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miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL VIENTO DE LAS MONTAÑAS. EL CAMINANTE, de Herman Hesse

EL VIENTO DE LAS MONTAÑAS. EL CAMINANTE, de Herman Hesse 

    "Desde las montañas sopla una húmeda ráfaga; al otro lado, azules y celestes islas contemplan nuestras tierras. Bajo aquellos cielos seré feliz a menudo, y también a menudo sentiré la nostalgia del hogar. El perfecto representante de mi especie, el vagabundo puro, no debería conocer esta nostalgia. Yo la conozco, no soy perfecto, y tampoco pretendo serlo. Quiero saborear mi nostalgia como saboreo a mis amigos.

    Este viento hacia el que trepo tiene una maravillosa fragancia de lejanía y de otro mundo, de aguas divisorias y fronteras lingüísticas, de sur y de montañas. Está lleno de promesas."

LA REVOLUCIÓN DE 1934 EN EUSKADI. TRES PERIODISTAS EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. CRÓNICAS, de Josep Pla

LA REVOLUCIÓN DE 1934 EN EUSKADI. TRES PERIODISTAS EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. CRÓNICAS, de Josep Pla

    "Es triste tener que decirlo y recordarlo. Se han quemado iglesias y asesinado sacerdotes; ha habido muertos y heridos en Eibar, en Pasajes, en todos los puntos de concentración social del país. Se ha asesinado a los señores Larrañaga y Oreja Elósegui. En Bilbao ha habido momentos desagradabilísimos. El asalto y saqueo a las tiendas y comercios de Sestao asciende a más de seiscientas mil pesetas. Ha sido quemado el Palacio Salazar de Bermeo. En comparación con lo que ha pasado en Asturias, esto, ciertamente, es poco. Pero que todo esto haya podido hacerse y llevarse a cabo flirteando con un partido católico, capitalista, tradicionalista y contrario a la violencia, pasa realmente de la raya.

Resultado de imagen de JOSEP PLA, Tres periodistas en la revolución de Asturias    La situación del País Vasco no está, en el momento de escribir estas líneas, definitivamente solucionada. Aún hay ciertos pueblos de la zona minera —como Somorrostro— donde las cosas no están claras. Es una cuestión de tiempo. La aviación sobrevuela estos pueblos lanzando propaganda. Este país reúne —tanto como Asturias— condiciones geográficas magníficas para la guerra social o civil y sobre todo para la resistencia. La gente tiene siempre el recurso de echarse al monte y sobrevivir con pocas dificultades. Para un conocedor del país, no hay aviación, ni artillería, ni regimientos de muchachos, naturalmente poco fogueados, que valgan. La estrechura de los valles, la dificultad que encuentran las masas de tropa para maniobrar en ellos, la dificultad de los aviones para volar bajo a causa de la orografía del país, hacen que nos encontremos, en el año 1934 de este siglo, aproximadamente igual para estos efectos que hace un siglo. Pese al aspecto de confort exterior, vivimos rozando la posibilidad de la guerra civil. En Asturias hemos vivido durante muchos días las escenas de la guerra civil. En el País Vasco, porque Dios ha querido, nos hemos ahorrado la repetición de las escenas antiguas y si la gente no se ha echado al campo ha sido por un puro azar favorable. Es porque persiste en nuestro país el primitivismo más puro y más peligroso cubierto completamente por una costra de civilización superpuesta, que resulta extraño que los políticos no comprendan la gravedad de las posiciones frívolas, demagógicas y pseudohumanitarias.
(La Veu de Catalunya, 23/X/1934)"

martes, 17 de septiembre de 2019

ALPINISMO MODERNO. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray

ALPINISMO MODERNO. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray

    "Los progresos de la técnica, el perfeccionamiento del material y la mejora de los métodos de entrenamiento habían hecho demasiado eficaz al escalador; comprendí claramente que también en este campo la técnica estaba a punto de matar la aventura. Me pareció que para quienes buscan un modo de realizarse en el combate entre el hombre y la montaña ya no quedaría otra solución que tomar el camino desesperado de la escalada solitaria y la ascensión invernal."


LLEGAR AL PÚBLICO. CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO, de H. D. Thoreau

LLEGAR AL PÚBLICO.  CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO, de H. D. Thoreau

    "...tengo entonces razones para suponer que he llegado a aquello que realmente concierne al hombre, y para creer que cuando un hombre se dirige a otro no lo hace en un ejercicio fútil."

LA IMPORTANCIA DE LOS SIMBOLOS POLITICOS. STASILAND, de Ana Funder

LA IMPORTANCIA DE LOS SIMBOLOS POLITICOS. STASILAND, de Ana Funder 

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    "—¡Quién hubiera pensado que podían llegar a construir un Muro! ¡Eso también era imposible! Y al final, ¡quién hubiera pensado que podría caer! ¡Eso también era imposible! Aquí la gente habla del «Mauer im Kopf» o el Muro en la cabeza. Yo creía que era solo una forma rápida de referirse a cómo los alemanes siguen definiéndose como orientales y occidentales, pero ahora lo veo en un sentido más literal: tanto el Muro como las razones por las que se levantó siguen existiendo. El Muro persiste en la mente de los hombres de la Stasi como algo que desean que algún día vuelva pero también en la de sus víctimas, como una posibilidad paralizante."

