Ver Viajes del Mundo en un mapa más grande

domingo, 27 de septiembre de 2020

DRESDE Y LOS BOMBARDEOS BRITANICOS SOBRE ALEMANIA, de Frank Musgrove

DRESDE Y LOS BOMBARDEOS BRITANICOS SOBRE ALEMANIA, de Frank Musgrove



"La guerra tiende a volvernos a todos cobardes, al menos a todos aquellos (en realidad una minoría muy pequeña de soldados) que la han vivido desde el lado malo. Empecé la guerra con bravura; mi valor disminuyó progresivamente. Era mucho menos valiente cuando la guerra terminó que cuando empezó. El nivel de valor que tenía en 1941 nunca volvió a recuperarse. Los no combatientes acabarán la guerra con más valor que cuando empezó"

jueves, 24 de septiembre de 2020

LA CARA OSCURA DEL SISTEMA DE FORD. AMERICA, de Vladímir Vladímirovich Mayakovski

LA CARA OSCURA DEL SISTEMA DE FORD. AMERICA, de Vladímir Vladímirovich Mayakovski


Entramos en la fábrica. Limpieza ideal. Nadie para ni un momento. La gente con sombreros va supervisando y tomando notas continuamente en unas hojas. Por lo visto, llevan la cuenta de los movimientos de los obreros. No se oyen ni voces ni ruidos sueltos. Solo un rugido general, grave. Las caras tienen un tono verde, los labios son negros, como en las películas. Eso se debe a la luz pálida de los largos tubos de descarga gaseosa. Después del taller mecánico, la planta de prensado y la de fundición, empieza la famosa cadena de montaje de Ford. El conjunto del automóvil montado pasa por delante de los trabajadores. Aterrizan chasis desnudos, como si el vehículo aún no llevara el pantalón. Los obreros colocan los guardabarros. El vehículo avanza al paso de usted hacia los montadores del motor. Las grúas bajan la carrocería. Los neumáticos caen desde el techo formando una fila continua, como unos roscones. Debajo de la cadena hay trabajadores que retocan algo a martillazos. Unos operarios subidos a unas vagonetas pequeñas se pegan a los lados del coche. Después de pasar por mil manos, el automóvil cobra su forma definitiva en una de las últimas etapas. Un conductor sube dentro, el coche desciende de la cadena y sale al patio ya por su cuenta.

Es un proceso que ya conoces por diversos documentales, pero sales impresionado.

A través de unas plantas auxiliares (Ford fabrica todos los componentes de sus vehículos: desde el hilo hasta los cristales) con fardos de lana, cigüeñales que pesan miles de pud y flotan por encima de la cabeza, suspendidos de las cadenas de las grúas, pasando al lado de la terminal eléctrica de Ford, la más potente del mundo, salimos a la calle de Woodward.

Mi compañero de grupo, un antiguo trabajador de Ford que abandonó la fábrica al cabo de dos años a causa de una tuberculosis, también acaba de verla entera por primera vez. Comenta con rabia: «Lo que enseñan es la parte noble. Yo lo llevaría a las herrerías en River Rouge, donde la mitad de la gente trabaja en medio del fuego, y la otra, en medio del agua y el fango».

Por la tarde unos trabajadores de Ford, corresponsales obreros del periódico Daily Worker de Chicago, me contaron:

—Se está mal. Muy mal. No hay escupideras. Ford no las pone, dice: «No quiero que escupáis, quiero que el sitio esté limpio; y si queréis escupir, comprad las escupideras vosotros mismos».

—La tecnología… es la tecnología para él, y no para nosotros.

—Entrega gafas con cristales gruesos para prevenir lesiones oculares. Los cristales son caros. Parece cuidar de los demás. Pues no: lo hace porque si pone cristales finos, adiós al ojo, y hay que pagar una indemnización; y si se usan cristales gruesos, el golpe solo deja arañazos superficiales en los cristales. Al cabo de dos años los ojos se estropean igual, pero no tiene que indemnizar nada.

—Tienes quince minutos para comer. Comes de bocadillo al lado de la máquina. Aquí sí que vendría bien un código de trabajo que estableciera la obligatoriedad de disponer de un comedor separado.

—A la hora de pagar no se tienen en cuenta los fines de semana.

—Y a los miembros de los sindicatos no los admiten del todo. No hay biblioteca. Solo hay una sala de cine, y las únicas películas que ponen son las que enseñan a trabajar más rápido.

—¿Cree que no tenemos accidentes? Pues claro que sí. Pero nadie escribe sobre ellos jamás, y trasladan a los heridos y a los muertos en un coche normal de Ford, no en uno con el rótulo de una cruz roja.

—El sistema funciona en apariencia con jornales (por una jornada laboral de ocho horas). En realidad es trabajo a destajo puro y duro.

—¿Y cómo podemos luchar contra Ford?

—Está lleno de agentes secretos, provocadores y miembros del Klan. Hay un 80% de extranjeros en todas las plantas.

—¿Cómo vas a hacer propaganda en cincuenta y cuatro idiomas?

A las cuatro de la tarde me quedé en la puerta de la fábrica de Ford, observando el turno que salía de trabajar: la gente subía a los tranvías y se dormía al instante, completamente agotada.

Detroit tiene el récord de divorcios. El sistema de Ford vuelve impotentes a los trabajadores.

lunes, 21 de septiembre de 2020

¿POR QUE MINTIO KAPUSCINSKI? KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domolawski

Evitando el periodismo de manada, aprendiendo de Kapuściński
¿POR QUE MINTIO KAPUSCINSKI? KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domolawski


–¿Por qué las personas se inventan cosas? –le pregunto a Wiktor Osiatyński. 

–Para convencerse a sí mismas de que son mejores de lo que en realidad son, para demostrárselo a alguien, para ocultar algún punto débil... Por ejemplo, un cobarde se inventará su valentía; alguien agresivo, su tolerancia. Por lo general falseamos aquello que nos duele. Conocí a un hombre que contaba con todo detalle historias sobre un padre y una familia que nunca tuvo. En el caso de un escritor de no ficción como Rysiek hay un motivo añadido, como es el deseo de hacer más atractivo aquello sobre lo que se escribe, para animar a la lectura o para llamar la atención sobre su persona. Las fabulaciones suelen aparecer cuando alguien no tiene seguridad en sí mismo y debe infundirse algún sentimiento o simular algo. No significa que lo necesite forzosamente, pero él así lo siente. Por lo que usted ha podido determinar, ¿diría que Rysiek inventó cosas todo el tiempo, o en algún momento de su vida las fabulaciones desaparecieron? 

–Más bien desaparecieron, aunque hay alguna excepción... 

–Eso confirmaría mis presentimientos. Cuando se hizo famoso y le llegó el reconocimiento, cuando se sintió mas seguro y no tuvo que demostrarle nada a nadie ni a sí mismo, entonces dejó de inventarse cosas. 

–Algunas fabulaciones las mantuvo, no las desmintió. 

–Es comprensible. Resulta muy difícil retractarse de una fabulación, sobre todo para un reportero. Si hubiera reconocido que se había inventado cosas, alguien podría poner en tela de juicio todo lo que ha escrito. Además, cuando alguien se inventa cosas se pone en marcha un singular mecanismo psicológico: después de algún tiempo él mismo empieza a creerse lo que se ha inventado y llega a la convicción de que está diciendo la verdad. «Desmentir» exige un esfuerzo inmenso, ser valiente y conocerse muy bien a uno mismo. 

–¿Qué pudo impulsar a Rysiek, por ejemplo, a sugerir durante nuestra conversación que había estado presente en la plaza de Tlatelolco cuando se produjo la masacre del año 1968? 

–Creo que en este caso se manifestó una fuerte necesidad de identificarse con un gran mito, con un gran acontecimiento histórico. Llegó a México poco después de la matanza, sintió el ambiente de ese suceso y se identificó con él.

domingo, 20 de septiembre de 2020

EL SACO DE TESALONICA, de Juan Cameniata

EL SACO DE TESALONICA, de Juan Cameniata



 Quienes de los presos había que tenían noticia exacta de lo que antes habían ocultado, revelaban enseguida su identidad para entregarlos con urgencia a cambio de su vida. Quienes reconocieron que no tenían nada, pero habían arreglado el acuerdo solo sobre vanas esperanzas, recibieron la muerte decretada inequívocamente para los de su condición. Así pues, en ese momento algunos bárbaros ya son asignados para ese cometido: llevar a sus casas a los que querían entregar lo suyo y, si había algo con lo que saciar el ojo ávido, estos merecían salvarse y contarse de nuevo entre los cautivos; si, por el contrario, eran cosas baratas o modestas o el enviado no estaba satisfecho con lo que estimasen, se los pasaba a espada. De ahí que el peligro para los sojuzgados no fuese pequeño, porque muchos fueron excluidos del grupo de los que tenían algún material precioso"

miércoles, 16 de septiembre de 2020

EL NAZI QUE ARRESTO A ANNA FRANK. GOETHE EN DACHAU, de Nico Rost

EL NAZI QUE ARRESTO A ANNA FRANK. GOETHE EN DACHAU, de Nico Rost



"...di la dirección de Silberbauer a un periodista holandés, con el convencimiento de que los holandeses tenían derecho siquiera a una sola entrevista. Cuando el holandés fue a ver a Silberbauer, halló al inspector de policía (segunda graduación inferior en la policía austríaca) de muy mal talante. Decía que le habían forzado contra su voluntad. 

—¿Por qué meterse conmigo ahora después de tantos años? Yo no hice más que cumplir con mi deber. Ahora acababa de comprarme unos muebles a plazos y van y me dejan sin empleo ¿Cómo voy yo a pagar los muebles? 

—¿No siente remordimientos de lo que hizo? —le preguntó el reportero. 

