las ventajas de nuestro sistema de seguridad social. La gran lección que aprendí de la decadencia y la caída de Alemania Oriental es que la libertad de pensamiento y expresión son tan fundamentales para una sociedad moderna como las ventajas que habíamos conquistado y de las cuales estábamos tan orgullosos. En el caso de la mayoría de mis compatriotas, la vida en una Alemania reunificada ha resultado menos brillante de lo que esperaban; a menudo es difícil encontrar trabajo, los alquileres son excesivos y es difícil afrontarlos, y muchos sienten la profunda pérdida de la solidaridad colectiva, que era un rasgo distintivo de la vida en la República Democrática Alemana. No sería justo ni razonable juzgar la vida en una democracia occidental como Alemania comparándola con una sociedad socialista ideal, pero sé que muchos de nosotros no podemos aceptar la idea de pertenecer a una sociedad donde los ricos se enriquecen cada vez más y donde los pobres son cada vez más pobres. Me pregunto cómo pueden aceptar los habitantes de Estados Unidos, que con razón están orgullosos de su país y sus muchos logros, el hecho de que por lo menos cuarenta millones de norteamericanos viven en completa miseria. Me inquieta mucho la perspectiva de una sociedad y una civilización basadas exclusivamente en el dinero. El dinero puede ser tan poderoso como cualquier sistema gubernamental, pero a menudo sus efectos son poco visibles sin por eso ser menos brutales. En el bloque oriental, el abuso del poder comenzó con la manipulación de los ideales; en los países capitalistas, la idea de la libertad personal es con frecuencia sólo el disfraz de los intereses comerciales. Quizás esta es la razón por la cual, incluso en las naciones que «ganaron» la Guerra Fría, tantos ciudadanos se sienten desgraciados y tienen una actitud cínica acerca del papel de los sistemas políticos para resolver los problemas."

RODANDO DOS MUJERES. SOFÍA LOREN, de Silvana Giacobinni

RODANDO DOS MUJERES. SOFÍA LOREN, de Silvana Giacobinni

  "Si no siento una historia no la puedo hacer porque no soy una actriz, me muevo por impulsos. Llego al plató y ya estoy preparada porque dentro tengo un mundo propio que a veces es sobrecogedor. 
   Me sucedió, por ejemplo, cuando tuve que hacer un papel particularmente dramático como en Dos mujeres y también en Matrimonio a la italiana. 
   Pero si no encuentras historias tan hermosas, ¿cómo haces para dar emociones al público? Yo esas emociones no las olvidaré nunca. 
   Cuando en Dos mujeres aúllo desde la ventana: «¡Michele ha muerto!», o cuando rodé la escena del camión, la escena en que grito: «¡Ladrones, hijos de puta!», yo no dormí la noche anterior. Era como si las estuviera viviendo de verdad. No podía dormir, yo era de verdad aquella mujer que sufría… 
  Y cuando rodamos esas escenas, De Sica siempre dio a la claqueta una sola vez. Yo le decía: «Vittorio, hagamos otra». 
   Y él: «No: sólo si por casualidad, Dios no lo quiera, hubiera un defecto en la película nos veríamos obligados a volver a hacerla. Y estoy seguro de que no me quedaría tan bien como ahora». 
   En efecto, el propio De Sica había sentido una emoción que no se esperaba. Se había conmovido él, precisamente él, hasta las lágrimas y por eso estaba seguro de que aquellas escenas tal como habían sido rodadas eran perfectas. 
   Y era verdad, porque, es increíble, todas esas escenas, difíciles y dramáticas, las rodamos en una sola tarde."