lunes, 16 de septiembre de 2019

¿EL ORIGEN DE LOS ACTUALES PARTIDOS NEONAZIS DE ALEMANIA? STASILAND, de Ana Fulder

¿EL ORIGEN DE LOS ACTUALES PARTIDOS NEONAZIS DE ALEMANIA? STASILAND, de Ana Fulder 

Resultado de imagen de rda alemania    "Los rusos, que habían rechazado el capital estadounidense, saquearon la producción de Alemania del Este en beneficio propio. Destriparon las fábricas para llevarse maquinaria y equipamiento que luego mandaron a la URSS. Al mismo tiempo, desplegaron una retórica de «hermanamiento comunista» con los alemanes orientales, a los que habían «liberado» del fascismo. Fueran cuales fuesen sus historias personales y sus filiaciones individuales, las gentes que vivían en esta zona tuvieron que pasar de ser nazis (al menos, retóricamente) un día, a comunistas y hermanos del antiguo enemigo al día siguiente. Y casi de la noche a la mañana los alemanes de los estados orientales se declararon, o fueron declarados, inocentes del nazismo. Parecía como si ahora creyesen que los nazis habían venido y habían vuelto de las regiones occidentales de Alemania, que eran gente ajena a ellos, lo que de ningún modo era cierto. Se rehízo la Historia con tanta rapidez, y con tal éxito, que se puede afirmar sin faltar a la verdad que los orientales no se sentían, y siguen sin sentirse, como los alemanes responsables del régimen de Hitler. Este truco de magia histórica debería figurar entre las maniobras más extraordinarias de inocencia del siglo pasado. Una vez vi en Dresde, en un puente azul sobre el río Elba, una placa que conmemoraba la liberación de los alemanes orientales de los opresores nazis por parte de sus hermanos rusos. Me quedé mirándola un buen rato; era un pequeño objeto que había perdido el brillo por la suciedad del aire. Me pregunté si la habrían puesto justo después de que los rusos entraran en una Alemania vencida o si tuvo que pasar algo de tiempo antes de empezar a reescribir las cosas."
Nace el día, de HECTOR MUJICA
Nace el día
bajo un cielo despejado,
    la claridad en la que todo
    se muestra,
    lo que hacia ella brota
                                         y lo que su misma luz marchita.
Todo nacer pide desnudez,
                                            como la pide el amor,
                                                                              como la regala la muerte.

domingo, 15 de septiembre de 2019

LOS POLITICOS DISTORSIONAN EL LENGUAJE. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones

LOS POLITICOS DISTORSIONAN EL LENGUAJE. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones

Resultado de imagen de parlamento ingles    "El lenguaje es una herramienta crucial para marginar la disensión política. Antaño reforma era un término que se asociaba con la izquierda. La fundación del National Health Service, por ejemplo, la sanidad pública británica, se podía considerar una tremenda reforma. Ahora, en Cambio, reforma suele usarse como nombre en clave para referirse a la clase de políticas que promueve el Establishment, tales como la privatización, el desatar las fuerzas del mercado en los servicios públicos y replegar todavía más las fronteras del Estado. De esta manera, a los opositores de las reformas se les puede representar como si fueran ellos los verdaderos reaccionarios: personas pusilánimes que obstaculizan con su actitud cualquier cambio. Cuando estaba en la oposición, el líder conservador David Cameron solía criticar a Gordon Brown por ser un «obstáculo a las reformas», basándose en que su adversario supuestamente se oponía al plan blairista de aumentar la participación de las compañías privadas en los servicios públicos. Progreso es otro de esos términos que han sido incautados, igual que modernización. «Ir hacia delante y no hacia atrás» era uno de los lugares comunes favoritos del nuevo laborismo, a menudo usado para representar el contraste éntre ellos y una supuesta izquierda que miraba al pasado. Cuando Blair introdujo la expresión fuerzas conservadoras en el léxico político de finales de los años ochenta, la usaba, por lo general, contra los sindicatos y los trabajadores del sector público que se oponían a las políticas que guiaba el mercado. La expresión intereses creados también suele usarse de forma habitual para describir a los sindicatos y a los trabajadores, nunca a los titanes corporativos. Decisiones difíciles también es un elemento habitual en el vocabulario del Establishment, y suele aludir a políticas que reducen el nivel de vida de los demás, o bien que resultan duras para todo el mundo salvo para los políticos, y que implican que los adversarios son débiles o cobardes. El uso incansable de estos términos les da a las ideas del régimen neoliberal un aire progresista, como si mirara al futuro. Es tremendamente irónico, teniendo en cuenta lo reaccionarias que eran las ideas de los escuderos originales, que defendían abiertamente un retorno a la economía liberal clásica y una era libre de (lo que ellos consideraban) la corrupción de la intervención estatal."

sábado, 14 de septiembre de 2019

NIÑA PASTORI

     «...los paisajes más bellos viven en la mente de los ciegos, y la esperanza más fuerte surge de los que no tienen remedio...»

UN SOLDADO SIEMPRE VE CUANDO LLEGA EL FINAL. TEMPESTADES DE ACERO, de Ernst Junger

UN SOLDADO SIEMPRE VE CUANDO LLEGA EL FINAL. TEMPESTADES DE ACERO, de Ernst Junger

    "...Se nos advirtió que el enemigo podía atacarnos con los nuevos tanques, rápidos y manejables.

    Distribuí a mi compañía en orden de combate dentro de un pequeño huerto de legumbres. De pie bajo un manzano dirigí unas palabras a mis hombres, que me rodeaban en semicírculo. Los rostros aparecían serios y viriles. No era mucho lo que había que decir. Todos habían llegado a ver con claridad por aquellos días que íbamos cuesta abajo; en todo ejército existe, además de la unidad de las armas, también una unidad moral, y ésta es la única que explica aquella unanimidad de criterio. El enemigo exhibía en cada nuevo ataque armas cada vez más poderosas; sus golpes empezaban a ser más rápidos y violentos. Todo el mundo sabía que no podíamos vencer. Pero plantaríamos cara al enemigo."

viernes, 13 de septiembre de 2019

YO FUI MINISTRO DE STALIN, de Jesus Hernandez Tomas

YO FUI MINISTRO DE STALIN, de Jesus Hernandez Tomas

    "Abordamos el coche, que partió veloz por las calles convertidas en campamentos. En aquella tarde caliente de julio, Madrid tenía una alegría de cartucheras relucientes, de bayonetas, de sables, de pistolas. Miles de muchachos y muchachas, con el mono azul de los milicianos y con los primeros fusiles en las manos, ¡fusiles conquistados al enemigo en el Cuartel de la Montaña! Instructores espontáneos enseñaban a los jóvenes el manejo de los máuseres. Pasó una camioneta llena de gente enardecida que entonaba las primeras canciones de guerra. Llevaban una bandera republicana desplegada como la vela de un barco.

—¿A dónde van? —preguntó Cimorra.

—A la Sierra —contestó Mena.

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«A la Sierra —pensé yo—. A tapar con su carne joven las brechas por donde se vuelca el fuego que va a devorar a España».

    El cuartel del Quinto Regimiento había sido sede de un antiguo convento. Ahora se respiraba allí otra devoción. Tan mística la una como la otra. Antes enseñaban allí a bien morir; ahora, a matar bien. De ese cuartel saldrían los primeros capitanes del pueblo y las primeras compañías militarizadas a las que la lira del poeta cantaría:

    «Las compañías de acero Cantando a la muerte van…»

—¡Hola, De Pablo!