—Claro que lo siento y a veces me siento humillado. Ahora, cada vez que tomo un tranvía tengo que pagar billete como todo el mundo, porque ya no tengo pase. 

—¿Y en cuanto a Ana Frank? ¿Ha leído su Diario? 

Silberbauer se encogió de hombros: 

—Compré el librito la semana pasada para ver si salgo yo. Pero yo no salgo. 

El periodista añadió: 

—Millones de personas han leído ese libro antes que usted, y usted hubiera podido ser el primero en leerlo. 

Silberbauer le miró sorprendido. 

—Y que lo diga. Es verdad. Nunca se me había ocurrido. Quizá debí recogerlo del suelo. Si lo hubiera hecho, nadie hubiera oído hablar de él ni de Ana Frank."

martes, 15 de septiembre de 2020

VIAJAR. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

VIAJAR. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

GAZIEL · El Corte Inglés    Las modernas vías férreas han quitado a los hombres la más grata y esencial de las emociones que se experimentan durante un viaje. Viajar no es propiamente recorrer con la mayor velocidad posible la distancia que media entre dos puntos de la superficie terrestre. En este caso, lo que se hace no es viajar, sino simplemente trasladarse. Los viajes modernos se caracterizan casi siempre por la rapidez, que es un elemento económico, a costa de la contemplación, que es un impulso emotivo. Un hombre moderno se acuesta en Berlín y se despierta en Roma, sin que tenga la más mínima idea de los vastos y ricos aspectos que la variedad de la naturaleza ha esparcido en el tránsito de aquellas grandes ciudades. Y así los hombres de hoy —enjaulados en la cárcel monótona de los trenes veloces, rodeados de gentes desconocidas, mustias y soñolientas, viendo desfilar vertiginosamente los panoramas serenos, a través del pentagrama de los hilos telegráficos que bordean la ruta— han perdido en gran parte la prístina noción que del viajar tenían nuestros abuelos cuando, arrellanados en el fondo de una silla de postas, iban tan sólo de Chartres hasta París, en íntimo y apacible contacto con la naturaleza.

lunes, 7 de septiembre de 2020

NECESITO VIAJAR. AMERICA, de Vladimir Maiakovski

NECESITO VIAJAR. AMERICA, de Vladimir Maiakovski
    Necesito viajar. Para mí, el contacto con todo lo que respira vida sustituye casi a la lectura de libros. El viaje emociona al lector de hoy. En lugar de historias ficticias, supuestamente curiosas, sobre temas, imágenes y metáforas aburridas, surgen experiencias interesantes por sí solas.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

EL PRIVILEGIO DE LA NATURALEZA SALVAJE. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

Doug Peacock - Posts | Facebook

EL PRIVILEGIO DE LA NATURALEZA SALVAJE. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

    Caminamos por la orilla pedregosa del lago hasta el pequeño claro y montamos la tienda. Habíamos avanzado menos de doce millas ese día, pero daba la impresión de que eran más. Nos acurrucamos en los sacos de dormir: compartir un lugar como aquél sabía a gloria. Acabábamos de atravesar el corazón de las tierras altas de Montana, para llegar a ese puerto de montaña salvaje y alejado de cualquier camino. El viento de la tarde se levantó y cerramos la cremallera lateral de la tienda contra el que soplaba; nos quedamos observando, a través de la solapa opuesta, la superficie fría del lago alpino. Vivir era un privilegio, ese día un regalo, y la naturaleza bella y severa, el águila dejando caer la ardilla.

martes, 1 de septiembre de 2020

COMO SE RECLUTABAN NUEVAS VIGILANTES PARA LOS CAMPOS DE EXTERMINIO. PRISIONERA DE STALIN Y HITLER, de Marguerete Buber-Neumann

COMO SE RECLUTABAN NUEVAS VIGILANTES PARA LOS CAMPOS DE EXTERMINIO. PRISIONERA DE STALIN Y HITLER, de Marguerete Buber-Neumann

    Para controlar a las diez mil detenidas, las SS precisaban cada vez de más vigilantes. A este fin Bräuning emprendió algunos viajes con el fin de reclutarlas. Por ejemplo, se trasladó a la fábrica de aviones Heinkel e hizo llamar a su presencia a las trabajadoras; con elocuentes palabras manifestó que se buscaba personal adecuado para un campo de reeducación, donde tendrían que desempeñar únicamente trabajos de vigilancia. Describió con vivos colores las encantadoras viviendas, la alimentación excelente y sobre todo el elevado sueldo que allí les esperaba.
    Como era lógico, no utilizó en ningún momento la expresión «campo de concentración». Su artimaña no podía fallar, pues para cualquier operaría de la industria bélica era preferible, en lugar de un trabajo corporal duro y en condiciones desfavorables, el aceptar un cargo tan ventajoso como aquél. Después de cada uno de los viajes del director de la prisión preventiva, se presentaban a solicitar las plazas veinte o más obreras. Antes de recibir sus uniformes, de color gris, se presentaron a la vigilante jefe. En su mayor parte acudían pobremente vestidas, atemorizadas e intimidadas por la disciplina; muchas no se habían dado cuenta aún de la categoría de su misión. La Langefeld les dijo dónde tendrían que vivir, dónde podrían proveerse de sus uniformes y cuándo empezaban el servicio. Por la ventana se las veía caminar desorientadas, en grupos, asustadas ante el estado de las prisioneras. En algunas de ellas se operó una transformación definitiva después de uniformadas. La arrogancia que prestaban las botas altas hacía que las cosas fueran sustancialmente distintas.

    Cada «nueva» fue adscrita a una vigilante experimentada, a la que tenía que acompañar por la mañana, cuando salían las columnas de trabajo. En los primeros días de su existencia como vigilantes, la mitad de ellas se presentaban llorando al cuarto de la vigilante jefe y pedían ser liberadas de sus obligaciones. Allí se les hacía ver claramente que solamente el director de la prisión preventiva o el comandante podían desligarlas, pero pocas se atrevieron a dar este paso. El temor de presentarse a un oficial y quizá ser tratadas groseramente las detenía; otras temían ponerse en ridículo al tener que volver a la fábrica; al mismo tiempo, esta ocupación, si bien desagradable, era menos fatigosa y estaba muy bien remunerada.
    El comandante y el director de la prisión preventiva ponían al corriente de sus deberes a las nuevas vigilantes. Les describían a las detenidas como mujeres inferiores ante las que había que conducirse con todo rigor. También se insistió convenientemente sobre la importancia de su nueva misión, y no faltaron las advertencias para que respetaran las órdenes de servicio, amenazándolas principalmente con castigos si osaban mantener cualquier contacto personal con la escoria que constituían las detenidas en el campo de concentración. Cada dos días tenían lugar nuevas llamadas a las vigilantes y se les predicaba severidad y rigor. Desde entonces, su sociedad diaria eran las vigilantes mandonas, gruñonas y apaleadoras y no rara vez también las «detenidas instructoras» y prisioneras sucias, mal encaradas y serviles. En su tiempo libre, las nuevas vigilantes solían reunirse con miembros de las SS. Pronto se dieron cuenta de que las más feroces eran las que tenían más éxito con aquellos hombres, y se ufanaban ante ellos de sus proezas. Excepto la que conservaba un resto de principios morales, cualidad que al llegar a conocimiento de la dirección del campo dio lugar a su expulsión antes de los tres meses de haber llegado, las demás ofrecieron el triste espectáculo de igualarse en saña y crueldad a las vigilantes antiguas: a los quince días ya denunciaban y golpeaban a las detenidas por las menores faltas.
Dorothea Binz y su 'placer malévolo' en el campo de Ravensbrück
   También se dio el caso de mujeres que, desde cualquier puesto de trabajo, eran enviadas a Ravensbrück en calidad de vigilantes. Esto ocurría por lo general cuando alguna había rehusado una o dos veces el cargo asignado; a la siguiente negativa se enfrentarían con una acusación judicial, por lo que tenían que claudicar. También se evitaba hablar de «campo de concentración».

viernes, 21 de agosto de 2020

IDA VITALE

 IDA VITALE

"Caminar despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo."


miércoles, 19 de agosto de 2020

LAS ESCLAVAS DE LA COMPAÑÍA SIEMENS EN EL CAMPO DE EXTERMINIO DE RAVENSBRUCK. PRISIONERA DE STALIN Y HITLER, de Margarete Buber-Neumann

Margarete Buber-Neumann sufrió la represión de de los dos totalitarismo más representativos del siglo XX: el nazismo y el comunismo. A la derecho se la puede ver testificando a favor del desertor soviético Victor Kravchenko quien en su libro "Elegí la libertad" describe su vida dentro de la Rusia comunista y deja en evidencia las semejanzas entre el nazismo y el comunismo.
LAS ESCLAVAS DE LA COMPAÑÍA SIEMENS EN EL CAMPO DE EXTERMINIO DE RAVENSBRUCK. PRISIONERA DE STALIN Y HITLER, de Margarete Buber-Neumann
Los barracones de trabajo de la empresa Siemens habían sido construidos por prisioneros, y sólo desde hacía algunas semanas había sido puesto en funcionamiento el primero. Había unas cincuenta mujeres devanando carretes y montando relés. Antes de ser admitida al trabajo, cada prisionera tenía que probar su habilidad e inteligencia. Tenía que curvar un alambre en una forma determinada y doblar un papel según el esquema fijado. También era examinada su agudeza visual. El ingeniero Grade, que llevaba ya quince años al servicio de la empresa Siemens & Halske, seleccionaba cuidadosamente a las más aptas entre las que se le enviaban.
El trabajo estaba organizado de igual modo que en las fábricas Siemens de obreros libres. Las prisioneras bobinadoras y las montadoras de relés eran dirigidas y controladas por trabajadoras más antiguas. El jefe de esta «filial de Ravensbrück» era el ingeniero Grade. Aparte de esto, gobernaba cada barracón de trabajo una vigilante SS, como representante de las autoridades del campo de concentración.
Para cada prisionera se abrió una ficha con el apellido, nombre, fecha de nacimiento y profesión, y en la que se anotaban además los resultados de los exámenes y el puesto más adecuado. Cada prisionera tenía una tarjeta de salarios en la que se inscribía el trabajo realizado y el jornal por el trabajo hecho, que correspondía al de un obrero libre en la Siemens. Al final de cada semana se inscribía la suma de jornales y las horas de trabajo de tal modo que pudiera verse lo que ganaba cada operaría; naturalmente, ésta no recibía ningún dinero. La Siemens pagaba al campo de concentración todos los salarios de todas las esclavas. Por este sistema se averiguaba fácilmente qué prisioneras no alcanzaban los cuarenta peniques que tenían fijados por hora. Si se repetía esta negligencia recibía una reprensión severa de la jefe del taller; si esto no servía, se requería la intervención de la vigilante, quien extendía un parte que llevaba a la prisionera al calabozo o al bloque correccional. También se trabajaba horas suplementarias —según los casos, hasta cinco—, como una forma de trabajo forzado. Todo obra de la nombrada empresa Siemens; la que culminaba su tarea recibía unos vales de poder adquisitivo proporcionado al trabajo, que podían utilizarse como moneda en la cantina. Pero en los últimos años sólo se vendía sal y unas repulsivas empanadas de pescado.
Yo me ocupaba principalmente de la correspondencia del señor Grade con la dirección del campo de concentración. En este ingeniero civil había un malogrado gerifalte de las SS; no tenía el menor escrúpulo en denunciar a la vigilante las prisioneras con pocas ganas de trabajar y en exigirle que actuara. Cuando encontraba una prisionera, a su juicio inútil, no dudaba en ponerlo en conocimiento de las autoridades del campo. Para él era evidente que las reclusas no podían gozar de ningún derecho. Yo supe luego que el impulso principal de este celo era el deseo de hacer carrera y el miedo a la guerra. Mientras se le considerara indispensable, la empresa Siemens le reclamaría a su servicio.
Cada prisionera tenía un lugar de trabajo reservado. El espacioso barracón estaba dotado de una potente iluminación eléctrica. El trabajo de las mujeres consistía en bobinar, montar, ajustar, comprobar y embalar los relés que iban a ser utilizados en aparatos telefónicos y en dispositivos de lanzamiento automático de bombas. También se fabricaban interruptores y aparatos telefónicos. Para cualquiera de estos trabajos se requería un cierto grado de experiencia y el máximo de interés.
Las dictaduras de Hitler y de Stalin han demostrado que la industria moderna puede ser perfectamente desarrollada con esclavos; tan sólo hace falta no permitir que falten hombres ni materia prima. Los campos de concentración rusos, al igual que los alemanes, fueron instituidos para aislar a los enemigos del Estado, y ambos sistemas coinciden en su desprecio al individuo y en considerar lícita su utilización como esclavos.

martes, 11 de agosto de 2020

ATAQUES DE OSOS GRIZZLY. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

Grizzly Country - Film by Ben Moon — Grizzly Country
Grizzly Man's Last Stand - Doug Peacock and Rick Bass Hunting ...
ATAQUES DE OSOS GRIZZLY. MIS AÑOS GRIZZLY, de Doug Peacock

    A menos de quince millas del lugar donde me encontraba, los grizzlies habían matado a cinco personas en las últimas dos décadas. El número, elevado, refleja la cantidad de personas que abarrotan estas magníficas montañas alpinas cada verano. Mientras sigamos insistiendo en embutir a hordas de personas en cada cuenca de montaña, habrá conflictos y muertes ocasionales. Aquí arriba hay senderos trillados y sencillos que llevan hasta el último rincón de la naturaleza: los grizzlies no tienen ningún sitio adonde ir.
    La primera de estas muertes ocurrió en agosto de 1967, cuando una joven y su pareja acamparon cerca de un chalet en medio de la naturaleza. Estos chalets se construyeron durante las primeras décadas del siglo XX , cuando el Servicio de Parques Nacionales intentaba vender la idea de la conservación del territorio atrayendo a un gran número de turistas, y el ferrocarril intentaba capitalizarla. El Parque de los Glaciares acabó contando con dos de dichos chalets históricos, que ofrecen una buena cama y sirven hasta tres copiosas comidas al día en el corazón de la naturaleza.

    Uno de esos chalets arrojaba su basura a una hondonada, atrayendo deliberadamente a los grizzlies para que se alimentasen. A trescientas yardas de distancia había una zona de acampada, donde la joven pareja estaba pasando la noche, hasta que en mitad de la madrugada un grizzly los despertó. El oso atacó al hombre y arrastró a la mujer, que no dejaba de gritar, hacia las tinieblas. Fue abandonada viva, pero con heridas mortales, a cien yardas de distancia. La operación de búsqueda y rescate que podría haberle salvado la vida se aplazó hasta el amanecer, y la joven murió poco después de que la encontrasen. 

    La segunda muerte se produjo el 23 de septiembre de 1976, cinco millas al este de ese mismo chalet, en el campamento del glaciar Many. Un grupo de cinco estudiantes de la Universidad de Montana había montado sus tiendas en el comienzo de la ruta que pretendían recorrer, pero que encontraron «cerrada» a causa de los osos. Mary Pat, una de las jóvenes y víctima del ataque, era amiga de un escritor de Missoula, Bill Kittredge, que luego se convertiría en un buen amigo mío. Yo también había salido ese mismo día y por esa misma zona.

    A las siete de la mañana, un grizzly desgarró la tela de una de las tiendas y entró en ella; luego se retiró unos segundos, antes de volver y arrastrar afuera a la campista más cercana, Mary Pat, que estaba en su saco de dormir cuando el oso la mató. Aunque esa misma mañana el Servicio del Parque ejecutó a dos grizzlies adolescentes, el Dr. Charles Jonkel, uno de los miembros del comité de investigación que se ocupó del accidente, cree que el verdadero culpable fue un macho más viejo, al que capturaron un tiempo después. No se podía culpar a nadie: las jóvenes estaban bien informadas y mantuvieron el campamento limpio. «Lo hicieron todo bien», dijo el Dr. Richard Knight, líder del Grupo de Estudio Grizzly de la Interagencia de Yellowstone.

    Quince millas más al este, en la frontera entre el Parque de los Glaciares y la Reserva de los Pies Negros, dos jóvenes murieron tras el ataque de un macho grizzly de cinco años, el 24 de julio de 1980. La agresión se produjo en el límite del término municipal de St. Mary, mientras el oso responsable regresaba del vertedero de la ciudad, donde había estado alimentándose de un caballo muerto. Inspeccioné el lugar una semana después del ataque mortal, acompañado por Ed Abbey, que había llegado de Tucson y estaba de visita. La pareja estaba durmiendo fuera de la tienda —hacía calor—, junto a un diminuto arroyo que atravesaba una arboleda de sauces. El estrecho desfiladero era un sendero natural transitado por los animales. Cuando el grizzly se percató de la presencia de la pareja, a primera hora de la mañana, junto al arroyo ruidoso, tenían que separarlos unos pocos pies. Fuimos a ver el sitio: un pequeño álamo crecía justo al otro lado del riachuelo, y la muralla de matorrales que rodeaba el lugar parecía claustrofóbica. La idea de encontrarnos allí en plena noche con un oso nos provocó tal escalofrío que nos retiramos ipso facto . Las señales en el terreno y la naturaleza de las heridas del hombre joven dejaban claro que había luchado valiente y desesperadamente por la vida de ambos. Como le conté a Ed, el tipo era hermano de un amigo mío, que a su vez había sido atacado por un grizzly en el Parque de los Glaciares. Mi cabeza nunca aceptará ese desarrollo tan sumamente inverosímil de los acontecimientos.

    La muerte por ataque de grizzly más reciente en esa zona se produjo la última semana de septiembre de 1980, aunque nadie sabe la fecha exacta porque sólo se encontraron un fragmento de cráneo y varios trozos de fémur mordisqueados: el oso se había comido todo lo demás. El reloj automático Seiko de la víctima se había detenido a la una y media del mediodía del 28 de septiembre. Un amigo mío dio con sus restos en un bosque de sauces, en el margen inferior del lago Elizabeth, el 3 de octubre, después de divisar su campamento destrozado desde un helicóptero. Se encontró una prenda de vestir en la zona, y también otra camiseta manchada de sangre entre los sauces, cerca de los huesos.
Doug Peacock busca la naturaleza salvaje en "Mis Años Grizzly ...
    La víctima era un treintañero, un expiloto de Texas que viajaba solo. Decían que le había enviado una postal por correo a su madre justo antes de su última excursión. La postal tenía impresas unas huellas de oso, y había una flecha apuntando a ellas con la inscripción: «Éste es el oso que va a comerme». El texano era algo más que un hombre al que le gustaba viajar solo —actividad desaconsejada por las autoridades del parque—. Era un hombre espiritual, y siempre me refiero a él como «el Cristiano», por su costumbre de llevar varias Biblias y otras obras de literatura religiosa en su mochila. Se encontró una pequeña cámara cerca de los restos de su tienda y las autoridades revelaron el carrete. En las últimas cuatro fotos —de las que me hablaron, pero que nunca vi con mis propios ojos— había una imagen de su campamento por la tarde. Otra foto, tomada unas horas después ese mismo día, mostraba el campamento destruido. La penúltima imagen era la de su tienda resucitada de la carnicería, y la última mostraba parte de su campamento destrozado y una mancha marrón borrosa en la ladera que había detrás.