—Salud, Hernández.
—¿Qué noticias tenemos? —pregunté.
—Las más graves son las de Somosierra. El general Mola se acerca con mucha fuerza.
—¿Hay con qué contenerlo?
—Sí y no. Hombres y corazón tenemos de sobra. Pero nos faltan mandos militares y armas, sobre todo armas —recalcó De Pablo, instructor sindical de origen rumano que se hallaba en España y que fue el primer voluntario internacional que se sumó a nuestra lucha."

A PUNTO DE MORIR. EL ÚLTIMO FRANCOTIRADOR, de Kevin Lacz

A PUNTO DE MORIR. EL ÚLTIMO FRANCOTIRADOR, de Kevin Lacz 

    "Después de que el muecín llamara a la oración, en las calles, como de costumbre, empezaba a haber movimiento. Cuando una familia no sale de su casa por la mañana, los vecinos ya saben que pasa algo. El lenguaje corporal de las calles prestaba una gran atención a los combates. Las mujeres de la vecindad que lanzaban el agua de fregar —o lo que sea que lancen a la calle— miraban hacia nuestro edificio. Bastaba con leer las pistas no verbales para completar el diálogo de aquellas mujeres: «¿Por qué no ha salido hoy Hiba (o Mohamed)? Si siempre sale…». Por supuesto, ya saben que es porque los estadounidenses estamos allí.

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    Vi a varios «curiosos» —muyas que examinaban nuestra posición— y no pararon de llegar al cruce coches que dejaban a un hombre en edad militar y recogían a otro. Todo lo que veía a través de la mira era sospechoso. Todo es sospechoso, en realidad, cuando te encuentras en la madriguera del enemigo. Pasado un rato, el bullicio se apagó y volvió la calma. La gente empezó a evaporarse de las calles. Comprendí que estaba a punto de pasar algo.
Pasó enseguida. Un cohete golpeó contra la pared del edificio, cerca de la posición de Dale. La intensa explosión hizo que los dientes me castañetearan y los oídos me pitaran con fuerza. La conmoción me dejó fuera de juego durante un segundo o dos, en los que no pude buscar desde dónde disparaban. De pronto me encontré entre una lluvia de balas. Podía oír la ametralladora y acto seguido notar cómo las balas me pasaban, como un látigo, cerca de la cabeza. La ventana estaba quedando hecha trizas. Con el corazón a mil intenté decidir si era mejor aguantar la posición o bien ponerme a cubierto. En unos pocos segundos había pasado de sentirme como el amo del zoo que contempla a los animales en sus jaulas, a ser la principal atracción del parque.

    Me escabullí hacia la izquierda tirando de la Mk 11 hacia mí y lanzándome de cabeza hacia la esquina de la habitación, hacia las diez, con la esperanza de que la pared fuera lo bastante gruesa para frenar las balas de 7,62. Casi en el mismo instante en el que me eché a un lado, una ronda cosió a balazos la silla en la que había estado sentado.

    Si no me hubiera apartado, estaría muerto.

—Dauber, ¿estás bien? —gritó Luke desde la otra habitación.

—¡Estoy bien! ¡Aquí sigo!

    Esperé a tener una ocasión para devolver el fuego, pero estaba atrapado. Antes de que pudiera pensar seriamente sobre lo cerca que había estado de morir, otro cohete impactó junto a la ventana. El estallido fue tan brutal y ensordecedor que pareció tragarse todo el aire de la habitación. Al cabo de unos pocos segundos contemplé el hueco irregular que había sido la ventana y me quedé allí quieto, como maniatado. Estaba acorralado, el fuego enemigo me impedía intervenir. No podía hacer nada. Las balas silbaban por todas partes y hacían saltar el yeso de las paredes. Era una sensación a la que no estaba nada acostumbrado, y que no me gustaba. El instinto me impelía a levantarme otra vez y abrir fuego, pero la lluvia de balas no cejaba. Lo único que podía hacer era seguir con la cabeza gacha y esperar.

    Luke se acercó a rastras por el pasillo, para comprobar cómo estaba; como siempre, iba muy bien protegido con el casco y el chaleco antibalas.

—Dauber, ¿qué hay?

    Señalé hacia la ventana, la mesa, la silla.

—Creo que me han disparado —dije, intentando tomarme a risa el ejercicio de huida y evasión con el que acababa de librarme de la Parca.

—Ya veo. Bueno, ahora a por ellos —dijo Luke.

—Así será —dije—. Por suerte el puto cohete no ha entrado en la habitación.

    Bob logró llegar hasta una ventana desde la que podía abrir fuego limpiamente, y, pasados unos diez minutos, todo volvió a la calma. Yo me tomé otro momento para reconocer que había estado a punto de palmarla, y luego pasé a otras ideas. Las balas que habían destrozado la mesa y la silla en las que estaba me habían pasado increíblemente cerca, y me encontré preguntándome: ¿cómo de cerca está un cerca? En mi cabeza, había ido de poco. Pero me acordé de uno de los lemas que nos repetimos en las fuerzas armadas: «Cerca solo vale para las granadas». Las balas habían pasado cerca, pero habían fallado su diana.
Resultado de imagen de Ramadi

No logro imaginar qué debieron pasar los soldados de la segunda guerra mundial cuando todo lo que podían hacer era sentarse en la trinchera y esperar a que la artillería acabara de barrer la zona. Ramadi no era la Europa en guerra, pero todo combatiente, para ser de veras eficaz en la batalla, debe pasar por un proceso de aprendizaje. Incluso los hombres rana, por «Grandes y Duros» que seamos, debemos saber cuándo es necesario ponerse a cubierto. No todo se puede resolver echándole huevos, hay veces en las que no se puede hacer más que seguir con vida para volver al combate mañana. Pensé en el cartel que había visto en mis primeros días en Irak: «LA AUTOSUFICIENCIA MATA». Odiaba tener que admitirlo, pero habíamos ido cayendo en la autosuficiencia. Pensé en el contraste que había entre la euforia de la semana anterior, cuando rescatamos al rehén, y estar a punto de morir en un escondrijo.

    Lentamente, guardé la gorra de los Boston Red Sox en la mochila. En más de una de las sesiones de vigilancia, había empezado a usar en vez del casco mi gorra de la «B», con estampado de camuflaje. Aun a regañadientes, tenía que admitir que, en mitad del territorio muya, eso me iba a proteger poco la mollera. Me abroché el casco al cuello y me volví a poner el correaje. Me había habituado a sentarme en mi escondite sin correaje, por culpa del calor. ¡En fin! Tocaba ponérselo otra vez. No me volverían a pillar con los pantalones bajados. Tendría todos los pertrechos a mano, listo para echarme a correr en cualquier momento con todo lo necesario. Ramadi no me iba a matar. No le iba a dar esa alegría. Me puse en pie y cogí un pellizco de tabaco. Moví la mesa, aparté la silla y volví a coger el arma, porque eso es lo que hacemos los SEAL.

    Marc se acercó a la habitación.

—Joder, tío, los muyas no han dejado nada en pie.

—Pues sí, ¿quién iba decirlo? Parece que hasta saben disparar."

jueves, 12 de septiembre de 2019

LAS CONVICCIONES DE LOS REVOLUCIONARIOS. TRES PERIODISTA EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. OCTUBRE ROJO EN ASTURIAS,de José Díaz Fernández

LAS CONVICCIONES DE LOS REVOLUCIONARIOS. TRES PERIODISTA EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. OCTUBRE ROJO EN ASTURIAS,de José Díaz Fernández 

Imagen relacionada"Se había hecho un verdadero derroche de municiones. Como la revolución había carecido desde el primer momento de una concepción técnica, militar, y había estado encomendada solamente al valor personal y a la audacia de los obreros, estos desconocían el valor de las municiones. La toma de la fábrica de la Vega les había alucinado; creían que aquellos pertrechos no se acababan nunca; que los barcos de guerra sublevados llegarían de un momento a otro con refuerzos; que Rusia enviaba su flota hasta las costas cantábricas para ayudar en la epopeya de los montañeses asturianos. Almas simples y encendidas, los rumores más absurdos bastaban para avivarles el fuego de la fe y el fervor de la lucha. Pensaban que un poder misterioso obraba casi milagrosamente en aquellas jornadas. El impulso que a ellos les llevaba a morir por las ideas, creían que tenía suficiente fuerza para obrar en todos los actos de la revolución. En una palabra, confiaban en el poder y la fuerza de su clase, tal como la habían exaltado sus propagandistas en discursos y proclamas."

miércoles, 11 de septiembre de 2019

CARTA DE G. O. BLAKE A H. D. THOREAU

CARTA DE G. O. BLAKE A THOREAU

Resultado de imagen de THOREAU    "...Si comprendo correctamente, el significado de su vida es el siguiente: querría separarse de la sociedad, del sortilegio de las instituciones, de los usos, de los conformismos, de tal modo que pueda llevar una vida simple y nueva. Antes que infundir una nueva vida a las viejas maneras, tendrá una vida nueva por fuera y por dentro. Hay algo de sublime para mí en esta actitud, de la cual yo mismo estoy muy lejos.
    Hábleme en esta hora, ya que es solicitado…


    Lo venero porque se abstiene de la acción, y abre su alma con el objetivo de poder ser. En mitad de un mundo de actores bulliciosos y superficiales, es noble hacerse a un lado y decir: «Simplemente quiero ser». Si pudiese plantarme enseguida sobre la verdad, reduciendo al mínimo mis necesidades, me vería inmediatamente más cerca de la naturaleza, más cerca de mis compañeros… y la vida sería infinitamente más rica. Pero ¡heme aquí!, temblando en la orilla…"

martes, 10 de septiembre de 2019

AME LO QUE HAGA. CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO, de H. D. Thoreau

AME LO QUE HAGA. CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO,  de H. D. Thoreau 

    "...Haga lo que ame. Conozca bien de qué está hecho, roa sus propios huesos, entiérrelos y desentiérrelos para roerlos de nuevo. No sea demasiado moral. Sería como hacer trampas con uno mismo. Sitúese por encima de los principios morales. No sea simplemente bueno, sea bueno por algo. Todas las fábulas tienen su moraleja, pero a los inocentes lo que les gusta es escuchar la historia.

    No permita que nada se interponga entre usted y la luz. Respete a los hombres solo como hermanos..."

LAS ULTIMAS ESPERANZAS DEL FURHER. PILOTO DE STUKAS, de Ulrich Rudel

LAS ULTIMAS ESPERANZAS DEL FURHER. PILOTO DE STUKAS, de Ulrich Rudel

    "El 19 de abril, un nuevo telegrama me convoca en la Cancillería. Ya no resulta ahora tan fácil trasladarse a la capital saliendo de Checoslovaquia. Los rusos y los americanos están a punto de juntarse en varías lugares. El cielo está lleno de aviones, pero no alemanes. Llego a la Cancillería y desciendo al vestíbulo del refugio del Führer. La gente allí conserva su calma y confianza; se trata en su mayoría de militares que trabajan en las operaciones en curso y en las proyectadas. En el exterior estallan las bombas de una tonelada lanzadas por los «Mosquitos» en el centro de la ciudad.
Resultado de imagen de Ulrich RudelHacia las veintitrés horas me encuentro ante el jefe supremo de la Wehrmacht. Me doy cuenta en seguida que va a tratarse de nuevo de la misión que ya he rechazado. El Führer tiene la costumbre de dejar venir las cosas de muy lejos, de no abordar nunca de frente ningún asunto. Sigue siendo así también esta noche. Para empezar y durante una media hora, me expone la importancia que la técnica ha tomado en el curso de los siglos, diciéndome que nosotros llevarnos un adelanto considerable que nos es necesario mantener y que puede cambiar aún la situación a nuestro favor. Todo el mundo —me dice— siente temor de la técnica y de la ciencia alemanas. Me enseña algunos informes que indican la intención de los aliados de prepararse ya a disputarse entre ellos a nuestros técnicos y a nuestros sabios. Otra vez quedo maravillado por su memoria para las cifras y por sus conocimientos en el campo de la técnica. Tengo actualmente en mi activo alrededor de seis mil horas de vuelo y todos los tipos de avión me son familiares; sin embargo, no hay nada que él no me sepa explicar con gran conocimiento de causa y que no proponga alguna modificación interesante. Su estado físico no es ciertamente tan bueno como hace tres o cuatro meses. Sus ojos tienen un brillo enfermizo. El coronel von Below me dice que Hitler no ha dormido, por así decirlo, desde hace ocho semanas. Las reuniones se suceden sin descanso. El temblor de su mano ha aumentado sensiblemente y se remonta al atentado del 20 de julio. Me doy cuenta, además, que durante el curso de este largo debate se repite frecuentemente, cosa que antes no hacía. Sus palabras son claramente pensadas y resueltas.