    Había que tener un valor o una estupidez inauditos para instalar una tienda donde apenas horas o minutos antes un oso había destrozado el campamento. Me lo imagino apelando a su fe, a la espera del grizzly en la tienda; acaso intentando huir hacia el agua por los troncos, sólo para ser cazado y arrastrado de nuevo entre los sauces. Nunca lo sabremos. Pero parece que ese oso tenía intención de matar y devorar a un ser humano. Nunca nadie había visto algo así. Mataron a un oso, claro. Probablemente era el grizzly que se comió al Cristiano, pues tenía una etiqueta en la oreja y un breve historial de problemas con humanos.

    Pero ¿qué pasaría si el verdadero asesino hubiese escapado? Me imagino a punto de entrar en un valle de montaña sobre el que pende la leyenda de un grizzly asesino: sería imposible tener las mismas sensaciones sabiendo que un devorador de hombres comparte la cuenca contigo. El valle no tendría tantos visitantes y yo no dormiría bien por las noches. Además, puede que no quedase otro lugar que pareciese tan salvaje o formidable en todo el país.

    Yo estaba allí en 1976 y 1980, en esos fatales días de septiembre, y puedo dar fe de la irritabilidad generalizada y la actitud agresiva de los osos. Pero el 23 de septiembre de 1976 noté algo más: percibí un olor a orina en el viento, y luego el hedor inconfundible de algo muerto y en descomposición. Nunca localicé la fuente de esos olores, ni encontré oso alguno, salvo por el instante en que distinguí a un llamativo grizzly rubio que, misteriosamente, se desvaneció de inmediato.

    Tenía la sensación de que algo iba mal —no era nada lógico, pero la sensación era tan convincente que confié en ella—. Lucas y Lisa estaban conmigo. Al principio sólo estaba un tanto alarmado, pero cuando volví a percibir ese olor particular rocé el pánico.

    Corrí hasta ellos, los aparté del sendero y les grité: «Fuera de aquí cagando leches». Me miraron fijamente, inmóviles.

    «¡Que os vayáis, hostias!», grité, para evitar confusiones.

    Nos marchamos de allí. Nunca antes, ni desde entonces, he tenido una sensación tan intensa de peligro inminente en territorio grizzly. Fue el día de la muerte de Mary Pat.
Grizzly defender Doug Peacock's last stand | by Mountain West News ...
    La depredación de humanos por parte de los osos es extremadamente insólita. La depredación de cualquier cosa por parte de los grizzlies es, en la mayor parte de los casos, oportunista, ya que suelen alimentarse de animales muertos. La mayoría de historias sobre osos que matan y devoran a personas se basa en hechos nebulosos, aunque ha habido insólitas excepciones. La mayor parte de casos documentados sucedieron por la noche, cuando la gente estaba en su saco de dormir, a veces dentro de la tienda. Estos acontecimientos son poco comunes y los grizzlies implicados suelen tener experiencia previa con alimentos o basura humana. Sólo conozco dos ejemplos de humanos devorados por grizzlies a plena luz del día, y uno de ellos era el del Cristiano. Pero, aparte de este puñado de hechos y este temor primitivo, poco más se puede decir. Este comportamiento de los grizzlies no puede rechazarse y ser tildado, simplemente, de «antinatural». Es la materia de la que están hechas las pesadillas.

miércoles, 1 de julio de 2020

TEISTAS Y ATEOS. LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Ian McEwan: Hoben-ordaina | Katakrak
TEISTAS Y ATEOS. LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan


—¡Estos píos monoteístas! La mezquindad, la intolerancia, la ignorancia, la crueldad que han desatado con sus certezas…

—Es un Dios que ama y perdonará a Bernard.

—Podemos amar sin un dios, muchas gracias. Detesto la forma en que los cristianos han secuestrado esa palabra.

Estas voces se instalaron en mí, me perseguían y empezaban a afligirme...

miércoles, 24 de junio de 2020

LO HUMANO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

El director navarro Raúl de la Fuente estrenará en Cannes la ...
LO HUMANO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski


Oh sí 
pasó mucho tiempo 
hasta que aprendí a pensar en el hombre 
como en el hombre 
hasta que descubrí esta forma de pensar 
hasta que cogí este camino 
en esta redentora dirección 
y al hablar del hombre o pensando en él 
dejé de hacer preguntas 
de si es blanco o es negro 
anarquista o monárquico 
seguidor de la moda o de lo rancio 
si es de los nuestros o de los otros 
y empecé a preguntar 
qué hay en él de humano

lunes, 22 de junio de 2020

LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Los perros negros - McEwan, Ian - 978-84-339-1189-6 - Editorial ...
LOS PERROS NEGROS , de Ian McEwan

Cuidar de ella era bueno para mí. Me mantenía civilizado y alejado de mis propios problemas. Habrían de pasar dos décadas hasta que me sintiese tan arraigado como entonces. Disfrutaba sobre todo las tardes en que Jean y Harper salían, especialmente en verano, cuando le leía a Sally hasta que se dormía y luego hacía mis deberes en la mesa grande junto al balcón abierto al dulce olor de los alhelíes perfumados y el polvo del tráfico. Yo estaba estudiando para mis exámenes de bachillerato en The Beamish, en Elgin Crescent, una escuela preparatoria que gustaba de llamarse academia. Cuando levantaba la vista de mi trabajo y veía a Sally detrás de mí en la habitación medio a oscuras, tumbada de espaldas, las sábanas y los ositos de peluche empujados más abajo de sus rodillas, los brazos y las piernas muy abiertos, en lo que yo interpretaba como una actitud de confianza en la benevolencia de su mundo completamente equivocada, me sentía exaltado por un intenso y doloroso instinto de protección, una punzada en el corazón, y estoy seguro de que ese es el motivo de que luego haya tenido cuatro hijos. Nunca tuve dudas al respecto; en alguna medida uno es huérfano para toda la vida; cuidar niños es una forma de cuidar de uno mismo.

Imprevisiblemente, Jean irrumpía en nuestra habitación, impulsada por la culpa o por un excedente de amor después de hacer las paces con Harper, y se llevaba a Sally a su parte del piso con arrullos y abrazos y promesas sin valor. Era entonces cuando la negrura, el sentimiento de vacío y desarraigo caían sobre mí. En lugar de holgazanear por ahí o ver la tele como otros chicos, yo salía a la noche, bajaba por Ladbroke Grove y me encaminaba a la casa que en aquella temporada me resultase más acogedora...

viernes, 19 de junio de 2020

VIVIR EN LA MONTAÑA. LAS OCHO MONTAÑAS, de Paolo Cognetti

VIVIR EN LA MONTAÑA. LAS OCHO MONTAÑAS, de Paolo Cognetti

—Uno debe hacer lo que la vida le ha enseñado a hacer. Quién sabe, a lo mejor cuando eres muy joven aún puedes elegir otro camino. Pero en un momento dado tienes que parar y decir: vale, esto lo puedo hacer, esto no. Así que me he preguntado: ¿y yo? Yo puedo vivir en la montaña. Me vine aquí solo, y me las arreglo. No es poco, ¿no te parece? Pero se ve que tenía que llegar a los cuarenta años para descubrir que valía para algo.

Estaba agotado y el calor del vino me estaba sentando muy bien, y, aunque no lo habría reconocido, me gustaba oírlo hablar así. Había algo terminante, en Bruno, que siempre me había fascinado. Algo íntegro y puro que admiraba en él desde que éramos niños. Y ahora, en la casita que habíamos construido, estaba casi dispuesto a creer que tenía razón: que la manera adecuada de vivir para él era esa, solo, en pleno invierno, sin nada aparte de un poco de comida, sus manos y sus pensamientos, algo que habría sido inhumano para cualquier otro.


jueves, 18 de junio de 2020

TRABAJAR AL SERVICIO DEL SILENCIO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

Tras 50 años, hoy era el momento de la verdadera "Guerra del ...
TRABAJAR AL SERVICIO DEL SILENCIO. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski


Las personas que escriben libros de historia dedican demasiada atención a los llamados momentos sonados y no prestan la suficiente a los períodos de silencio. [...] El silencio es señal de una desgracia y, a menudo, de un crimen. [...] Necesitan del silencio los tiranos y los ocupantes que velan por que su actuación pase inadvertida. [...] ¡Cuánto silencio emana de los países poblados de cárceles llenas a rebosar! [...] El silencio precisa de un aparato policial gigantesco. Necesita de todo un ejército de delatores. El silencio exige que sus enemigos desaparezcan de repente y sin dejar rastro. No permite que ninguna voz, ya sea de queja, ya de protesta, ya de indignación, turbe su paz y tranquilidad. [...] La palabra «silencio» casi siempre aparece asociada con palabras como «sepulcro» (silencio sepulcral), «campo después de una batalla» (reducir al silencio al enemigo), «mazmorras» (el silencio de las mazmorras). [...] Sería muy interesante que alguien investigara en qué medida los sistemas de comunicación de masas trabajan al servicio de la información y hasta qué punto al servicio del silencio. ¿Qué abunda más, lo que se dice o lo que se calla? Se puede calcular el número de personas que trabajan en publicidad. ¿Y si se calculase el número de personas que trabajan para que las cosas se mantengan en silencio? ¿Cuál de los dos sería mayor? [...] En Guatemala, cuando sintonizo una emisora local de radio y sólo oigo canciones, anuncios de cerveza y una única noticia del mundo, que en la India han nacido hermanos siameses, sé que esa emisora trabaja al servicio del silencio.
                                          LA GUERRA DEL FUTBOL

lunes, 15 de junio de 2020

EL LEGADO DE BISMARCK. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor

Otto von Bismarck - Wikipedia
EL LEGADO DE BISMARCK. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor 

"...La unificación formal de Alemania se produjo 1870, después de la última de las guerras victoriosas de Bismarck, en este caso contra Francia. Guillermo I de Prusia se convirtió en el emperador Guillermo I de Alemania, y Bismarck en su canciller imperial.