    Al terminar su larga introducción, el Führer llega al tema que ya preveía. Me hace una nueva exposición de los argumentos del otro día y dice para terminar:

—Es mi deseo que esta difícil misión sea aceptada por usted, que lleva la más alta condecoración alemana concedida al valor.

    Otra vez rechazo esta misión, dando las mismas razones que la vez anterior. La situación se ha agravado aún más considerablemente y subrayo que los dos frentes no van a tardar en unirse en el centro de Alemania, cortando a ésta en dos partes que se verán obligados en adelante a luchar independientemente. La misión que quiere encomendarme sólo podría llevarse a cabo en la parte del Norte, donde se hallan concentrados todos los aviones de reacción. Resulta interesante conocer que hay un total de 180 entre cazas y bombarderos. En el frente, desde hace tiempo, luchamos en el aire uno contra veinte. Los aparatos de reacción que necesitan pistas de vuelo muy grandes no pueden utilizar más que un pequeño número de aeródromos en la parte Norte del país. A causa de su situación, estos aeródromos van a ser sometidos, de día y de noche, a una granizada de bombas, y en muy poco tiempo, desde el punto de vista técnico; no quedaría uno utilizable. Es, por tanto, imposible esperar obtener el dominio del aire en la zona del ejército de Wenck y la catástrofe es inevitable porque este ejército no podrá aprovisionarse ni lanzarse a la ofensiva. Sé, por mis contactos personales con el general Wenck, que es imprescindible contar en Su proyecto con la promesa de que conseguiría limpiar el cielo encima de él como tan a menudo lo he hecho en Rusia.

    Pero esta vez no puedo darle esa promesa y debo mantener mi negativa. Compruebo una vez más que Hitler deja expresar libremente su opinión a todos aquellos que él considera dispuestos a darlo todo por la causa general y que acepta revisar sus propias ideas de acuerdo con las de ellos; en cambio, no cree más en aquellos que le han engañado o decepcionado otras veces.

    No quiere aceptar como un hecho cierto mi teoría de la separación de Alemania en dos mitades. Los generales con mando en estos sectores le han afirmado que pueden resistir en los actuales frentes, es decir, en el Elba, al Oeste, y en el Oder, el Neisse y los Sudetes, en el Este. Yo no dudo que nuestros soldados que defienden el suelo patrio sean capaces de las mayores hazañas; sin embargo —le digo— creo que una fuerte concentración rusa conseguirá romper el frente en cualquiera de sus puntos y con ello se producirá la unión con los aliados. Cito varios ejemplos del frente oriental en el curso de los últimos años. Los rusos no han cesado de lanzar tanques a la batalla; si no eran suficientes tres divisiones blindadas, lanzaban diez a la lucha. Al precio de enormes pérdidas en hombres y material conseguían avanzar sin que nadie pudiera impedirlo. La única interrogante era si sus recursos, en todo, se agotarían antes de que Alemania quedase fuera de combate. Pero no pueden agotarse dada la ayuda enorme proporcionada por el Occidente. Desde el punto de vista puramente militar, podíamos considerar haber obtenido verdaderos éxitos defensivos al no ceder terreno a los rojos más que a costa de causarles unas pérdidas considerablemente superiores a las nuestras. Poco importaba que nuestros adversarios ridiculizasen estos éxitos; sabíamos con certeza que lo eran verdaderamente. Pero en el momento actual ya no puede pensarse en ceder un palmo de terreno, ya que los rusos no tienen más que unos pocos kilómetros que recorrer para efectuar su unión con los aliados occidentales. Estos han asumido una pesada responsabilidad —que quizá gravite sobre ellos durante siglos— al debilitar Alemania y reforzar proporcionalmente Rusia. Al terminar la entrevista, digo al Führer lo siguiente:

—En mi opinión, es imposible terminar victoriosamente la guerra en los dos frentes, pero podríamos hacerlo en uno o en otro si conseguimos llevar a término un armisticio con uno de los dos bandos.

    El Führer me contesta con una sonrisa un poco cansada:

—Es muy fácil de decir. Trato sin reposo, desde 1943, de obtener la paz, pero los aliados no quieren oír nada de ello y exigen la capitulación incondicional de nuestra parte. Naturalmente, mi destino personal no entra en juego, pero cualquier hombre sensato comprenderá que no puedo aceptar tal capitulación para el pueblo alemán. Existen aún conversaciones en curso, pero no creo ya que tengan éxito. Por esto necesitamos absolutamente remontar la crisis actual para que ciertas armas decisivas puedan darnos aún la victoria.

Resultado de imagen de Ulrich Rudel    Después de intercambiar algunas consideraciones sobre la situación del ejército de Schoerner, me dice que va a esperar algunos días para ver si la situación evoluciona como él espera o si mis temores se realizan. En el primer caso me llamará de nuevo a Berlín para encargarme definitivamente de la misión proyectada para mí. Hacia la una de la madrugada abandono el refugio del Führer, El vestíbulo está lleno de personalidades que quieren ser los primeros en felicitarle por su nuevo aniversario.
(...)
    La noticia de la muerte del jefe del Estado, comandante supremo de la Wehrmacht, causa una impresión profunda en nuestras tropas. Pero las hordas rojas siguen asolando nuestra Patria y es necesario continuar la lucha. No rendiremos nuestras armas hasta tanto nuestros jefes no lo ordenen. Nuestro juramento de fidelidad lo exige igual que la terrible suerte que nos espera si capitulamos sin condiciones, como el enemigo quiere. Estamos, asimismo, ligados al destino de Alemania, que, colocada en el centro de Europa, ha sido durante siglos el bastión que se enfrentaba a las masas asiáticas. Si Europa no lo comprende, si no lo desea, o si nos contesta con indiferencia, con hostilidad, ¡esto no cambia nada nuestro deber hacia ella! En el peligroso período que se presenta, queremos tener el derecho a llevar erguida la cabeza ante la Historia.

    El frente oriental y el occidental se acercan más y más. La disciplina de mis hombres sigue siendo admirable, tan perfecta como en el primer día de la guerra. Estoy orgulloso El peor castigo para mis oficiales es, como anteriormente, que no les deje participar en un servicio. Yo sigo teniendo algunas dificultades con mí muñón. Mis mecánicos me han fabricado un aparato de metal ligero que va sujeto por debajo de la rodilla; a cada presión, es decir, todas las veces que tengo que apoyar a la derecha, desgarra la piel que está reconstituyéndose. Me origina una verdadera herida,."

lunes, 9 de septiembre de 2019

CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO, 9 DE AGOSTO DE 1850, de H. D. Thoreau

CARTAS A UN BUSCADOR DE SI MISMO, 9 DE AGOSTO DE 1850, de H. D. Thoreau

    "...Los pensamientos marcan las épocas de nuestras vidas: todo lo demás es el diario de los vientos que soplaban mientras estábamos aquí."