En 1862, Bismarck había declarado con tono grave ante el Parlamento: «Las grandes cuestiones del momento no se solucionarán con discursos ni con decisiones adoptadas por mayoría…, sino con sangre y acero». Por desgracia, tenía razón. Y no sólo en cuanto al siglo  XIX, sino también al siglo  XX.
El escenario estaba preparado por lo que alguien definiría como una «revolución desde arriba». Bismarck sería el arquitecto de este desarrollo nuevo, fascinante y aciago...
(...)
El oficial uniformado se convirtió en una figura de gran prestigio y con grandes privilegios, no sólo en las pequeñas ciudades con guarnición militar, sino incluso en la enorme y cosmopolita ciudad de Berlín. Los oficiales ya no podían pegar a los soldados en público, como hacían en el siglo  XVIII, pero tenían asegurado el primer lugar en la cola de una tienda o una mesa en los restaurantes. Esa actitud única de arrogante invulnerabilidad era lo que más sorprendía a los extranjeros que visitaban el país.
(...)
En 1881, el canciller Von Bismarck creó el primer sistema de asistencia social del mundo controlado por el Estado, en gran medida como una manera de frenar la expansión del socialismo entre la clase trabajadora de Alemania. Convenció al emperador para que aprobase un plan de seguridad social contribuyente, a fin de proteger a los trabajadores contra las consecuencias de la pobreza derivada de la enfermedad o la vejez. De esta manera confiaba en mantener a las masas bajo el statu quo autoritario.

Sin embargo, al mismo tiempo que introducía este sistema de seguridad social, que situó Alemania con varias décadas de adelanto sobre el resto del mundo, Bismarck cometió una seria equivocación por la que el país estaría pagando no sólo durante los años en que él ocupó la cancillería, sino durante las décadas futuras. El canciller intentó no sólo ocultar la expansión del movimiento socialista, sino suprimirlo: calificaba a sus integrantes de «ratas… a las que debemos exterminar».

viernes, 12 de junio de 2020

EL VINCULO AFECTIVO ENTRE PERSONAS Y PERROS. EN LA MENTE DE UN PERRO, de Alexandra Horowitz

EL VINCULO AFECTIVO ENTRE PERSONAS Y PERROS. EN LA MENTE DE UN PERRO, de Alexandra Horowitz 

    "El contacto, la sincronía y el ceremonial de saludo con que marcamos los encuentros refuerzan nuestro vínculo con los perros. Y, a su vez, este vínculo nos fortalece. El simple acto de acariciar al perro puede sosegar en unos minutos nuestro mimético sistema nervioso cuando está demasiado activo: el corazón acelerado, una elevada presión arterial, los sudores. Cuando estamos con los perros, suben los niveles de las endorfinas (las hormonas que nos hacen sentir bien) y de la oxitocina y la prolactina (las hormonas que intervienen en las relaciones sociales). Y bajan los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Hay buenas razones para pensar que convivir con un perro proporciona la base social que guarda relación con la reducción del riesgo de padecer diversas enfermedades, desde las cardiovasculares hasta la diabetes o la neumonía, y unos mejores índices de recuperación de las enfermedades que contraemos. En muchos casos, en el perro se produce casi el mismo efecto. La compañía humana puede bajar su nivel de cortisol y las caricias le pueden frenar su ritmo cardíaco acelerado. Tanto para las personas como para los perros, se trata de una especie de placebo, lo que no significa que no sea real, sino que se propicia en nosotros un cambio cuyo agente no se conoce. El vínculo afectivo con una mascota puede actuar como el uso prolongado de fármacos o la terapia conductual cognitiva. Naturalmente, también puede ser contraproducente: la ansiedad provocada por la separación es la consecuencia que sufre el perro que siente un apego tan fuerte que no puede aguantar un breve tiempo de alejamiento.

    ¿Cuáles son los otros efectos del vínculo afectivo? Ya hemos visto lo mucho que los perros saben de nosotros —nuestro olor, nuestro estado físico, nuestros sentimientos—, debido no sólo a su agudeza sensorial, sino también y sencillamente a su familiaridad con nosotros. Con el paso del tiempo, llegan a saber cómo actuamos y olemos y el aspecto que tenemos habitualmente, de ahí que cuando se produce alguna desviación la noten, con una exactitud de la que nosotros no somos capaces. El efecto del vínculo se produce porque los perros se comportan como mejor saben, como sujetos que interactúan de forma social extremadamente bien. Son receptivos y, lo más importante, nos prestan atención."

lunes, 8 de junio de 2020

EL DESCANSO DE LOS OFICIALES NAZIS EN ESPAÑA: EL CASO DE OTTO ERNST REMER. FRANQUISMO S.A., de Antonio Maestre

Otto Ernst Remer - Wikipedia, la enciclopedia libre
EL DESCANSO DE LOS OFICIALES NAZIS EN ESPAÑA: EL CASO DE OTTO ERNST REMER. FRANQUISMO S.A., de Antonio Maestre 

No es una broma del destino que el general nazi y jefe de seguridad de Adolf Hitler, que marcó el inicio de la lucha del fiscal Fritz Bauer por dotar de una memoria histórica incipiente a la Alemania postnazi, acabara refugiado en España. Es la lógica consecuencia de lo que ocurre cuando un país tiene una calidad democrática sana y otro ha dejado pudrirse la dignidad y hace gala del maltrato sistemático a las víctimas amparándose en el olvido y la impunidad. Otto Ernst Remer creó en los años cincuenta el Partido Socialista del Reich, ilegalizado en 1952 después de haber conseguido 16 representantes en la Baja Sajonia; tras varios años de periplo por diversos países, fue condenado en el año 1992 a 22 meses de prisión por «incitación al odio, la violencia y el racismo» por sus escritos negacionistas del Holocausto en la revista Remer Depeche. En el año 1994, en un programa de RTVE llamado Línea 900, Remer se reafirmó en las declaraciones negacionistas al sentenciar que las cámaras de gas fueron una invención sionista y que el holocausto de los judíos es un mito.
Tras la emisión del programa, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón decretó una orden de prisión atenuad para el antiguo oficial de las SS, que fue detenido en el aeropuerto de Málaga, donde residía, antes de un viaje a Madrid. Sin embargo, el fiscal de la Audiencia Nacional pidió su puesta en libertad amparándose en que no existía el principio de «doble incriminación» ya que el delito por el que se le condenó en Alemania no existía en España. Aquí la negación del Holocausto no está tipificada. Finalmente, la Audiencia Nacional denegó la extradición amparándose en dicho precepto de doble incriminación y el criminal de guerra nazi pudo seguir viviendo en Marbella hasta su muerte, en el año 1997, acaecida en su residencia de la urbanización Elviria.

sábado, 6 de junio de 2020

RECUERDO DE LA MUERTE, de Miguel Bonasso

RECUERDO DE LA MUERTE, de Miguel Bonasso

Lamentó no tener encima la Browning. “Estos hijos de puta han dicho que no van a operar en el exterior. Pero ¿quién sabe? Las palabras se las lleva el viento. Y estos cuentan con apoyo de afuera. Afuera se las dan de democráticos. No dicen que son marxistas. Así van ganando el mundo entero. Con mentiras. Y hay imbéciles que hablan de los derechos humanos. Las guerras se ganan con balas, no con derechos humanos. Luego estos imbéciles muy democráticos, muy limpitos, lloran cuando viene el marxismo y a joderse, a ponerse todos el overol. El mundo entero está en peligro y los imbéciles siguen diciendo bonitas palabras. Y nosotros hacemos la tarea sucia. Para que sigan comiendo a la luz de la vela. Para que puedan hacer lo que se les da la gana. No sé... A veces me gustaría que ganaran los marxistas sólo por un día para que estos imbéciles vieran lo que es bueno. Iban a protestar entonces por los derechos humanos. ¡Já! Otra que derechos humanos les iban a dar. Si la tercera guerra mundial ya estalló. Lo que pasa en que es distinta que las otras...” En ese momento entró Halcón y con una rápida mirada lo ubicó entre los escasos parroquianos. Estaba agitado y tampoco tenía ganas de comer. Para contentar al maître pidió un postre y un café. 

Miguel Bonasso - Inicio | Facebook
Se disculpó por la demora: había tenido que ir a la oficina de San Silvestre para hablar a España con el Tigre. Le pasó el parte de las últimas novedades. Del Pelado ni noticias. Se había borrado como si se lo hubiera tragado la tierra. 
Manuel propuso caminar unas cuadras para bajar la comida. 

Mientras recorrían una callejuela sombría experimentó un cambio decisivo. Lentamente comenzó a apoderarse de él un odio feroz por la presa. Por ese escurridizo que ya los había burlado dos veces. Con esa cara de infeliz, de mosquita muerta, era más peligroso que otros que gritaban. "Sabe nuestros nombres”, pensó y le pareció sentir que una gigantesca amenaza se abatía sobre él, sobre sus camaradas y sobre su propia familia. Por un instante, mientras dejaba vagar la vista sobre las baldosas húmedas y Halcón marchaba a su lado silencioso, imaginó al Pelado y a otros sentados en un tribunal, juzgándolo. Concibió que esas locas de pañoleta blanca en la cabeza serían testigos de la acusación. “Acá los únicos criminales de guerra son ellos" se tranquilizó. 

—Es al pedo —murmuró—. Hay que encontrarlo y esta vez va a ser boleta. 

Halcón asintió en silencio.

viernes, 5 de junio de 2020

JUDIOS EN POLONIA. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

File:Henryk Poddębski - Pińsk (131-6399).jpg - Wikimedia Commons
JUDIOS EN POLONIA. KAPUSCINSKI NON-FICTION, de Artur Domoslawski

    Nahum Boneh, testigo del lugar y del momento, y después de la guerra presidente de la Asociación de Judíos Pi ń skianos en Israel, escribirá años después: «[...] para el judío, incluso unirse a un destacamento partisano era peligroso. En aquellos años, al toparse con un judío solo, los no judíos podían matarlo o entregarlo a los alemanes. Entre los partisanos había antisemitas que aprovechaban cualquier ocasión (y eran muchas) para matar al judío, incluso a aquel que luchaba codo con codo con los partisanos». Aunque entre la documentación reunida por Boneh también hay testimonios de ayuda prestada por polacos de Pińsk a sus vecinos judíos, las conclusiones no dejan lugar a ilusiones: «Toda la población no judía de Pińsk contempló indiferente, a veces hasta con agrado, el exterminio de los judíos y la oportunidad de hacerse con sus bienes».

miércoles, 3 de junio de 2020

EL PROXENETA. PIMP, de Iceberg Slim

EL PROXENETA. PIMP, de Iceberg Slim

    "Me ardía la nariz. El pestazo de aquellas putas y el gángster que se estaban fumando eran como cuchillos invisibles rascándome hasta el cerebelo. A pesar de la pila de pasta que había en la guantera, mi talante era peligroso, estaba de muy mala hostia. 

—¡Hostia puta, zorras! ¿Es que alguna de vosotras se ha cagado encima o algo parecido? —dije desgañitándome. 


    Abrí el deflector hacia mí. 

Resultado de imagen de Iceberg Slim
    Durante un largo momento hubo silencio. Entonces Rachel, mi señora puta, dijo con voz complaciente y pelotera: 


—Papaíto, rey, no es a mierda lo que hueles. Hemos estado currando toda la noche. Los coches de esos primos donde damos el callo no tienen baño. Papaíto, fijo que hemos estado empleándonos a fondo para ti. Lo que hueles son nuestros sucios culos de puta. 


    Sonreí con ganas, por dentro por supuesto. Los mejores chulos guardan sus emociones bajo una carcasa de acero. Yo era de los más gélidos. Las putas soltaron risitas ante el burdo gracejo de Rachel. A un chulo le alegra que sus putas rían. Así sabe que aún están bajo su ala."

martes, 2 de junio de 2020

CAZA DE BRUJAS. TIEMPO DE CANALLAS, de Lilian Hellman

Lillian Hellman, “una mujer inacabada” que defendió su ...
CAZA DE BRUJAS. TIEMPO DE CANALLAS,  de Lilian Hellman

"...En aquel momento el presidente del Comité dejó caer nuevas insinuaciones, y Taylor dio una vuelta de 180 grados en sólo dos oraciones:
J. Parnell Thomas: Señor Taylor, ¿está usted en favor de que la industria cinematográfica haga películas anticomunistas, mostrando los hechos del comunismo?

Taylor: Señor congresista, cuando llegue el momento —y acaso no esté muy lejos— de que este tipo de películas sea necesario, creo que el deber de la industria cinematográfica será hacer películas anticomunistas, y que las hará sin vacilación. Desconozco cuándo llegará exactamente el momento, pero estoy seguro de que se harán, y de que deben hacerse.

Un verdadero miembro de partido se encuentra presto siempre a denunciar su propio pasado a la menor provocación; pero Taylor estableció un nuevo record en su breve comparecencia ante el Comité. Éste, por su parte, logró reducir el país a un solo partido, y el norteamericanismo a su propia «línea» ideológica. El Comité había perfeccionado ya su técnica para apropiarse de posturas ideológicas: el arte de aniquilar al enemigo a base de imitarlo.

Por supuesto, el Comité aún criticaba a los comunistas cuando éstos exigían la conformidad ideológica y las conversiones súbitas."

lunes, 1 de junio de 2020

LA VIDA COMÚN EN LA RDA. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor

LA VIDA COMÚN EN LA RDA. EL MURO DE BERLÍN, de Frederick Taylor 

    "...Otra de mis prolongadas visitas a Alemania Oriental estuvo relacionada con la consulta de una serie distinta de pruebas. Esos documentos se hallaban almacenados en el segundo mayor archivo de la RDA, en Merseburg, en las afueras de Halle, a unos doscientos kilómetros al sur de Berlín. Había un pequeño grupo de estudiantes occidentales que aquel verano realizaban trabajos de investigación allí y, como es lógico, pasábamos mucho tiempo juntos. Tomábamos comidas sencillas en las pequeñas y sombrías fondas del pueblo —fuera del escaparate de Berlín Oriental, las cosas se deterioraban con celeridad—, abusábamos un poco de la cerveza barata y charlábamos con los habitantes de la localidad. Ahí es donde empecé a entender a la gente, y me gustó lo que descubrí. Nuestros compañeros bebedores solían ser obreros de Leuna, la enorme fábrica de productos químicos y principal fuente de trabajo de la zona. Nos hablaban sin tapujos de la espantosa contaminación ambiental, de la arrogancia de los directivos de la fábrica, de la falta de escrúpulos en la búsqueda de cuotas y de normas, un revoltijo de resultados tan competitivo como en el mundo de los negocios capitalista. Los sindicatos independientes, o el periodismo de investigación, o cualquier contrapeso de los que podemos hallar en una sociedad plural, con independencia de los errores que puedan cometer, eran, como es lógico, inexistentes en la RDA.

Cinco segundos de vida en cuarenta años de República Democrática ...
    La otra pregunta más frecuente que nos hacían, sobre todo aquellos que no habían cumplido aún los veinticinco años, era: «¿Conoces a los Rolling Stones?». Y mi respuesta: «Sí, claro. Tengo varios de sus álbumes en casa». Una pausa. Suspiro. «No, me refiero a si los conoces de verdad».

    Sin embargo, por muy deseosos que los alemanes del Este estuviesen de hablar, uno empezaba a advertir que la mayoría a menudo fruncían los ojos y observaban de reojo antes de atreverse. Miraban a su alrededor para asegurarse de que ningún desconocido les estaba escuchando, luego empezaban a hablar: por lo general se quejaban de la escasa calidad de todo lo que podían adquirir en las tiendas, ya que cualquier artículo decente se destinaba a la exportación para obtener divisas fuertes. De política «en mayúsculas» apenas se hablaba. Entonces aparecía aquella mirada de reojo, una mirada característica de una gente atrapada en un pequeño país sin salida, un país donde expresar disconformidad, o siquiera un ligero deseo de viajar, te exponía a que fueras acusado de traición.
     Por supuesto, también estaban aquellos para los que la vida en la RDA era estupenda; fantástica, de hecho. Pude comprobarlo también en mi viaje a Merseburg. Se suponía que debíamos quedarnos en el distrito para el cual nos habían concedido el visado, pero, como los insolentes mocosos capitalistas que éramos, cuando llegaba el fin de semana ignorábamos esa norma. Nos apretujamos en un tren que nos llevó en un ilícito viaje de un día a la capital cultural de Alemania, a Weimar, donde habían residido Goethe y Schiller. Tuvimos suerte. En Weimar había bastantes turistas, de modo que nuestra presencia no llamó la atención. Además, tuvimos la fortuna de que nadie comprobó nuestros visados. Aquella tarde de domingo, antes de coger el tren de regreso a Merseburg, nos acercamos al mejor hotel de la ciudad, el Zum Elefanten, y bajamos al sótano para encargar algo de cena.
Cinco segundos de vida en cuarenta años de República Democrática ...
   Allí nos encontramos con la habitual mirada apática de los camareros empleados del Estado, entrenados al parecer para no prestarte atención. Esperamos mucho para que nos sirvieran las bebidas, y todavía más para que nos trajeran el menú. Al poco rato, en una esquina, empezó a llamarnos la atención un grupo de hombres de mediana edad, no especialmente distinguidos. Un poco escandalosos, en realidad. Flojas las corbatas, las chaquetas de sus trajes baratos colgadas de los respaldos de las sillas. Sin embargo, los camareros respondían como un rayo a todas sus peticiones, al menor chasquido de sus dedos manchados de nicotina, y les sonreían por cualquier comentario banal. Con actitud servil, de hecho. ¿Cómo era eso posible? Luego, al pasar junto al grupo en dirección al guardarropa, comprendí la razón. Observé la pequeña insignia del partido primero en la solapa de una de las chaquetas, y acto seguido en otra. Aquéllos eran los jefes locales comunistas (dei SED, el Partido Socialista Unificado). Años más tarde reconocería algunas similitudes entre esa escena y la película Uno de los nuestros, de Martin Scorsese, donde un matón relacionado con la mafia se presenta en un restaurante y, al ver que le consideran uno de los suyos, él se siente como un rey…"

martes, 26 de mayo de 2020

NEIL GAIMAN

     “Lo único que tienes y que nadie posee eres tú mismo. Tu voz, tu mente, tu historia, tu visión. De modo que escribe y dibuja y construye y juega y baila y vive como solo tú puedes hacerlo”
Neil Gaiman: Descúbrelo

domingo, 24 de mayo de 2020

LOS COMITÉS REVOLUCIONARIOS. TRES PERIODISTAS EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. CRÓNICAS, de Arturo Barea

LOS COMITÉS REVOLUCIONARIOS. TRES PERIODISTAS EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS. CRÓNICAS, de Arturo Barea 