EXNAZIS OCUPAN ALTOS CARGOS EN LA RDA Y RFA. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf

EXNAZIS OCUPAN ALTOS CARGOS EN LA RDA Y RFA. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf 

Hans Globke, Deutscher Politiker und Jurist.  Ministerialrat im Reichsinnenministerium (1932-1945), Staatssekretär im Bundeskanzleramt (1953-63) Aufnahmedatum: 1940Inventar-Nr .: Or 4326-3Systematik: Personen / Politiker / Deutschland / Globke / Porträts
Hans Globke
    "...En las fuerzas armadas de Alemania Occidental y en la burocracia estatal, los fieles servidores del Tercer Reich de nuevo ocuparon altos cargos, y ex oficiales nazis dirigían la organización de Gehlen. El nombre de Hans Globke, uno de los consejeros más cercanos a Adenauer, y en definitiva secretario de Estado en la oficina del canciller, se convirtió en sinónimo de este tipo de infiltración. Globke había sido un funcionario de elevada jerarquía en el Ministerio del Interior de Hitler, y había redactado un autorizado comentario acerca de las leyes raciales de Nuremberg, que legitimó la discriminación violenta, y finalmente condujo a la Solución Final de los nazis. Globke sería el secretario de Estado de Adenauer durante diez años."
Resultado de imagen de Hans Globke
Hans Globke y Adenauer, canciller aleman de la posguerra

miércoles, 4 de septiembre de 2019

EL CHEQUISTA ORLOV CONTRA LA REPÚBLICA. YO FUI MINISTRO DE STALIN, de Jesus Hernandez Tomas

EL CHEQUISTA ORLOV CONTRA LA REPÚBLICA. YO FUI MINISTRO DE STALIN, de Jesus Hernandez Tomas