    "Pero a los cuatro o cinco días de haberse instalado en los Ayuntamientos o en las Casas del Pueblo los comités revolucionarios hubo un momento de crisis en la revolución. España no secundaba el movimiento; las tropas venían; Oviedo resistía aún. En este instante, el día 11 o el 12, los primitivos Comités revolucionarios se consideraron derrotados e iniciaron la desbandada. Acto seguido apareció en primera fila la fuerza revolucionaria de las juventudes, que tomó de las manos de los viejos dirigentes las riendas del movimiento. Estas juventudes, trabajadas por una propaganda soviética intensísima, conocían al dedillo la casuística de la táctica revolucionaria comunista y, según sus patrones rusos, fielmente seguidos, determinaron que era llegado el momento de salvar la revolución por el terror. Decretaron, pues, el terror, y la primera medida a ponerse en práctica, según sus textos, era el fusilamiento de los rehenes tomados a la burguesía. Tengo la impresión de que así se dispuso, no sé si por una orden superior o por tácito acuerdo de los nuevos comités de cada pueblo. Del 12 al 13 de octubre, si los revolucionarios hubieran sido esos autómatas de la revolución que ellos creían ser, hubieran perecido en Asturias centenares de seres inocentes. Pero, felizmente para España, la calidad de español es todavía más fuerte que ese ciego doctrinarismo marxista que convierte a los hombres en autómatas. Cuando, según rezaba la tabla revolucionaria, los rehenes debían haber sido ejecutados, surgieron unos centenares de revolucionarios en los que fue más fuerte el sentido nacional de lo humano que el sometimiento a una táctica implacable, y se opusieron a que aquellos horrendos crímenes se perpetraran. Conozco detalladamente el curso de este episodio de la revolución en diez o doce pueblos. Los miembros del primer comité luchan con los del segundo comité para salvar la vida de los prisioneros. En todos lo consiguen, menos en uno, en Turón, donde la inhumana sentencia se cumple inexorablemente, y los rehenes —el director de la mina, unos capataces, unos religiosos y unos militares— son fusilados fríamente junto a las tapias del cementerio. He hablado largamente con el sepulturero de Turón.
Resultado de imagen de ARTURO BAREA, Tres periodistas en la revolución de Asturias

    «El día antes —me dice— me llamaron los del Comité y me ordenaron que cavase unas fosas y las tuviese abiertas. Uno es sepulturero y su obligación es cavar las fosas que le manden. Yo estuve cavándolas, como era mi deber y no quise meterme en más. De madrugada vinieron a buscarme a mi casa para que fuese al cementerio con las llaves, abriese y diese sepultura a unos cadáveres. Yo no podía negarme; me mandaban a hacer mi trabajo. Allí, junto a la tapia, estaban los muertos. Los cogí, los enterré y me fui a dormir. Esto es todo»."

viernes, 22 de mayo de 2020

EL SPINOZA DE LA CALLE DEL MERCADO, de Isaac B. Singer

Las mejores ofertas en Libros en Rústica Isaac Bashevis Singer | eBay
EL SPINOZA DE LA CALLE DEL MERCADO, de Isaac B. Singer
    "Poseía un pequeño telescopio que había comprado cuando estudiaba en Suiza, y disfrutaba al utilizarlo sobre todo para contemplar la Luna. Llegaba a distinguir claramente sobre la superficie lunar los volcanes bañados en la luz del Sol, así como los oscuros cráteres sumidos en la sombra. No se cansaba de observar esas hendiduras y grietas. Le parecían cercanas y lejanas a la vez, sustanciales e insustanciales. De vez en cuando, veía cómo una estrella fugaz describía un amplio arco atravesando el cielo y desaparecía dejando tras sí una estela de fuego. El doctor Fischelson sabía entonces que un meteorito había alcanzado nuestra atmósfera y quizás algún fragmento no calcinado había caído en el océano o aterrizado en el desierto, o tal vez incluso en alguna región habitada. Lentamente, las estrellas que habían aparecido detrás de su tejado ascendían hasta brillar por encima de las casas, al otro lado de la calle. Sí, cuando el doctor Fischelson miraba a los cielos se hacía consciente de la extensión infinita quesi según Spinoza es uno de los atributos de Dios. Le consolaba pensar que pese a no ser más que un hombre débil e insignificante, una forma cambiante de la absolutamente infinita Sustancia, formaba parte del cosmos, y estaba hecho de la misma materia que los cuerpos celestiales. En la medida en que formaba parte de la divinidad, sabía que no podía ser destruido. En momentos como estos, el doctor Fischelson experimentaba el Amor dei Intellectuali, que según el filósofo de Amsterdam es la más elevada percepción de la mente. Respiraba hondo, levantaba la cabeza todo lo alto que su rígido cuello le permitía y realmente sentía que rotaba en compañía de la Tierra, el Sol, las estrellas, la Vía Láctea y la infinita hueste de galaxias, solo conocidas por el pensamiento infinito. Sus piernas se volvían ligeras, ingrávidas, y sujetaba el marco de la ventana con ambas manos como si temiera perder pie y salir volando hacia la eternidad."

martes, 19 de mayo de 2020

LA CAFETERÍA, de Isaac B Singer

LA CAFETERÍA, de Isaac B Singer 


—Ni siquiera intenta convencerme. La mayor parte de los hombres aquí te acosan y no puedes liberarte de ellos. En Rusia la gente sufría, pero nunca conocí allí tantos locos como en Nueva York. El edificio donde vivo es un manicomio. Mis vecinas son unas lunáticas. Se acusan unas a otras de toda clase de cosas. Cantan, lloran, rompen platos. Una de ellas se tiró por la ventana y se mató. Mantenía relaciones con un muchacho veinte años más joven. En Rusia, el problema era librarse de los piojos; aquí estás rodeado de locura.
Isaac Bashevis Singer and the Lower East Side: Bruce Davidson ...

(...)
...Hace como si le interesara lo que ocurre en el mundo. Sus ideales han desaparecido, aunque todavía mantiene la esperanza en una revolución justa. ¿En qué le podría ayudar una revolución? Yo, por mi parte, nunca he puesto mis esperanzas en un movimiento o un partido. ¿Cómo podemos esperar, cuando todo termina en la muerte? 
—La esperanza es en sí misma una prueba de que no existe la muerte. 
—Sí. Sé que con frecuencia escribe acerca de esto. Para mí, la muerte es el único consuelo. ¿Qué hacen los muertos? ¿Siguen tomando café y comiendo tartaletas de huevo? ¿Siguen leyendo periódicos? Una vida después de la muerte no sería más que una broma.

domingo, 17 de mayo de 2020

STEFAN SWEIG

STEFAN SWEIG

    "Toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y solo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, solo este ha vivido de verStefan Zweig, el exilio que terminó en el suicidio de Europadad”.

sábado, 16 de mayo de 2020

HUIDA DE LOS SERBIOS. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

HUIDA DE LOS SERBIOS. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

    Los que quedaban de los dos mil campesinos se esparcieron sin rumbo ni guía por las negruras del monte, divididos en pequeños grupos, aterrorizados y exhaustos. Una gran parte pereció en la fuga. Los restantes escalaron las alturas vertiginosas de Kaimatzskalán o las murallas de Vostarani, logrando penetrar en territorio griego. Un centenar de fugitivos son los que esta tarde llegaron a la venta de Kargjetv. Y aquí han hallado, después de tan monstruosas torturas, la noticia que mi compañero acaba de «asestarles» fatalmente, al decirles que el ejército salvador de los aliados, su última esperanza vital, no está en Monastir ni en parte alguna del territorio serbio, sino que se retira hacia Salónica porque le es imposible evitar de momento el sacrificio completo, absoluto, irremediable, de Serbia. 

1916 hoja revista primera guerra mundial refugi - Comprar Revistas ...    Estas son escenas que infunden una congoja indecible, una piedad ilimitada, una tristeza radical y un hastío soberano del mundo. Ninguna, entre las que he presenciado durante el curso de la guerra, me produjo la conmoción de esa horda de lugareños harapientos, medio desnudos, barridos de sus tierras como despojos de basura humana. 

    ¿Qué crimen horrendo han cometido esas gentes? ¿Cuál es su falta imperdonable? ¿Qué mal han hecho?... Nadie en el mundo, a no ser un espíritu torcido y furioso, es capaz de responder con una sola acusación directa a estas preguntas. ¿Se dirá, acaso, que esos hombres son culpables porque son serbios? Conformes. Lleguemos a imaginar que los serbios son culpables de algo. Pero, ¿es que podemos acusar a los miserables lugareños de Murichovo, que jamás salieron de sus riscos, que no saben leer ni escribir, que hablan apenas y que desconocen en absoluto su misma patria, y no han visto más tierra que la de su estrecho horizonte; es que podemos acusarles de ese algo que, por suposición, imaginamos imputable a los serbios in abstracto ? 

    ¿Qué significa la palabra serbio aplicada a esas gentes? ¿Quiere decir que tuvieron ni la más mínima participación en «lo de Sarajevo»; que abrigaban alguna idea rencorosa contra Austria; que estén atacados de furor paneslavista; que son responsables en modo alguno de los actos realizados, sin que ellos se dieran cuenta, por el gobierno serbio; que sean partícipes, cómplices, ni coadyuvantes del más leve y remoto siquiera de los motivos que han provocado la guerra europea? Es evidente que no. Pues, entonces, ¿qué significa la palabra serbio, en este caso? Significa tan sólo que esos lugareños nacieron en territorio serbio, y que hablan el idioma de su país. ¿Y esto es un crimen? ¿Por esto se les ataca y acosa como a fieras, se les degüella, se les arruina y se les expulsa de sus tierras? ¿Acaso dependió de ellos el lugar de su nacimiento? ¿De qué les ha servido esa tierra nefasta, más que de producirles un inmenso infortunio? ¿Y qué uso han hecho de su idioma, como no sea el de emplearlo para expresar toscamente su dolor salvaje? ¿Dónde está la falta? ¿Por qué, pues, el castigo? ¿No estaban ya, por el mero hecho de nacer, bastante «castigados» con su profunda miseria?... 
    Un exceso de ideología y una falta de fraternidad (defectos comunes a los que descuellan sobre el inmenso rebaño humano, por su inteligencia o por su fuerza) nos impulsan a considerar la tierra como un mapa aparcelado, y a poner en cada uno de sus compartimientos sendos letreros orgullosos o simplemente sonoros: ALEMANIA, FRANCIA, INGLATERRA, SERBIA, BULGARIA, RUSIA, TURQUÍA, etc. Cuando nos referimos a las más altas manifestaciones de la aristocracia artística, intelectual o económica, esos motes tienen todavía un sentido, porque a medida que el espíritu se desarrolla y eleva se vuelve más personal y exclusivo, más característico y delimitado. Pero al envolver en esas denominaciones nacionales a la masa impersonal, oscura, eternamente paciente e irresponsable del pueblo, cometemos un error tristísimo, monstruoso e injusto. 

   Llamémosla inglesa, turca, serbia, italiana u holandesa, la turbamulta de los desheredados permanece siempre la misma, sumergida en su miseria, sujeta a todos los males y arrastrada, sin tener arte ni parte, a sufrir todas las calamidades de la vida. Los nombres que le colgamos no son otra cosa que apodos convencionales, conceptos que le vienen sobremanera anchos y que le hacen tremendamente responsable de intereses y luchas que no son suyos. Es como si envolviéramos, con una seriedad sarcástica, a un pordiosero con un manto real. 

    Pero ellos, los que sufren las consecuencias de este inri ideológico, permanecen en realidad constantemente los mismos, cubiertos de llagas, desangrados y ateridos de frío bajo la púrpura imperial; ¡almas jamás redimidas, carnes nunca saciadas, arbustos humildes y feracísimos, sin aroma y sin flor, víctimas de todos los vientos de estrago y locura que devastan de continuo los campos del mundo!

jueves, 14 de mayo de 2020

TYSON POBRE. TODA LA VERDAD, de Mike Tyson

TYSON POBRE. TODA LA VERDAD, de Mike Tyson

 Mike Tyson - Wikipedia, la enciclopedia libre
    Antes de visitar México, llevaba una pesada carga sobre los hombros. Jamás había conocido a nadie más pobre que yo. No podía imaginarme a nadie siendo más pobre de lo que yo había sido. La pobreza que vi ahí me dejó sin palabras. De hecho, aquella gente me dio rabia porque, al ser más pobre que yo, me impedía seguir sintiendo lástima de mí mismo. La vergüenza que me provocaba ser pobre había sido el factor más determinante de mi éxito. Esa vergüenza me causó más daño que cualquier otra cosa en la vida. Muchos de mis problemas tenían su raíz en pensar que se me debían muchas cosas por haber crecido en la miseria. Cus siempre estaba intentando que me trascendiera a mí mismo, que me separara de mi ego, que saliera de mi cabeza. Pero era difícil. Ey, yo merecía ese coche, yo merecía esa mansión, yo merecía esa zorra. Tras unirme a Don, debía poseer los coches de gama más alta determinante de mi éxito. Esa vergüenza me causó más daño que cualquier otra cosa en la vida. Muchos de mis problemas tenían su raíz en pensar que se me debían muchas cosas por haber crecido en la miseria. Cus siempre estaba intentando que me trascendiera a mí mismo, que me separara de mi ego, que saliera de mi cabeza. Pero era difícil. Ey, yo merecía ese coche, yo merecía esa mansión, yo merecía esa zorra. Tras unirme a Don, debía poseer los coches de gama más alta y a montones. Me compraba los mejores Lamborghinis y hasta un Hummer a prueba de balas que había pertenecido a un príncipe saudí. Visitaba la fábrica de Rolls-Royce en Bristol, donde estaban customizándome un Rolls. Cus no hubiera aprobado nada de esto. Consideraba que un tío con un descapotable era un cerdo egoísta. Si nos cruzábamos con un coche bonito, se producía la siguiente secuencia. 
—Gua, qué coche más chulo, Cus —le decía.
—Qué va, ése es un egoísta —decía Cus. 
—¿Por qué es egoísta? —le preguntaba. 
—Conduce un vehículo de dos plazas para no tener que llevar más que a sus amigos. 
Cus era dueño de una furgoneta destartalada en la que cabían hasta doce personas. Así era él.

viernes, 8 de mayo de 2020

LA ORGANIZACION GUERRERA MODERNA. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

LA ORGANIZACION GUERRERA MODERNA. EN LAS TRINCHERAS, de Gaziel

Félix de Azúa: Gaziel, el regreso de un desconocido    El capitán se mostraba satisfecho. Y en prueba de ello, se ofreció a proseguir sus demostraciones y hasta a hacemos experimentar prácticamente, con la debida cautela y muy despacio, los primeros efectos de la asfixia que se produciría en la mina si se amortiguara la ventilación. Le aseguramos que no había necesidad alguna de tal experiencia, le dimos un millón de gracias por su amabilidad y nuestra palabra de honor de que estábamos convencidos con creces. Con esto terminaron las pruebas y seguimos andando hacia el exterior, hacia la línea de fuego. Nuestro guía, animado por sus éxitos, continuaba hablando y encareciendo con entusiasmo la fúnebre pujanza mortífera de las catacumbas. Iba yo detrás de él, callando y sonriendo, porque tal es mi costumbre cuando no me parece oportuno decir lo que pienso. 
    Sin embargo, los fervores del guía llegaron a tal extremo, fueron tantos sus gestos y encomios que, al fin, no pude contenerme y le dije: «Vamos a ver, mi querido capitán, vamos a ver. ¿Podría usted decirme para qué sirve todo eso?» «¿Qué cosa?», preguntó el guía, extrañado. «Eso, todo lo que usted ha tenido la bondad de mostramos». El capitán se paró para mirarme, como si dudara de que estuviera en mi cabal juicio. «Pues, ¿no lo ha visto usted? —replicó— ¿Es que no entiende usted la lengua francesa?» «Demasiado la entiendo» —dije—. Pero vayamos por partes. ¿Es que las catacumbas sirven para emprender una acción decisiva, que termine la guerra?». «Hombre: ¡eso no!», contestó el capitán. «Perfectamente. ¿Servirán al menos para realizar un gran avance, una ofensiva que modifique esencialmente las posiciones del sector?». «Tampoco —dijo el guía—. Una ofensiva semejante requiere medios más vastos y complicados». «Si es así —repliqué entonces—, ni siquiera sirven las catacumbas para impedir un avance enemigo, pues usted mismo dijo, hace poco, que los alemanes podrían apoderarse de ellas mediante una acción general que las rebasara y aislara». «Es cierto», contestó el capitán. «Pues entonces —añadí— el valor de esta formidable obra es puramente local, limitado, algo así como un simple detalle de la estructura del frente». «No hay duda —afirmó el capitán—. Las catacumbas sirven tan sólo para usos secundarios; pero, en todo caso, son una prueba admirable de organización». 

    No quise saber más. Había ya asomado, por fin, la palabra mágica. ¡Organización, organización! ¿No os parece que esta palabra basta para resumir el horrible estado del mundo? La organización es nuestro fetiche, nuestro tirano, el símbolo y emblema de nuestro tiempo: una organización material desbordante, deforme, excesiva, complicadísima, desproporcionada, que abarca y ahoga todo. El siglo XVI fue el siglo de las luchas religiosas; el XVII, de las rivalidades dinásticas; el XVIII, de la filosofía corrosiva y de la libertad; el XIX, del progreso. El siglo XX es el siglo de la organización. Las mayores enormidades parecen hoy excusarse y hasta justificarse en esa palabra. En los siglos que llamamos bárbaros, se degollaba y esclavizaba a los prisioneros, se pasaban a cuchillo las poblaciones tomadas por asalto, se acogotaba a los vencidos. Y esto nos parece criminal. Pero hoy los hombres se matan a millares, se bombardean las ciudades indefensas, se deporta a los ancianos y a las mujeres. Y esto nos parece justificable. ¿Por qué? Porque se ejecuta organizadamente.

jueves, 7 de mayo de 2020

LA FORTUNA DE LOS QUANDT, DUEÑOS DE BMW. FRANQUISMO S.A, de Antonio Maestre

LA FORTUNA DE LOS QUANDT, DUEÑOS DE BMW. FRANQUISMO S.A, de Antonio Maestre 

Die Quandts | Wirtschaft    "Günther Quandt, un empresario que se unió al partido nazi en 1937 y que llegó a estar casado con Magda Ritschel, la Magda que acabaría siendo la esposa de Joseph Goebbels tras divorciarse del industrial y que serviría de excusa a Quandt para, acabada la guerra, hablar de la enemistad personal que ambos se profesaban. La actual familia Quandt es dueña de la todopoderosa BMW y durante muchos años consiguió ocultar la forma en la que el jerarca de la familia realizó su fortuna, consciente de lo que ocurriría en Alemania si salía a la luz. Un documental llamado El silencio de los Quandt mostró lo que la familia no quería que se supiera. Günther Quandt y su hijo Herbert fueron dos de los industriales más importantes en el suministro del esfuerzo bélico de Hitler utilizando trabajadores esclavos en la fábrica de AFA en Hannover y siendo partícipes del expolio judío hasta el final de la guerra, sobre todo con la apropiación de la fábrica de Henry Pels, en 1937, gracias a las leyes de arianización; los legítimos herederos perecieron, años después, en el campo de exterminio de Kulmhof. La publicación del documental puso en la poderosísima familia una mácula que se habían empeñado en ocultar, y tuvieron que salir a los medios a hacer declaraciones y mostrar lo avergonzados que se sentían de las actitudes de sus familiares más queridos. No hay sanción penal, pero la moral es una pequeña victoria que en España no podemos ni permitirnos.