"Con la desenvoltura de los hombres que están habituados a que se les tema o respete, me alargó la mano a modo de saludo y tomó asiento con familiar naturalidad.
—Camarada Hernández, usted ha entorpecido esta madrugada nuestro trabajo —comenzó a decir con tono de admonición.
—Perdóneme, amigo Orlov, pero no sabía de qué se trataba… y aún no lo sé.
—Pero usted sí sabía que era nuestro servicio el que pedía las órdenes de detención —dijo en tono inquisitivo.
—Sabía que era usted uno de los que lo pedían, pero lo que no sabía era por qué y contra quien se pedían esas órdenes, que además debería ignorar el ministro.
—Hace tiempo que «Marcos» (Slutsky) me informó que usted se hallaba al corriente de nuestro trabajo y que estaba dispuesto a obviarnos dificultades oficiales.
—«Marcos» me habló de una trama de espionaje y le ofrecí, si era necesario, llevar el caso al seno del Consejo de Ministros. Eso fue todo.
Orlov me miró con cierto aire de ironía y mientras encendía y apagaba un bonito encendedor, me espetó:
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—¿Cómo dice?… ¿El Gobierno?… Precisamente se trata de lo contrario. El Gobierno no debe saber ni una palabra hasta que todo esté consumado.
—¿Pero de qué se trata? —pregunté.
Orlov calló un momento. Encendí un cigarrillo y me dispuse a escuchar.
—¿Forma usted parte de nuestro servicio? —me preguntó.
—No.
Orlov hizo un gesto de extrañeza.
Insistí:
—Ni ahora ni nunca.
Orlov encendía y apagaba su encendedor.
—Creí que era uno de los nuestros… Pero es igual —dijo entre dientes.
Y comenzó a narrar:
—«… Desde hacía tiempo venían siguiendo la pista a una red de espionaje falangista… Los elementos del POUM estaban mezclados en ella. Se habían practicado centenares de detenciones… El más importante de los detenidos, un ingeniero llamado Golfín… había confesado todo… Nin estaba seriamente comprometido… Gorkín… Andrade… Gironella, Arquer… Toda la banda trotskista… Un tal Roca actuaba de enlace entre el POUM y los falangistas en Perpignan… Una maleta llena de documentos había sido capturada en Gerona a un tal Riera… También el dueño de un hotel apellidado Dalmáu estaba convicto y confeso… Todo estaba preparado para dar el golpe… Yo lo había dificultado… El Gobierno no debería saber nada… Tampoco el ministro»…
—Dígame Orlov, ¿de qué proviene el temor a que intervenga el Gobierno?
—El enemigo está en todas partes —respondió secamente.
Y con propósito de aclarar:
—Desde el principio nos hemos negado a que intervenga la policía oficial.
—Pero el Gobierno no puede ser ajeno a un asunto de esa envergadura —dije.
—Zugazagoitia es amigo personal de algunos de los que hay que detener —replicó.
—Presentándole todas esas pruebas…
—No haría nada —atajó Orlov—. Es bastante anticomunista.
—En este caso, se trata de luchar contra el enemigo y no de complacer a los comunistas.
—Correríamos el riesgo de echarlo todo a rodar —insistió Orlov.
—De cualquier forma él tendrá que intervenir, y siempre será mejor prevenirle que sorprenderle.
—Yo sé lo que digo Hernández.
—Y yo lo que me hago —contesté.
—Ahora es el momento ideal para descargar un golpe aniquilador sobre esa banda de contrarrevolucionarios. Les tenemos agarrados por el cuello —dijo con suficiencia.
—No dudo de que los tendrán agarrados por el cuello, pero creo que toda esta historia terminará en un formidable escándalo político.
Orlov me miró con aire de no poca sorpresa. Su encendedor chispeaba pero ya no encendía.
—¿Cómo dice?… ¿qué no cree en historias?
—No es eso exactamente, pero casi es lo que estoy pensando —afirmé.
—Tenemos una montaña de pruebas, de pruebas aplastantes.
—¿Me permite ser sincero Orlov?
El gesto de Orlov se había endurecido. Mirándole fijamente a los ojos arriesgué la idea que me estaba bullendo en la cabeza.
—Tengo la impresión de que todas esas pruebas son un fotomontaje hábilmente preparado, pero dudo que resistan la prueba de un tribunal legal.
—Tenemos el plano milimetrado que señala los emplazamientos militares de Madrid, reconocido por su autor, Golfín. En ese plano hay un mensaje escrito con tinta simpática y dirigido a Franco. ¿Sabe usted por quién está firmado ese mensaje? —me preguntó en tono de triunfo—. ¡Por Andrés Nin! —exclamó.
Solté una carcajada espontánea, natural.
—¿De qué se ríe? —preguntó amoscado.
—¡Calle usted, hombre! Por favor no cuenten por ahí ese disparate, pues la gente se va a reír de buena gana. En todo el país no encontrarán un solo ciudadano capaz de creer a Nin tan idiota como para escribir mensajes a Franco en tinta simpática… en la era de la radio.
—¿No lo cree? —preguntó iracundo.
—No.
—¿Entonces supone que es todo mentira?
—Todo no —contesté fríamente—. Creo que existe el plano, que existe Golfín, que tienen declaraciones, creo todo lo divino y lo humano. Lo que no puedo creer es esa simpleza del mensaje.
—¡Es de Nin! —rugió enojado Orlov.
—No lo creo —insistí serenamente.
—¿No cree que Nin es un trotskista contrarrevolucionario, espía, agente de Franco?
—Sea lo que fuere, lo único que no es, porque lo conozco, ningún idiota. A todos ellos, a Nin, Andrade, Gorkín, Maurin y a los demás les he tratado más o menos, y no les creo capaces de tal estupidez.
—¡Pero si tenemos montañas de papeles y documentos firmados y sellados por el POUM! —gritó colérico.
—Así lo creo menos.
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Andres Nin
Orlov hizo un gesto de impaciencia.
—Amigo Orlov —dije— hablemos seriamente. Ustedes quieren hacer un gran proceso con los trotskistas en España, como una demostración de la razón que han tenido para fusilar a la oposición en la URSS Conozco el artículo de «Pravda» de hace ya casi dos meses en el que anunciaba que la «purga» iniciada en España sería desarrollada con la misma energía con que se ha ejecutado en la Unión Soviética. Comprendo, pues, perfectamente, su interés. Pero no nos compliquen la vida, que bastante complicada la tenemos. Si quieren podremos dedicar una página especial todos los días en nuestros periódicos denunciándoles como a una banda de enemigos del pueblo, pero no monten espectáculos truculentos, porque no se los va a creer ni Dios.
—¡Pero si tenemos las pruebas! —clamaba Orlov.
—Por lo que conozco del «aparato» de ustedes los sé capaces de fabricar dólares con papel de estraza.
—Eso es una majadería… y una opinión inadmisible —barbotó Orlov, notoriamente enojado y molesto.
—Si le molesta… no he dicho nada —aclaré irónico.
—Usted ha dicho y está diciendo cosas muy graves —amenazó.
—Usted es un especialista en cuestiones de espionaje y contraespionaje. ¿Qué haría con un agente que le trasmitiera partes de máxima gravedad escritos en papel de oficio, firmados con su nombre y, por si fuera poco, avalados con un cuño que dijera GPU?
Me miró un tanto perplejo. Reaccionando contestó:
—Ellos no tienen nuestra técnica, ni nuestra experiencia.
—Casi todos ellos conocen el trabajo ilegal y han vivido la época clandestina del Partido Comunista. Si hubieran cometido una indiscreción tan simple como la de firmar con su nombre un comunicado intrascendente, los hubiéramos expulsado por provocadores, o por imbéciles. ¿Cómo quiere que me crea que en plena guerra van a firmar documentos de espionaje dirigidos a Franco?
—Tenemos los testimonios y las declaraciones de los mismos detenidos —replicó.
—Si han logrado esas confesiones, para mí tendrán más valor «legal», cualquiera que haya sido el modo de obtenerlas, que los documentos escritos, firmados y sellados.
—Todos esos documentos y todas las declaraciones irán al proceso y serán motivos y pruebas para ahorcarles a todos.
—De cualquier manera, insisto en que el procedimiento está en recabar del ministro las órdenes para terminar ese trabajo. Si para eso me necesitan estoy a su disposición.
—Por ese camino lo echaremos todo a perder —gruñó malhumorado.
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Orlov, Kirov, Stalin
—Por el que ustedes quieren sólo se logrará el escándalo que dañará a nuestro Partido… que bastante maltratado está ya.
—Usted se comprometió a ayudarnos —dijo despechado.
—Dispuesto estoy —declaré.
—No hay necesidad de continuar —declaró Orlov—. Hablaré con José Díaz.
—Me parece correcto —dije con ánimo de irritarle— que el secretario de nuestro Partido sepa lo que se hace en España.
Orlov se levantó y guardándose el encendedor no vio o fingió no ver que le tendía la mano en señal de despedida.
Una inclinación de cabeza por todo saludo y salió con el rostro ensombrecido.
«Todos son iguales» —me dije viéndole salir estirado y elegante—. «En el fondo y en la superficie nos desprecian y tratan de humillarnos. Actúan como en país conquistado y se conducen como señores ante sus criados».
Años después, en la URSS, había de conocer y tratar de cerca a no pocos de estos tipos. Son funcionarios de una mentalidad y formación especial. Fríos, crueles, sin alma. Su espíritu de Cuerpo les lleva a sospechar, a sospechar de todo y de todos, hasta de su padre y de su madre a los que pegarían un tiro en la nuca con la mayor naturalidad, en cumplimiento de su misión. Viven constantemente alerta y recelando de cuantos les rodean. El jefe no sabe si el subalterno es el confidente de confianza del escalón superior. Puede darse el caso de que el portero o el ordenanza que abre la puerta resulte ser una jerarquía más alta que la del jefe en funciones. Su deber es no creer en la sinceridad ni en la honradez de nadie. Un «inkavedista» debe ser un hombre sin entrañas, un ser deshumanizado que tenga por lema el de «es preferible condenar a cien inocentes que absolver a un culpable». Fanáticos en principio, degeneran hasta la animalidad. Primero matan y torturan porque así se lo ordenan o porque lo dispone el reglamento. Después van sintiendo la necesidad de oír los gritos de dolor y los estertores de sus víctimas. Les resulta armonioso el estampido del pistoletazo. Como el morfinómano busca el placer en la droga, el «inkavedista» lo busca en la sangre y en el sufrimiento de los demás. La vida del hombre nada significa si no se la pueden arrancar a pedazos o a balazos."

lunes, 2 de septiembre de 2019

EN ISLAS EXTREMAS, de Amy Liptrot. SAGA DE LAS ISLAS ORCADAS, autor anónimo

La imagen puede contener: una persona    He aquí dos libros aparentemente muy diferentes, porque están escritos con algo menos mil años de diferencia: EN ISLAS EXTREMAS es la autobiografía de una joven oriunda de las Islas Orcadas a comienzos del siglo XXI, alcohólica y pasada de rosca en muchos sentidos hasta que vuelve a sus orígenes. La SAGA DE LAS ISLAS ORCADAS es un libro anónimo inspirado en la colonización y dominación de estas islas al norte de Escocia por parte de anglos, pictos y normandos entre el siglo IX y el XII. Sin embargo tienen en común muchas cosas: el paisaje que apenas ha cambiado, lo duro de la vida allí, el aislamiento en que viven, y la condición de frontera en la que viven sus habitantes entre la estabilidad y las ganas de buscarse un clima mas benigno. Tal vez Amy Liptrot se deslizo por esta segunda opción cuando fue a buscarse la vida a Londres, pero lo cierto es que la vida no esta en donde uno llega, sino que la lleva uno dentro, y Amy descubrió poco a poco que los paramos casi árticos de las islas de su infancia, la vida de los animales, la influencia del mar y el contacto con los vecinos eran las cosas que habían sembrado la semilla de vida en su alma, y no Londres y sus movidas artificiales. Merece la pena leer la recuperación anímica y vital de Amy en contacto con la vida real después de destrozarsela en las calles que prometen paraísos y te venden humo. Incluso lee la famosa SAGA de sus antepasados (aunque su familia sea en realidad inglesa) y entiende mejor esa vida del "lejano oeste" dentro de la Europa medieval. Una historia de amistades profundas, viajes en barco, mucha violencia y una conciencia de supervivencia total entre lo extremo de la vida y la volubilidad con que nos conducimos en nuestros intereses humanos (tan peligroso o más que el propio clima de las Orcadas); un relato duro, hipnótico y no muy alejado de la realidad.

    Yo llegue a este libro hace bastantes años debido a mi entusiasmo por las sagas nórdicas, y por esta saga llegue el año pasado a estas islas, que fueron de lo mejor de Escocia con diferencia. Y después de ese viaje llegué al libro de Amy Liptrot y fue como si alguien del lugar te hiciera una nueva incursión en determinados rincones del archipiélago para mostrarte secretos que solo un morador de ellas conoce. No hace falta irse al Himalaya, o a cualquier vértice del planeta, para vivir una experiencia al limite de nuestras fuerzas, físicas y mentales, y salir transformado de ella para bien. Cosa que no se puede decir actualmente de muchas otras "aventuras" prefabricadas y a la espera de espectadores como de patrocinadores en lugares superestupendos donde, en realidad, solo son uno mas entre tantos haciendo fila por hacer lo mismo y creerse algo.

LA CAIDA FINAL DE CATALUÑA. YO FUI PILOTO DE CAZA ROJO, de Francisco Tarazona

LA CAIDA FINAL DE CATALUÑA. YO FUI PILOTO DE CAZA ROJO, de Francisco Tarazona 

"—¡Paco! —Montilla corre hacia mi, jadeante—. Dice Zarauza que hay que salir. ¡La carretera de Torroella está siendo ametrallada! Dice que…
—Sí, sí; ya sé. Está bien Manolo. ¡Vueltas! —grito al chófer de la puesta en marcha.
    El motor, con sus potentes 1000 CV, ruge atronadoramente.
—¡Fuera calzos! —grito, casi sin mirar al mecánico que se ocupa de la operación—. ¡Fuera calzos, que ya están aquí!
    Bandadas de cazas se dirigen hacia donde estamos. En unos instantes más estarán sobre nosotros y, a no dudar que, por mucha que sea la pericia, la suerte o los rezos, tendremos irremisiblemente que caer. Aún no creo en milagros.
    Sin perder de vista a la caza enemiga, me dirijo a un lugar del campo donde los agujeros de las bombas y la longitud me permitan despegar. Hallo el deseado, en el momento en que el avión tripulado por Zarauza rompe el contacto con la superficie de tierra. Con la mano, saludo al buen amigo y, en mi interior siento orgullo de ser su compañero. Al instante, Bravo, como disparado por catapulta, pasa por encima de mi cabeza. ¡Salud y suerte!
    Meto gases. Al fondo, en el horizonte, se recortan las siluetas de los Fiat. Están esperando la comida. A medio recorrido sobre la pista del pequeño campo siento que soy atacado por la espalda. Las trazadoras se van clavando delante del «Mosca» como señalándole el camino a la eternidad. De repente, un gran humareda me envuelve y una sombra gigantesca pasa sobre mi cabeza, que agacho instintivamente. Un Messerschmitt, con las cruces inmensas en las alas, pasa rugiendo para volver al ataque en un viraje cerradísimo.
    Corto gases. Freno con todas mis fuerzas y, rodando el «Mosca», lo llevo a esconderlo entre unos árboles. Al saltar de la cabina, una rociada de balas me hace tirarme a tierra; desesperado y con las manos a guisa de casco, espero.
    El fuego en el 193 me salva la vida una vez más. Los cazas enemigos, viendo el «Mosca» incendiado, dejan de ametrallar aquella área.
    Me levanto y busco con ansia los camiones extintores de incendio, pero… los que hay en Vilajuiga están ardiendo.
    Me siento al lado de un árbol. El 193 arde. Veo, a través de las llamas que lo envuelven, toda la historia, la magnífica historia de su vida. Las explosiones en la lejanía y el paso de los buitres sobre mi cabeza no logran sacarme de aquel éxtasis contemplativo. Me siento cerca de alguien que me quiere, que lo ha dado todo por mí. Todas las heridas las ha recibido él. Su tosco cuerpo está remendado de una y otra parte. Heridas que es a mí a quien duelen.
    Las balas del 193 empiezan a detonar por efecto del fuego. El tanque de gasolina estalla. El motor, otrora potente, se desprende de la bancada y, humildemente, se inclina para hundirse como informe masa en el blanco suelo, lejos de la tierra donde fue extraído el metal para su creación.
    Cenizas. Nada más que eso: cenizas. Era todo lo que quedaba del fabuloso 193, de mi querido 193.
Alguien dijo que me había encontrado llorando, con la cabeza entre las rodillas. Sí; lo creo.
    El castillo se va a abandonar esta noche. Todo está preparado ya. Las tropas de Franco avanzan firmemente encontrando a su paso la dislocación, y únicamente las grandes masas de material y carne que hay en las carreteras impiden un avance más vertiginoso."